Cómo eliminar cochinilla en higuera

Cómo eliminar cochinilla en higuera

Si tienes cochinilla en tu higuera, ya sabes lo que supone: hojas pegajosas, cúmulos de melaza y, al final, frutos deformes que pierden sabor. En la zona mediterránea, sobre todo en Andalucía, Valencia y Cataluña, la cochinilla aparece con mayor frecuencia a finales de la primavera cuando la temperatura ronda los 20‑25 °C. Afortunadamente, eliminar cochinilla en higuera es posible sin recurrir a químicos agresivos; basta con seguir unos pasos claros y mantener la constancia.

En este artículo descubrirás cómo reconocerla, qué técnicas ecológicas funcionan mejor y cuándo es el momento ideal para aplicar cada tratamiento. También verás qué errores evitar y cómo prevenir la aparición en futuras temporadas.


Identificación de la cochinilla en la higuera

La cochinilla que ataca a la higuera es la Coccoidea, un insecto sacro que se alimenta chupando la savia de los brotes y ramas. Tamaño: entre 2 y 4 mm de longitud, aunque los grupos pueden formar una masa visible de varios centímetros. Color: varía del verde amarillento al marrón rojizo, dependiendo de la especie y del sustrato; frecuentemente cubiertos por una capa algácea que les da aspecto ceroso.

Ubicación: la plaga se instala en los nudos de las ramas jóvenes y en la zona del colmillo del fruto, donde la savia circula con más fuerza. Es fácil detectarla al observar pequeñas protuberancias redondas que se adhieren al tallo, a veces rodeadas de una secreción pegajosa (melaza) que favorece el crecimiento de hongos negros.

Daños que causa: al succionar la savia, la cochinilla debilita la ramificación, provocando hojas que se vuelven amarillentas y caen prematuramente. La melaza atrae hormigas, que a su vez protegen a los insectos, creando un círculo vicioso. Con el tiempo, el tejido vegetal se debilita, los frutos aparecen pequeños y deformes, y la producción se reduce hasta un 30 % en casos graves.

Ciclo de vida y época de mayor incidencia: los huevos eclosionan a los 15‑20 °C, por lo que la plaga estalla en abril‑junio en la península. Cada generación dura entre 30 y 45 días, y en una temporada pueden surgir 3‑4 ciclos. Las regiones con lluvias intermitentes y temperaturas moderadas, como la zona húmeda de la Costa Brava o la Sierra de Granada, son particularmente propensas. En climas más secos, la cochinilla puede sobrevivir en la corteza de árboles viejos, activándose con la lluvia.


Métodos de Eliminación

A) Medidas preventivas y culturales

  1. Inspección regular: dedica 5 minutos cada 2‑3 días a revisar los nudos y la base de los frutos. Si detectas menos de 5 individuos por rama, basta con una limpieza manual.

  2. Riego controlado: evita el exceso de humedad en la copa del árbol, pues la melaza favorece la proliferación de hongos que protegen a la cochinilla. Un riego por goteo que mantenga el sustrato húmedo sin encharcar la zona del tronco es ideal.

  3. Poda estratégica: elimina ramas cansadas o con signos de infestación. Al podar en finales de invierno (diciembre‑enero), cuando la cochinilla está inactiva, reduces al máximo la población de huevos que pasan el invierno.

  4. Plantas trampa y repelentes: planta albahaca o menta alrededor del huerto; su aroma repele a las hormigas que protegen a la cochinilla. Además, una fila de rosas silvestres atrae a depredadores naturales.

B) Tratamientos ecológicos

1. Jabón potásico (1‑2 % de concentración)

Disuelve 15 ml de jabón potásico en 1 l de agua y agrega unas gotas de detergente neutro para emulsionar. Rocía abundante el envés de las ramas y la zona del colmillo al atardecer (entre 19:00 y 20:30), cuando la luz solar es tenue y la cochinilla está menos activa. Repite cada 7‑10 días hasta que no veas más individuos.

2. Aceite de neem (0,5‑1 %)

Mezcla 5 ml de aceite de neem con 1 l de agua y 10‑15 gota(s) de jabón líquido. Pulveriza una vez por semana, preferiblemente en mañana temprana (08:00‑09:30) para que el producto se seque antes del sol fuerte. El neem interfiere con la alimentación y la reproducción de la cochinilla.

3. Purín de ajo y ortiga

Prepara una infusión: una cabeza de ajo triturada y un puñado de ortiga fresca en 2 l de agua, deja reposar 24 h y cuela. Aplica cada 15 días con un rociador. El olor y los compuestos sulfúricos repelen a la cochinilla y a las hormigas que la acompañan.

4. Depredadores naturales

  • Mariquitas (Coccinellidae): una pareja adulta puede devorar hasta 200 cochinillas al día. Fomenta su presencia plantando eneldo, hinojo y milenrama cerca del árbol.
  • Avispas parasitoides (Encarsia formosa): se pueden adquirir en viveros ecológicos y liberar al principio de la primavera. Ponen sus huevos dentro de la cochinilla, interrumpiendo el ciclo de vida.
  • Láser de crisopas (Chrysoperla carnea): sus larvas son voraces; una sola larva consume 50‑70 cochinillas en su etapa larvaria.

C) Tratamiento químico (última opción)

Solo cuando la infestación supera el 50 % de la masa foliar y los métodos ecológicos no han sido suficientes, recurre a insecticidas a base de piretrinas naturales (por ejemplo, extracto de pyrethrum). Aplica siguiendo la dosis del fabricante, normalmente 2‑3 g en 10 l de agua, y respeta un intervalo de seguridad de 5‑7 días antes de la cosecha del higo. Siempre usa guantes y mascarilla y riega bien la zona tras la aplicación para minimizar el impacto sobre insectos benéficos.


Frecuencia y Timing de los Tratamientos

Empieza a actuar en cuanto detectes los primeros síntomas de melaza o pequeños nódulos de cochinilla, sin esperar a que la plaga se extienda. El jabón potásico se aplica cada 7‑10 días, mientras que el aceite de neem puede espaciarse a 14 días si la presión de la plaga disminuye. Alternar ambos productos evita que los insectos desarrollen resistencia y maximiza la cobertura.

El mejor momento del día para pulverizar es al atardecer (19:00‑20:30) o temprano por la mañana (08:00‑09:30). Así se protege la hoja del quemado solar y se aprovecha la actividad nocturna de la cochinilla, que sube a la superficie para alimentarse. Mantén el tratamiento hasta que no encuentres ningún individuo durante una semana completa; una semana sin detección suele ser señal de que el ciclo de vida ha sido interrumpido.


Prevención a Largo Plazo

Controlar el nitrógeno es clave: la cochinilla prefiere brotes jugosos, y un exceso de fertilizante nitrogenado favorece su desarrollo. Usa abonos equilibrados (NPK 10‑10‑10) o compost bien curtido, aplicando 50 g/m² en primavera y evitando cualquier aporte en otoño.

Fomenta la biodiversidad alrededor de la higuera: deja una franja de flores silvestres (cosmos, caléndula) y arbustos aromáticos (romero, tomillo) que sirven de refugio a mariquitas y avispas parasitoides. Un seto bajo y una pequeña zona de hierbas proporcionan hábitats durante todo el año, reduciendo la necesidad de intervenciones químicas.

Finalmente, rotación y sustitución de portainjertos en plantaciones extensas ayuda a romper el ciclo de la cochinilla. En áreas donde se cultivan también cítricos o olivos, alternar con especies menos atractivas para la plaga disminuye la presión poblacional.


Errores Comunes que Debes Evitar

  1. Esperar demasiado: la cochinilla se reproduce rápidamente; retrasar la acción permite que se forme una colonia grande.
  2. Aplicar solo agua: el chorro de agua funciona solo cuando la infestación es mínima; después de unas pocas generaciones no basta.
  3. Rociar al mediodía: el sol intenso quema la hoja y desactiva el jabón o el neem, provocando daño foliar.
  4. No repetir el tratamiento: cada ciclo de vida dura unos 30‑45 días; si no repites la aplicación, los huevos que quedaron ocultos eclosionarán y la plaga volverá.

Conclusión

Eliminar cochinilla en higuera es totalmente factible con jabón potásico, aceite de neem, purín de ajo‑ortiga y la ayuda de depredadores naturales como mariquitas y avispas parasitoides. Actúa en cuanto veas los primeros signos, mantén una rutina de aplicación cada semana y refuerza la prevención con poda adecuada, un fertilizante equilibrado y una mayor biodiversidad. Con constancia y un enfoque ecológico, tu higuera volverá a producir frutos sanos y sabrosos sin necesidad de químicos agresivos.