Cómo eliminar mosca de la pera en el peral
- 08 Nov, 2025
Si cultivas peras en tu huerto, seguramente has notado pequeños “agujeros de azúcar” en la fruta o una disminución de la calidad del zumo. Esa es la señal clara de la mosca de la pera, una plaga que afecta tanto a perales tradicionales de La Rioja como a los modernos de Cataluña. Aunque puede llegar a ser grave en temporadas lluviosas, eliminar mosca de la pera es totalmente posible con técnicas ecológicas y una buena planificación.
En este artículo descubrirás cómo identificarla, qué métodos caseros y biológicos son más eficaces y cuándo aplicar cada tratamiento para que tus peras lleguen al mercado o a la mesa sin problemas. Todo ello adaptado a los distintos climas de la Península.
Identificación de la mosca de la pera
La mosca de la pera (Ceratitis capitata, conocida también como la “mosca del mediterráneo”) es un insecto de tamaño pequeño, de 3‑5 mm de longitud, de color amarillo pálido con manchas marrones en el abdomen. Los adultos poseen ojos compuestos brillantes y unas alas transparentes con una ligera mancha oscura en la base. Su presencia se detecta mejor en la zona coronada de la fruta, donde la hembra deposita sus huevos bajo la piel.
Los daños aparecen tras la eclosión de las larvas (llamadas “larvas de la fruta”). Cada larva abre un pequeño túnel y se alimenta de la pulpa, provocando una serie de síntomas: la fruta se vuelve blanda, adquiere manchas negras internas y, al madurar, presenta agujeros de azúcar que gotean. Además, la fruta dañada atrae a hormigas y moscas secundarias, lo que aumenta el riesgo de enfermedades fúngicas como la podredumbre parda.
En cuanto al ciclo de vida, la mosca de la pera es muy prolífica. Las hembras pueden poner entre 70 y 150 huevos durante su vida, y cada huevo eclosiona en 2‑3 días a temperaturas de 20‑25 °C. Las larvas permanecen dentro de la fruta durante 7‑14 días, luego abandonan la fruta para pupar en el suelo, donde permanecen 10‑20 días antes de emerger como adultos. En España, la plaga se detecta con mayor intensidad en primavera y verano (abril‑julio) en zonas cálidas como la Valencianía o la Andalucía, y en verano tardío (julio‑agosto) en áreas más frescas como la Meseta Central.
Métodos de eliminación
A) Prevención y medidas culturales
Una inspección regular es la primera línea de defensa. Revisa tus perales cada 2‑3 días en la época de floración y cuando los frutos empiezan a crecer. Si detectas una capa de escamas blancas (las puestas de huevos), retira los frutos afectados antes de que la larva penetre.
El manejo del riego es clave: evita el exceso de humedad que favorece el desarrollo de los huevos. En zonas como Galicia, donde las lluvias son abundantes, protege el suelo bajo los árboles con una capa de paja o corteza de pino para reducir la humedad y dificultar la pupar de la mosca.
Planta trampas atractivas alrededor del peral. Los cerca de frutas maduras o fermentadas (por ejemplo, una botella de vino tinto parcialmente llena) atraen a los adultos, que quedan atrapados en una solución de agua y detergente ecológico. Cambia la trampa cada 3‑4 días mientras dure la temporada alta.
B) Tratamientos ecológicos
1. Gel repelente de feromonas
Los feromonas de la especie se venden en forma de gel o cintas. Colócalas a 1 m de distancia alrededor del árbol, preferentemente en la parte inferior del tronco donde el viento las dispersa. Cambia el gel cada 6‑8 semanas. Esta técnica no mata a la mosca, pero interrumpe su capacidad para encontrar el peral.
2. Aceite de neem
Prepara una dilución de 5 ml de aceite de neem en 1 litro de agua con unas gotas de jabón neutro como emulsionante. Aplica el preparado al atardecer (entre 19:00 y 20:30) para evitar quemaduras por sol y porque los adultos son más activos al anochecer. Repite cada 7‑10 días mientras haya presencia de adultos.
3. Solución de ajo y cayena
Muele 5 dientes de ajo y 1 g de cayena en 1 litro de agua, deja reposar 12 horas, cuela y rocía al envés del fruto y sobre las hojas jóvenes. Esta mezcla actúa como repelente y resulta particularmente eficaz en climas cálidos como el de Murcia, donde la mosca se reproduce con más rapidez.
4. Depredadores naturales
Introduce parasitoides de la mosca, como Fopius arisanus o Psyttalia concolor, que atacan larvas y pupas en el suelo. Puedes adquirirlos en viveros especializados y esparcirlos alrededor del árbol a finales de abril. Además, fomenta la presencia de avispones y escarabajos mediante la siembra de trébol blanco y plantas de cobertura; estos arthropodos son depredadores de huevos y larvas.
5. Trampas de atracción con proteína
Prepara una mezcla de 1 kg de melaza (o azúcar moreno) + 500 ml de vino tinto + 4 l de agua. Coloca la mezcla en un recipiente negro con una entrada estrecha que permita la entrada de los adultos pero dificulte su salida. Instala la trampa a 1,5 m del tronco y vacía el contenido cada 48 horas.
C) Tratamientos químicos (última opción)
Solo cuando la infestación supera el 40 % de los frutos y los métodos ecológicos no dan resultados, recurre a insecticidas autorizados para agricultura ecológica con principio activo de pirimetina o spinosad. Aplica según la dosis indicada (usualmente 1 g/L) en cobertura total del peral, preferiblemente en la segunda mitad de la tarde para minimizar la exposición a los polinizadores. Respeta el plazo de seguridad de 5 días antes de la cosecha y verifica la normativa local de cada comunidad autónoma.
Frecuencia y timing de los tratamientos
El momento ideal para iniciar cualquier acción es en cuanto detectes el primer huevo o una ligera presencia de adultos, normalmente a finales de marzo en el norte y a principios de abril en el sur. Con los geles de feromonas y el aceite de neem, programa aplicaciones cada 7‑10 días, alternándolas para evitar que la mosca se acostumbre al mismo producto.
En climas cálidos como el de Almería, donde la temperatura supera 28 °C, los ciclos se acortan; por tanto, duplica la frecuencia a cada 5‑6 días. Siempre riega al amanecer o al atardecer, evitando el riego a pleno sol que favorece la aparición de manchas en la fruta y la proliferación de hongos.
Prevención a largo plazo
Una de las claves es no sobrealimentar el peral con nitrógeno. Los fertilizantes con alta carga nitrogenada (por ejemplo, urea 46‑0‑0) provocan brotes exuberantes y jugosos que son el festín perfecto para la mosca. En su lugar, opta por un fertilizante equilibrado (NPK 10‑10‑10) o, mejor aún, abonos orgánicos como compost bien descompuesto o estiercol de oveja en dosis moderadas.
Fomenta la biodiversidad alrededor del peral: deja una franja de flores silvestres (como malva o cebollino) y planta aromáticas (lavanda, tomillo) que repelen a la mosca y atraen a los depredadores. Además, mantén una cubierta vegetal en el suelo para favorecer la acción de los parasitoides y evitar que las pupas encuentren refugio fácil.
Si tienes varios perales, rotación de cultivos no aplica directamente, pero sí puedes intercalar frutales diferentes (manzanos, ciruelos) en la misma área para romper el ciclo continuo de la mosca, ya que su preferencia por la pera es alta pero también ataca otras frutas de la familia Rosaceae.
Errores comunes
- Esperar demasiado: muchos hortelanos dejan pasar semanas antes de actuar, y la larva ya está dentro de la fruta.
- Aplicar tratamientos bajo el sol fuerte: el calor quema las hojas y reduce la eficacia del aceite de neem.
- Confiar solo en agua: aunque el chorreo ayuda a desalojar huevos, no elimina las larvas ya instaladas.
- No repetir la aplicación: la mosca pasa por varias fases; un solo borrado no basta para romper el ciclo de vida.
Conclusión
Para eliminar mosca de la pera en el peral, los métodos más efectivos son el uso de feromonas y geles, las pulverizaciones regulares de aceite de neem y la introducción de depredadores naturales como parasitoides y mariquitas. Actúa en cuanto veas los primeros signos, mantén un calendario de aplicación cada 5‑10 días según la temperatura y favorece la biodiversidad y una fertilización equilibrada para evitar recaídas. Con constancia y un enfoque ecológico, tus peras volverán a brillar sin necesidad de químicos agresivos.