Cómo eliminar orugas en tomates
- 22 Oct, 2025
Si cultivas tomates en cualquier zona de España, seguramente en primavera y verano hayas visto pequeños tentáculos verdes devorando tus plantas. Esa señal indica la presencia de orugas, una plaga que puede reducir drásticamente el rendimiento si no se actúa a tiempo. Eliminar orugas en tomates no requiere productos químicos costosos; basta con conocer su ciclo y aplicar técnicas ecológicas que cualquiera puede poner en práctica en el huerto.
En este artículo te explico cómo reconocerlas, qué daños provocan y, lo más importante, los pasos concretos para erradicarlas de forma natural. Desde la inspección diaria hasta el uso de bioinsecticidas y la prevención a largo plazo, tendrás todas las herramientas para que tus tomates vuelvan a crecer fuertes y sanos.
Identificación de la plaga
Las orugas que atacan a los tomates en España suelen ser larvas de la polilla del algodón (Helicoverpa armigera) o de la mariposa del tomate (Eupoecilia ambiguella). Miden entre 2 y 3 cm de longitud cuando están en su fase más avanzada, con cuerpo verde oscuro cubierto de finas rayas longitudinales que a veces aparecen en tono amarillento. Las encuentras sobre el envés de las hojas y, cuando están mayores, también en los tallos y frutos, donde forman pequeños túneles visibles bajo la piel.
Los síntomas de ataque son muy fáciles de detectar: hojas con bordes comidos, agujeros irregulares y la aparición de excrementos negros en forma de pequeñas perlas. En los frutos aparecen galerías que se convierten en manchas húmedas y, con el tiempo, en podredumbre que arruina la cosecha. Además, la pérdida de tejido fotosintético debilita la planta, reduciendo la producción de frutos y favoreciendo la aparición de hongos secundarios.
En cuanto a su ciclo, las orugas emergen de los huevos depositados en la fruta y las hojas en junio‑julio cuando la temperatura supera los 20 °C y la humedad relativa está entre el 60‑80 %. Cada generación dura entre 15 y 20 días, por lo que pueden producir 3‑4 oleadas en un solo verano. Son más abundantes en climas mediterráneos (Murcia, Alicante, Almería) donde el calor es constante, pero también aparecen en la meseta central (Madrid) y, en menor medida, en la zona atlántica (Galicia) durante los periodos de lluvia veraniega.
Métodos de eliminación
A) Medidas preventivas y culturales
Una vigilancia constante es la base del control. Revisa tus tomates cada 2‑3 días y, al primer signo de hojas rasgadas, retira manualmente las orugas con la mano o con pinzas. Un chorro de agua a presión (aprox. 30 L min⁻¹) por la mañana arrastra a las larvas sin dañar la planta.
Planta trampas atractivas como la albahaca o el diente de león al borde del huerto: liberan compuestos volátiles que desvían a las orugas de los tomates. Además, estas mismas plantas atraen insectos benéficos que se alimentan de los huevos y larvas.
Controlar a las hormigas es esencial, pues protegen a las orugas a cambio de su melaza. Esparce una fina capa de tierra de diatomeas alrededor del tallo o coloca bandas de cinta adhesiva para impedir su acceso.
B) Tratamientos ecológicos
Bacillus thuringiensis (Bt) es el bioinsecticida de referencia contra orugas. Disuelve 5 g de Bt en 1 L de agua y pulveriza abundante sobre el envés de las hojas al atardecer, cuando la radiación solar es menor. Repite cada 7‑10 días hasta que desaparezcan los síntomas.
El aceite de neem también es eficaz: mezcla 10 ml de aceite con 1 L de agua y unas gotas de jabón neutro como emulsionante. Aplica cada 14 días, preferiblemente al final de la tarde. El neem interfiere en la alimentación y el desarrollo de la larva, dejándola inactiva.
Puedes preparar un purín de ajo casero para reforzar la defensa: tritura 3 dientes de ajo, cúbrelos con 1 L de agua, deja reposar 24 h y cuela. Pulveriza cada 5 días sobre el rastrillo de la planta; el olor ahuyenta a las orugas y a los insectos que las acompañan.
Fomenta depredadores naturales. Las mariposas monarca, crisopas y avispas parasitoides cazan orugas con devoción. Plantar eneldo, hinojo y coriandro crea refugio y fuente de néctar para estos insectos. En mercados de jardinería también se pueden adquirir larvas de mariquitas o especies de Trichogramma, que ponen huevos dentro de los huevos de oruga, evitando la eclosión.
C) Tratamiento químico (último recurso)
Solo en caso de infestaciones muy severas (más del 50 % de la cubierta vegetal) y cuando los métodos ecológicos no hayan funcionado, recurre a insecticidas de piretrinas naturales permitidos en agricultura ecológica. Aplica siguiendo estrictamente la dosificación indicada y respeta un plazo de seguridad de 3‑5 días antes de la cosecha.
Frecuencia y timing de los tratamientos
Empieza a actuar en cuanto detectes los primeras orugas; no esperes a que el daño sea evidente. Con Bt o aceite de neem programa una aplicación cada 7‑10 días, siempre en horas de la tarde (entre 18:00 y 20:00) cuando la radiación solar es mínima y las orugas están activas.
Si utilizas purín de ajo o agua a presión, repite la acción cada 3‑4 días mientras persista la presencia de larvas. Mantén este ritmo hasta que, durante al menos una semana, no aparezca ninguna oruga visible.
Prevención a largo plazo
Evita el exceso de nitrógeno en los fertilizantes; un abonado NPK 10‑10‑10 aplicado en dosis moderadas evita el crecimiento de brotes tiernos y jugosos que atraen a las orugas. En la meseta central y el norte atlántico, es conveniente aplicar abonos orgánicos en primavera temprana y limitar la repetición.
La biodiversidad es tu mejor aliada. Deja una franja con flores silvestres y plantas aromáticas alrededor del huerto; esto crea un hábitat para los depredadores y reduce la presión de la plaga. Además, rota el cultivo de tomates con pimientos o berenjenas y, si es posible, utiliza variedades resistentes como ‘Roma VF’ o ‘Marmande’, que presentan menor preferencia por las orugas.
Errores comunes
Esperar demasiado para intervenir, creer que el agua sola basta para eliminar la plaga, aplicar tratamientos en plena hora de sol (quema las hojas y reduce la eficacia) y no repetir la aplicación según el ciclo de la oruga son los fallos que más se observan.
Conclusión
Eliminar orugas en tomates es totalmente viable con una combinación de inspección regular, Bt o neem, y la presencia de depredadores naturales como mariquitas y avispas parasitoides. Actúa rápido al detectar los primeros signos, aplica los tratamientos cada 7‑10 días y fomenta la biodiversidad en tu huerto. Con constancia y un enfoque ecológico, tus tomates volverán a producir abundantes cosechas sin necesidad de químicos agresivos.