Cómo eliminar pulgón en fresas: métodos ecológicos efectivos
- 20 Nov, 2025
Si cultivas fresas en la meseta central o en la Galicia húmeda, es probable que ya hayas visto a esos diminutos invasores que dejan una veta amarilla en las hojas. En primavera, cuando las temperaturas rondan los 15‑20 °C, el pulgón se multiplica con rapidez y puede diezmar tu producción si no actúas a tiempo. Afortunadamente, eliminar pulgón en fresas no requiere productos químicos; basta con combinar buenas prácticas de inspección, remedios caseros y la ayuda de enemigos naturales. A continuación, te explico paso a paso cómo reconocerlo y acabar con él de forma sostenible.
Identificación del pulgón en fresas
Los pulgones que atacan a las fresas son pequeños acariciadores de savia con una longitud de 2‑3 mm. Su cuerpo es blando y puede variar entre verde brillante, negro azabache o un tono amarillento según la especie y la alimentación. Los encontrarás concentrados en la parte inferior de las hojas jóvenes, en los brotes tiernos y, a veces, en los cálices de los frutos inmaduros. No forman colonias visibles como las de la araña roja, pero sí se agrupan en “nubes” que se mueven al soplo del viento.
Daños que produce
Al succionar la savia, el pulgón provoca que las hojas se enrollen y adquieran un tono amarillento o pálido. Además, excretan una melaza pegajosa que favorece la aparición de hojamiel y, con ella, la proliferación de hormigas que protegen al pulgón a cambio de su dulce sustancia. En cultivos de fresa, la melaza también atrae a moscas de la fruta y favorece la aparición de mohos como la Botrytis. A largo plazo, la planta pierde vigor y la producción de frutos se reduce considerablemente, llegando a perder hasta un 30 % de rendimiento en infestaciones graves.
Ciclo vital y época de mayor incidencia
En España, el pulgón aparece a principios de marzo en la norte (Galicia, Cantabria, País Vasco) y un poco más tarde, en abril‑mayo, en la zona mediterránea (Cataluña, Valencia). Sus temperaturas óptimas de desarrollo están entre 15 °C y 25 °C; bajo estas condiciones pueden completarse 10‑12 generaciones al año. Cada hembra es capaz de poner entre 30‑50 óvulos y, en pocos días, éstos eclosionan, dando lugar a nuevas generaciones. Los veranos muy calurosos (> 30 °C) ralentizan su desarrollo, mientras que las heladas de abril en la meseta pueden eliminar gran parte de la población, siempre que el cultivo esté bien cubierto.
Métodos de eliminación
A) Medidas preventivas y culturales
Una inspección regular es la primera línea de defensa: revisa tus fresas cada 2‑3 días durante la primavera, mirando con especial atención el envés de las hojas. Si detectas menos de 10 pulgones por hoja, basta con un chorro de agua a presión moderada al amanecer; el impacto elimina la mayoría sin dañar la planta. Asimismo, elimina las hojas muy infestadas y deséchalas en una bolsa cerrada para evitar que los insectos se diseminen.
Planta albahaca, lavanda o caléndula en los bordes del huerto; sus aromas repelen al pulgón y atraen depredadores. Además, controla las hormigas que forman una relación mutualista con los pulgones: coloca una cinta de cobre o cinta adhesiva en la base de los tallos, o distribuye una capa fina de tierra de diatomeas alrededor de la plantación. Las hormigas no podrán subir y, al perder su protectora, los pulgones quedan más vulnerables.
B) Tratamientos ecológicos
Jabón potásico
Prepara una solución al 1‑2 %: disuelve 15 ml de jabón potásico en 1 litro de agua y añade unas gotas de detergente neutro como emulsionante. Pulveriza abundante y uniformemente el envés de las hojas al atardecer, evitando la radiación directa que podría quemar la hoja. Repite la aplicación cada 3‑4 días hasta que no veas más pulgones. Este producto actúa desintegrando la cutícula del insecto, provocando su deshidratación.
Aceite de neem
Mezcla 7‑10 ml de aceite de neem en 1 litro de agua, con 10 ml de jabón potásico para lograr una emulsión estable. Aplica una vez por semana durante la fase de crecimiento activo (marzo‑julio). El neem interfiere con la alimentación y la reproducción del pulgón, y su efecto residual persiste 5‑7 días, reduciendo la necesidad de aplicaciones muy frecuentes.
Purín de ortiga o ajo
El purín de ortiga se elabora macerando 1 kg de hojas frescas en 10 l de agua durante 24 h y colándolas. Dilúyelo a 1:5 antes de pulverizar. Alternativamente, prepara un macerado de 4 dientes de ajo en 1 l de agua, déjalo reposar 12 h y cuélalo. Ambos preparados actúan como repelentes y, al mismo tiempo, aportan nutrientes al sustrato. Úsalos cada 10‑12 días en periodos de alta presión de pulgones.
Depredadores naturales
Las mariquitas y crisopas son los grandes aliados contra el pulgón. Fomenta su presencia sembrando eneldo, hinojo y milenrama en los márgenes del huerto. Si la infestación es severa, puedes adquirir kits de larvas de mariquita en viveros especializados y liberarlas al amanecer, cuando las condiciones son más favorables. Una sola mariquita adulta puede devorar hasta 100 pulgones al día.
C) Tratamientos químicos (última opción)
Solo cuando la presión supera el 50 % de la masa foliar y los métodos ecológicos no han dado resultados, recurre a un insecticida a base de piretrinas naturales (autorizado para cultivo ecológico). Aplica siguiendo las indicaciones del fabricante y respeta un plazo de seguridad de 3 días antes de la cosecha. Nunca combines este producto con jabones o aceites, ya que la mezcla puede dañar la planta y los insectos beneficiosos.
Frecuencia y timing de los tratamientos
Empieza a aplicar jabón potásico o aceite de neem en cuanto detectes los primeros pulgones, sin esperar a que se formen colonias visibles. El jabón se aplica cada 3‑4 días, mientras que el neem se programa cada 7 días. Alterna ambos productos para evitar que los pulgones desarrollen tolerancia y para cubrir distintas etapas de su ciclo vital.
El mejor momento del día para pulverizar es al atardecer, entre 19:00 y 21:00, cuando la radiación solar es mínima y los pulgones están más activos en la superficie inferior de las hojas. Mantén el tratamiento hasta que, durante una semana completa, no observes ningún ejemplar en la plantación; después, reduce la frecuencia a una aplicación mensual como medida preventiva durante el resto de la temporada.
Prevención a largo plazo
Evita el exceso de nitrógeno en los abonos: los brotes jugosos son el festín preferido del pulgón. Opta por fertilizantes equilibrados NPK 10‑10‑10 o, mejor aún, compost bien curtido que aporte materia orgánica sin sobrecargar de nitrógeno.
Fomenta la biodiversidad alrededor del huerto plantar franjas de flor silvestre (camomila, trébol rojo) y mantener algunos matorrales con frutos de abeja. Estos refugios atraen depredadores naturales y reducen la necesidad de intervenciones químicas. Además, practica una rotación de cultivos cada tres años: alterna fresas con leguminosas o hortalizas de raíz para romper el ciclo de vida del pulgón y disminuir la presión de plagas en el suelo.
Errores comunes que debes evitar
Uno de los fallos más habituales es esperar demasiado antes de actuar; cuando la población supera el 10 % de la masa foliar, el control se vuelve mucho más difícil. Otro error es usar solo agua sin añadir jabón o aceite; el chorro puede desalojar algunos insectos, pero no elimina los que se esconden bajo la cutícula. También es crucial no aplicar en plena luz solar, pues el contacto con el sol puede quemar las hojas y debilitar la planta. Por último, no repetir el tratamiento según el ciclo de vida del pulgón: una única aplicación rara vez erradica la plaga completa.
Conclusión
Eliminar pulgón en fresas es completamente viable con jabón potásico, aceite de neem y la ayuda de mariquitas o crisopas. Actúa en cuanto veas los primeros signos, sigue una pauta de aplicación cada 3‑7 días, y refuerza la defensa natural del huerto con plantas aromáticas y una buena gestión del nitrógeno. Con constancia y sin recurrir a químicos, mantendrás tus fresas sanas y productivas durante toda la temporada.