Cómo eliminar pulgón en guisantes: métodos ecológicos efectivos

Cómo eliminar pulgón en guisantes: métodos ecológicos efectivos

Si cultivas guisantes en tu huerto y te encuentras con pequeños insectos de cuerpo blando, es muy probable que estés frente a un pulgón. En la mayor parte de la península, sobre todo en Castilla y León y en la zona fértil de la meseta central, el pulgón es una de las plagas más habituales en primavera. Eliminar pulgón guisantes a tiempo evita que la planta se debilite y que la cosecha sea escasa. A continuación te explico cómo reconocerlo y qué hacer, siempre priorizando soluciones ecológicas.

A lo largo del artículo descubrirás desde la inspección diaria hasta el uso de jabones naturales, pasando por la introducción de depredadores y, solo como último recurso, qué productos químicos están autorizados en agricultura ecológica. Todo ello con datos concretos de temperaturas, fechas y cantidades para que puedas aplicarlo hoy mismo en tu huerto.

Identificación del pulgón en guisantes

El pulgón que ataca a los guisantes es pequeño, mide entre 2 y 3 mm de longitud y suele presentar un cuerpo de color verde amarillento, grisáceo o a veces rojo‑carmesí, según la especie. Lo verás concentrado en el envés de las hojas jóvenes y en los brotes tiernos, formando manchas algodonosas que a simple vista pueden confundirse con polvo. En días de sol, el cuerpo tiende a volverse más oscuro, mientras que bajo lluvia parece casi invisible.

Los daños son evidentes: las hojas se enrollan, aparecen manchas amarillentas y la planta muestra un crecimiento más lento. Además, el pulgón excreta una sustancia pegajosa llamada melaza, que favorece la aparición de la negrilla (hongo negro) y atrae a hormigas, que a su vez cuidan a los pulgones para que no sean depredados. Cuando la infestación es fuerte, los tallos pueden volverse quebradizos y la producción de vainas disminuye notablemente.

En España, la mayor actividad del pulgón se da entre marzo y mayo, cuando las temperaturas diurnas rondan los 15‑25 °C. En la zona atlántica (Galicia, Asturias) la humedad favorece su proliferación, mientras que en la meseta el riesgo aumenta si se aplican fertilizantes ricos en nitrógeno. El ciclo de vida es rápido: una hembra puede dar a luz a 80‑100 crías en apenas una semana, y esas crías maduran en 4‑5 días, lo que explica por qué la infestación puede escalar en pocos días.

Métodos de eliminación

A) Prevención y medidas culturales

Mantener una inspección cada 2‑3 días es la primera línea de defensa. Si detectas menos de 10 pulgones por hoja, basta con un chorro de agua a presión por la mañana, lo suficientemente fuerte como para arrastrarlos sin dañar la hoja. Retira las hojas muy infestadas y elimínalas del huerto para evitar que sirvan de refugio.

Planta albahaca y caléndula en los bordes del cultivo; sus aromas repelen pulgones y, al mismo tiempo, atraen a mariquitas y crisopas. Controla a las hormigas colocando cinta adhesiva alrededor del tallo o esparciendo tierra de diatomeas en la base de la planta; sin su “ejército de protección”, el pulgón pierde su ventaja.

B) Tratamientos ecológicos

Jabón potásico (1‑2 %) es muy eficaz. Disuelve 15 ml de jabón potásico en 1 L de agua y añade unas gotas de detergente neutro para emulsionar. Pulveriza abundante y uniformemente el envés de las hojas al atardecer (entre 19:00‑20:30), evitando la luz solar directa que podría quemar la hoja. Repite cada 3‑4 días hasta que no veas pulgones durante una semana.

Aceite de neem (0,5‑1 %) actúa por contacto y como regulador de crecimiento. Mezcla 8 ml de aceite de neem con 1 L de agua y unas gotas de jabón líquido, agita bien. Aplica cada 7 días; su efecto residual dura entre 5‑7 días, impidiendo la eclosión de los huevos. El neem también desalienta a las hormigas, rompiendo la relación simbiótica.

Purín de ortiga casero es una solución barata y potente. Deja una taza de ortiga fresca en 5 L de agua durante 48 h, cuela y diluye a 1 L en 10 L de agua de riego. Aplica al menos una vez por semana en la fase vegetativa; la ortiga contiene compuestos que reducen la fecundidad del pulgón y desaniman a los áfidos competidores.

Depredadores naturales son el arma definitiva. Las mariquitas pueden devorar hasta 100 pulgones al día por individuo. Para atraerlas, planta hinojo, eneldo y milenrama alrededor del huerto. Si deseas un impulso rápido, puedes adquirir larvas de mariquita en viveros ecológicos y liberarlas al amanecer, cuando el pulgón está menos activo.

C) Tratamientos químicos (último recurso)

Solo cuando la infestación supere el 50 % de la cubierta foliar y los métodos ecológicos no hayan dado resultados, recurre a un insecticida con piretrinas naturales (por ejemplo, emulsión de piretro autorizado en agricultura ecológica). Aplica siguiendo la dosis del fabricante y respeta un plazo de seguridad de 5 días antes de cosechar. Este paso debe ser puntual y evitado en cultivos destinados al consumo inmediato.

Frecuencia y timing de los tratamientos

Empieza a actuar en cuanto veas los primeros pulgones, sin esperar a que la población se multiplique. Con jabón potásico, programa aplicaciones cada 3‑4 días hasta que la hoja quede libre; con aceite de neem, el intervalo recomendado es una semana. Alterna ambos productos para evitar que los insectos desarrollen resistencia y para cubrir tanto la fase adulta como los huevos.

El mejor momento del día es al atardecer, entre 19:00 y 21:00, cuando la luz solar es tenue y los pulgones están más activos en la superficie de la hoja. Evita aplicar en pleno sol, ya que podrías quemar la hoja y reducir la eficacia del producto. Continúa el ciclo de aplicación hasta que no observes pulgones durante una semana completa; luego reduce la frecuencia a una dosis preventiva cada 15‑20 días durante la temporada alta.

Prevención a largo plazo

Los pulgones se sienten atraídos por plantas sobrealimentadas con nitrógeno. Usa fertilizantes equilibrados como NPK 10‑10‑10 o compost bien descompuesto, aplicando no más de 150 kg/ha en materia orgánica. En la meseta y en Andalucía, el exceso de nitrógeno favorece brotes tiernos, que son el festín preferido del pulgón.

Fomenta la biodiversidad dejando una franja de flores silvestres y hierbas aromáticas alrededor del cultivo. Estas áreas sirven de refugio a mariquitas, crisopas y sírfidos, creando un equilibrio natural. Además, la rotación de cultivos cada 3‑4 años (por ejemplo, alternar guisantes con cereales o leguminosas diferentes) reduce la presión de plagas específicas al interrumpir su ciclo de vida.

Si dispones de espacio, planta variedades de guisante resistente al pulgón, como la variedad ‘Brampton’, que muestra menos atracción por estos insectos gracias a su cutícula más gruesa y su fase vegetativa más corta.

Errores comunes que debes evitar

Esperar demasiado para actuar es el error más frecuente; el pulgón se reproduce con rapidez y una pequeña colonía puede convertirse en una plaga en pocos días. Otro fallo habitual es solo regar con agua sin aplicar ningún agente de control; la humedad sin acción contra los insectos favorece su proliferación. Aplicar los tratamientos en horas de sol intenso quema las hojas y reduce la eficacia del jabón o del neem. Finalmente, no repetir la dosificación según el ciclo de vida del pulgón deja huevos sin afectar, provocando reinfestaciones continuas.

Conclusión

Eliminar el pulgón en guisantes es totalmente posible con jabón potásico, aceite de neem y la ayuda de depredadores naturales como las mariquitas. Actúa en cuanto veas los primeros signos, mantén una frecuencia de aplicación adecuada y protege tu cultivo con buenas prácticas culturales y una biodiversidad saludable. Con constancia y sin recurrir a químicos, tu cosecha de guisantes volverá a ser abundante y libre de plagas.