Cómo regar lavanda: Guía completa
- 21 Nov, 2025
Si tienes lavanda en maceta o en el huerto, seguramente te has preguntado cada cuanto regar lavanda para que mantenga su aroma y sus flores sin que sus raíces se ahoguen. La respuesta no es un número fijo; depende del clima, del tipo de suelo y de la fase de desarrollo de la planta. En este artículo te doy datos precisos, horarios y trucos que puedes aplicar desde Galicia hasta Murcia, y así evitar tanto la sequía como el exceso de humedad.
Frecuencia y cantidad de riego
Plántulas (primeras 4‑6 semanas). En esta etapa la raíz todavía es pequeña, por lo que necesita riegos ligeros pero regulares. Riega cada 2‑3 días con 250‑350 ml de agua por maceta de 12 cm de diámetro, siempre que la capa superior del sustrato esté seca al tacto (aprox. 1 cm). Usa una regadera con pico fino para que el chorro no desaloe la tierra.
Crecimiento vegetativo (hasta la floración). Cuando la lavanda ya tiene varios tallos, la exigencia de agua aumenta ligeramente. En zonas de clima continental (Madrid, Castilla‑La Mancha) riega 2‑3 veces por semana con 500 ml por planta, dejando que el agua penetre hasta 15 cm de profundidad. Si trabajas con riego por goteo, programa 10‑12 minutos a 2 l/h por cada metro lineal de fila.
Floración y cosecha del aceite. La producción de flores y la calidad del aceite se logran con un riego moderado. En la costa mediterránea (Valencia, Alicante) riega una vez cada 5‑7 días con 600‑800 ml por planta, siempre al pie de la planta y nunca sobre la corona. Este ritmo permite que el sustrato se seque entre riegos, lo que favorece la concentración de aceites esenciales.
Método recomendado. Evita mojar el follaje; la humedad en las hojas favorece el botrytis y otras infecciones fúngicas. Con una regadera o manguera de tubo fino, entrega el agua directamente al suelo y cubre la zona de la raíz. En macetas de terracota, que absorben más rápidamente, puedes añadir un vaso de agua cada día en verano y cada 3‑4 días en otoño.
Variaciones climáticas y estacionales
En Galicia, donde la lluvia es frecuente y la luz menor, el riego suele ser necesario solo una vez por semana durante la primavera, con 400 ml por planta. En los meses de otoño, cuando las temperaturas bajan a 12‑15 °C, reduce la frecuencia a cada 10‑12 días. Si las precipitaciones superan los 30 mm/semana, suspende el riego y controla que el sustrato no se encharque.
En Murcia, con veranos que superan los 38 °C, la evaporación es mucho mayor. En junio‑agosto la lavanda necesita riegos diarios de 800‑1000 ml en la mañana, antes de las 10 h, para que el calor no evapore el agua antes de que llegue a la raíz. En julio, coloca una malla de sombra ligera (15 %) sobre la planta durante la tarde y reduce la cantidad a 600 ml, evitando quemaduras en las hojas.
En cultivo bajo cubierta o en invernadero, complementa la luz natural con lámparas LED de 300‑400 W/m², y mantén la humedad del sustrato entre 15‑20 % de retención. En este caso, riega cada 4‑5 días con la misma cantidad que en exterior, pero controla siempre la conductividad eléctrica del sustrato para evitar acumulación de sales.
Señales de problemas de riego
Falta de agua. Cuando la lavanda muestra hojas estrechas, de tono grisáceo y los tallos se vuelven flexibles y caídos, es señal de déficit hídrico. Además, las flores aparecen muy pequeñas y el aroma se debilita. Si notas que el sustrato se endurece al tacto, es momento de regar y, si puedes, añadir una capa de mulch de 2‑3 cm (paja, corteza) para reducir la evaporación.
Exceso de agua. Por el contrario, un sustrato constantemente húmedo produce raíces negras o blandas y hojas amarillentas que se caen al menor roce. El olor a moho en la base del tallo es otro indicio de encharcamiento. En estas situaciones, mejora el drenaje añadiendo perlita o arena gruesa (30 % del sustrato) y reduce la frecuencia a una vez cada 10‑12 días, dependiendo del clima.
Riego irregular. Alternar días de sequía absoluta con riegos copiosos genera frutos agrietados y pérdida de aceites. Para evitarlo, programa el riego con temporizador y verifica la humedad cada mañana usando el método del dedo (5 cm de profundidad). Si el dedo sale húmedo pero no empapado, no riegues todavía.
Consejos prácticos y errores comunes
- Riega siempre en la mañana (entre 7‑10 h) para que el agua penetre y el follaje se seque antes del calor del día.
- Utiliza mulch de paja o corteza de pino alrededor de la base; retiene humedad y suprime las malas hierbas.
- Instala un sistema de goteo con regulador de presión; es la forma más económica y evita el desperdicio de agua.
- No riegues después de la lluvia; espera al menos 12 h para que el sustrato drene y no se acumule exceso.
- Evita usar agua con cloro en exceso; si el suministro es muy chlorado, hazla reposar 24 h antes de usarla o emplea agua de lluvia.
Un error típico es regar por la noche y dejar que las hojas permanezcan húmedas durante horas, lo que favorece el botrytis. Otro equivale a rellenar la regadera con agua caliente: el choque térmico puede dañar las raíces delicadas de la lavanda joven.
Conclusión
Regar lavanda correctamente requiere observar el clima, el tipo de suelo y la fase de la planta. En primavera y verano, en zonas cálidas como Murcia, mantén un ritmo de riegos diarios de 800‑1000 ml, mientras que en el norte húmedo de Galicia basta con una vez por semana con 400 ml. Controla siempre la humedad del sustrato y evita mojar las hojas. Siguiendo estos números y los trucos de mulching y riego por goteo, tendrás una lavanda vigorosa, con flores abundantes y un aroma que durará toda la temporada.