Cómo regar pepinos: guía completa

Cómo regar pepinos: guía completa

Si estás cultivando pepinos en tu huerto o terraza, sabrás que el riego es el factor que más puede marcar la diferencia entre una cosecha abundante y plantas que se encogen y se marchitan. Cómo regar pepinos correctamente implica conocer la cantidad exacta de agua que necesita cada fase de su desarrollo y adaptar ese proceso a las condiciones climáticas de tu zona. En este artículo encontrarás datos precisos, ejemplos por comunidad autónoma y trucos para que nunca más tengas dudas sobre cuándo y cuánto regar.

A lo largo de este texto repasaremos la frecuencia ideal según la etapa de la planta, los litros recomendados por metro cuadrado, las variaciones que exige el clima mediterráneo frente al atlántico, y los síntomas típicos de riegos insuficientes o excesivos. Al final tendrás una hoja de ruta práctica que podrás aplicar desde la primera plántula hasta la cosecha final de tus pepinos.

Frecuencia y cantidad de riego

Plántulas (primeras 2‑3 semanas)

Durante las primeras semanas, la raíz de los pepinos es muy delicada y necesita un sustrato constantemente húmedo, pero sin encharcar. Riega todos los días con 250‑300 ml por maceta de 12 cm de diámetro, o con 1‑2 L por cada m² si lo haces en tierra. La mejor forma es riego por goteo: coloca el goteador a 5‑10 cm de la base de la plántula y programa una descarga de 2‑3 minutos al día. De esta forma el agua penetra hasta 10 cm de profundidad, donde se encuentra la zona radicular más activa.

Crecimiento vegetativo (hasta la aparición de los primeros frutos)

Una vez que la planta tiene 5‑6 hojas verdaderas, puedes espaciar el riego a cada 2‑3 días, siempre que la capa superficial del sustrato esté seca al tacto (aprox. 2 cm). Cada sesión debería aportar 3‑5 L por planta, dependiendo del tipo de suelo. En suelos arenosos, como los de la Comunidad Valenciana, la evaporación es mayor y conviene acercarse al límite superior del rango. En suelos arcillosos, como los de la zona de Zaragoza, basta con el rango inferior.

Floración y fructificación (últimas 4‑6 semanas)

Cuando aparecen los primeros frutos, los pepinos demandan una irrigación constante para evitar la caída del fruto y los “puntos de agua” que favorecen el desarrollo de la mildiú gris. Riega todos los días o cada dos días en pleno verano, proporcionando 4‑6 L por planta. La aplicación debe hacerse al pie de la planta, evitando que el agua moje el cáliz del fruto; de lo contrario, se incrementa el riesgo de podredumbre. Un buen truco es regar al atardecer, cuando la evaporación es mínima y el agua tiene tiempo suficiente para ser absorbida antes de que baje la temperatura nocturna.

Técnicas recomendadas

  • Riego por goteo: garantiza una entrega uniforme y reduce el consumo de agua hasta un 30 % respecto al riego convencional.
  • Manguera con boquilla de rociado fino: útil para huertos pequeños; mantén la boquilla a 30 cm del suelo y riega en movimientos circulares.
  • Riego por surcos: tradicional en la zona del Ebro, pero exige nivelar bien el terreno para evitar encharcamiento.

Prueba de humedad

Para asegurarte de que no estás ni bajo‑ni sobre‑riegando, introduce el dedo 5 cm en la tierra. Si el sustrato sale frío y húmedo, espera al menos 24 h antes de volver a regar. En macetas de terracota, la evaporación es más rápida; revisa la humedad cada 12 h durante los meses de julio‑agosto.

Variaciones climáticas y estacionales

En Galicia y el País Vasco, donde las lluvias abundan hasta 150 mm en primavera, basta con 1‑2 L por planta cada 3‑4 días durante la fase vegetativa. En cambio, en Andalucía o Murcia, con temperaturas que superan los 35 °C en julio, el consumo sube a 6‑8 L por planta al día, y es imprescindible sombrar ligeramente las hileras con una malla de 30 % de densidad para evitar quemaduras.

Durante el otoño, cuando las horas de sol disminuyen y las temperaturas bajan a 15‑18 °C, reduce la frecuencia a cada 4‑5 días y la cantidad a 2‑3 L. En invierno, la mayoría de los huertos de pepinos en la península dejan de regar, salvo que haya una ola de lluvias escasas y persistentes; en ese caso, un riego ligero de 1‑1.5 L cada 7‑10 días basta para mantener la humedad del sustrato sin provocar encharcamiento.

Si cultivas en interior (bandejas o macetas en balcón), necesitarás una lámpara de cultivo que aporte 300‑400 µmol·m⁻²·s⁻¹ de fotosíntesis y mantener la humedad relativa entre 60‑70 % con un higrómetro. En esos casos, el riego se basa más en la medida de la humedad que en la temperatura del aire.

Señales de problemas de riego

Falta de agua

  • Hojas marchitas y crujientes, especialmente en los bordes.
  • Frutos pequeños y arrugados, con una piel fina que muestra manchas amarillas.
  • Ráfagas de hojas amarillentas en la base de la planta, signo de estrés hídrico.
  • En caso de sequía prolongada, los tallos pueden volverse más delgados y arqueados, buscando sombra.

Exceso de agua

  • Hojas inferiores amarillentas y con venas oscuras, indicando pudrición de raíces.
  • Manchas negras en el tallo, frecuentemente causadas por la pudrición basal, que avanza rápidamente bajo suelos encharcados.
  • Moho gris (mildiú) en la parte inferior de los frutos, visible en días de alta humedad.
  • Si el suelo huele a salsa agria, es señal de que el drenaje es insuficiente y la materia orgánica está descomponiéndose sin oxígeno.

Detectar estos síntomas a tiempo te permite ajustar la frecuencia o cambiar el método de riego antes de que la planta sufra un daño irreversible.

Consejos prácticos y errores comunes

  • Riega siempre al pie de la planta, nunca sobre el pecho de los frutos; así evitas la podredumbre y la proliferación de hongos.
  • Multiplica la materia orgánica en el sustrato con compost bien descompuesto; retiene humedad suficiente y reduce la necesidad de riegos diarios.
  • Instala un medidor de humedad de tipo tensiométrico o un simple higrómetro de suelo; te ahorrará litros de agua y evitará errores de adivinar la humedad.
  • No riegues en plena madrugada cuando la temperatura está muy baja; el agua fría puede provocar choques térmicos y dañar las raíces jóvenes.
  • Evita el error típico de regar solo cuando el suelo está seco en la superficie; el agua debe penetrar al menos 15‑20 cm, la zona donde están las raíces productivas.

Conclusión

Para obtener pepinos jugosos y sin problemas, sigue esta regla de oro: riega profundamente según la fase de la planta (diario en frutas, cada 2‑3 días en vegetación), ajusta la cantidad entre 2‑8 L por planta según la zona (más en el sur, menos en el norte) y controla siempre la humedad del sustrato con el dedo o un medidor. Con estos pasos, tu huerto producirá cosechas abundantes y libres de enfermedades relacionadas con el riego. ¡Manos a la obra y que no falte el agua en el momento justo!