Tomate con botritis: causas y soluciones efectivas

Tomate con botritis: causas y soluciones efectivas

Ver tomates con manchas grises y hojas que se vuelven marrones puede ser angustiante, sobre todo cuando el resto del huerto parece saludable. Ese deterioro típico es la señal de botritis en tus plantas, una enfermedad fúngica que ataca en la humedad de la primavera y el otoño. La buena noticia es que, con un buen diagnóstico y unas cuantas acciones concretas, puedes frenar su avance y salvar la cosecha.

En este artículo te explico por qué aparecen los síntomas, te muestro cómo distinguir la causa entre varias posibilidades y, lo más importante, te ofrezco soluciones prácticas que puedes aplicar hoy mismo en cualquier zona de España, desde la Meseta central hasta la costa de Valencia.


1. Causas posibles del problema

1.1. Condiciones de humedad excesiva (causa más frecuente)

La botritis se desarrolla cuando la superficie de la planta permanece húmeda durante más de 12 h seguidas. En climas atlánticos como Galicia o el País Vasco, la niebla matutina y las lluvias constantes crean el ambiente perfecto. Incluso en la Mediterráneo, una regadura nocturna abundante o el uso de riego por aspersión en días de baja evaporación favorecen el hongo.

Los síntomas son manchas grises‑blanquecinas cubiertas de esporas, que aparecen primero en los preciosos frutos y luego se extienden a hojas y tallos. El tejido se vuelve marrón y húmedo, y con el tiempo se desintegra.

1.2. Mala ventilación y densidad de plantas

Cuando plantamos los tomates demasiado cerca, la circulación de aire se reduce y la humedad se concentra entre las hojas. En la sierra de Cádiz o en los huertos de invernadero del interior peninsular, el aire estancado es un factor clave. La falta de espacio permite que las esporas del hongo se depositen y germinen sin ser desechadas por el viento.

1.3. Exceso de fertilización con nitrógeno

Un exceso de nitrógeno produce un crecimiento vigoroso pero débil, con tejidos más jugosos y menos resistentes a la infección. En la zona del Ebro, muchos agricultores aplican fertilizantes líquidos en exceso para acelerar la producción, sin notar que están creando un caldo de cultivo para la botritis.

1.4. Daños mecánicos y heridas

Corte de ramas, podas agresivas o el roce de puertas de invernaderos pueden abrir pequeñas heridas donde el hongo entra. En huertos familiares de la Cataluña es habitual podar sin desinfectar las herramientas, lo que facilita la propagación.

Causas menos frecuentes

  • Temperaturas bajas prolongadas (≤ 12 °C) que retrasan la cicatrización de heridas.
  • Infección cruzada de otras hortalizas (pimiento, pepino) que comparten el mismo hongo.
  • Uso de sustrato contaminado con restos de plantas infectadas del año anterior.

2. Diagnóstico: cómo identificar la causa correcta

Observación sistemática

  1. Localiza el síntoma: ¿Las manchas aparecen primero en los frutos o en las hojas?
  2. Evalúa la humedad: ¿El suelo está empapado al tocarlo? ¿Se forma rocío persistente en la mañana?
  3. Comprueba la densidad: ¿Las plantas están a menos de 40 cm entre sí?
  4. Revisa la fertilización: ¿Has aplicado fertilizante nitrogenado en la última semana?
  5. Busca heridas: ¿Hay cortes o rasgaduras visibles en tallos o ramas?

Tabla de diagnóstico rápido

Síntoma observadoProbable causa
Manchas grises‑blanquecinas en frutos, humedad altaHumedad excesiva (riego nocturno, niebla)
Hojas con bordes marrones, plantas muy juntasMala ventilación
Crecimiento vigoroso, hojas muy verdes, manchasExceso de nitrógeno
Heridas abiertas y manchas cerca de cortesDaños mecánicos

Una vez identificado el patrón, confirma la causa mirando el suelo: mete el dedo 5 cm; si está húmedo tras 2 días sin lluvia, el problema es de riego. Si el suelo está seco pero las hojas aún están mojadas por rocío, la ventilación es la culpable.


3. Soluciones paso a paso

3.1. Control de la humedad (causa 1)

  • Reduce el riego: riega solo cuando los primeros 10 cm del sustrato estén secos. En zonas como Murcia o Almería, regar por la mañana antes de que suba el sol es óptimo.
  • Instala un riego por goteo: permite que el agua caiga directamente a la zona de raíces y evita que moje la corona de la planta. El coste de un kit de goteo de 10 m es de 15‑20 €.
  • Mejora el drenaje: incorpora arena gruesa o perlita (30 % del sustrato) en macetas y en surcos.
  • Elimina el exceso de agua: si hay charcos, crea pequeñas zanjas de drenaje o usa gravilla bajo los surcos.

Resultado esperado: las manchas comienzan a desaparecer en 7‑10 días y el nuevo crecimiento se muestra libre de hongos.

3.2. Aumento de la ventilación (causa 2)

  • Aumenta la distancia entre plantas a 45‑50 cm en filas y 80‑100 cm entre hileras.
  • Poda los interiores: elimina hojas y ramas que bloquean el paso del aire, especialmente en la zona del norte de la Península donde el clima es más húmedo.
  • Instala mallas o spaletas en invernaderos para favorecer la circulación.
  • Cultiva en puntos elevados: los bancales de tierra a 30 cm de altura mejoran la aireación del sustrato.

Tiempo de mejora: la reducción de la humedad relativa en el interior del follaje se aprecia en 3‑5 días, y la propagación del hongo se detiene.

3.3. Ajuste de fertilización (causa 3)

  • Suspende fertilizantes nitrogenados durante 2‑3 semanas.
  • Aplica un fertilizante equilibrado (NPK 5‑10‑5) a razón de 10 ml / l de agua, cada 20‑25 días.
  • Incorpora compost maduro (2‑3 kg por m²) en la base de cada planta para aportar materia orgánica y micro‑nutrientes.
  • Control de pH: mantén el pH del suelo entre 6,0 y 6,5; si está bajo, añade cal agrícola (1 kg / 10 m²).

Efecto esperado: las plantas vuelven a producir hojas más robustas y menos jugosas, dificultando la colonización del hongo en 10‑14 días.

3.4. Tratamiento curativo y preventivo

  • Aplicación de cobre fungicida: disuelve 2 g de polvo de cobre en 10 l de agua y riega con la solución cada 7‑10 días durante la fase de mayor riesgo (marzo‑abril y septiembre‑octubre). El coste es de ≈ 5 € por litro preparado.
  • Extracto de ajo: macera 3 dientes de ajo en 1 l de agua durante 24 h, cuela y pulveriza sobre hojas y frutos al amanecer. Repite cada 5 días mientras persista la humedad.
  • Bicarbonato de potasio: mezcla 2 cucharaditas en 1 l de agua y rocía a fin de semana, ayuda a levantar la superficie de la hoja y a impedir la germinación de esporas.

Nota: siempre utiliza guantes y evita la pulverización en días ventosos para que el producto no se disperse fuera del huerto.


4. Prevención futura

  • Planifica el calendario de riego según la zona: en la Meseta riega cada 3‑4 días en primavera, mientras que en la costa de Granada puedes espaciar a 5‑6 días.
  • Mantén una rotación de cultivos: alterna tomates con leguminosas o hortalizas de raíz para romper el ciclo del hongo.
  • Desinfecta herramientas después de cada poda: pasa una solución de 1 % de lejía o alcohol.
  • Recoge y elimina frutos caídos o hojas enfermas cada semana para evitar que sirvan de inóculo.
  • Utiliza cubiertas de planta (filmes anti‑heladas) solo cuando sea necesario y retíralas en la madrugada para que el interior se ventile.

Seguir estos hábitos convierte tu huerto en un entorno hostil para la botritis, y además mejora la salud general de tus tomates.


5. Cuándo preocuparse (y cuándo no)

Es normal que los frutos más viejos presenten una ligera mancha grisácea al final de la temporada; el tomate se está degradando naturalmente. Sin embargo, deberías actuar con rapidez si observas:

  • Más del 30 % de los frutos o hojas afectados simultáneamente.
  • Olor a moho perceptible al acercarte al cultivo.
  • Descomposición rápida (las manchas se vuelven líquidas en 24 h).
  • Marchitamiento de tallos junto a manchas, lo que indica posible pudrición de la raíz.

En esos casos, la combinación de reducción de riego, cobre fungicida y poda de partes enfermas es esencial para evitar la pérdida total de la cosecha.


6. Conclusión

La botritis en tomates suele aparecer por humedad excesiva, mala ventilación, exceso de nitrógeno o heridas mecánicas. Diagnosticar correctamente requiere observar dónde surge el síntoma, medir la humedad del sustrato y analizar la disposición del cultivo. Una vez identificada la causa, basta con ajustar el riego, mejorar la ventilación, regular la fertilización y aplicar fungicidas caseros o de cobre para contener la enfermedad. Con estas prácticas, tus plantas volverán a verde intenso y la cosecha de tomates será abundante y sana. ¡Manos a la obra y que no te quiten la alegría de cosechar un buen tomate!