Calabacín con mildiu: causas y soluciones eficaces

Calabacín con mildiu: causas y soluciones eficaces

Ves hojas amarillentas con un velo grisáceo en tu calabacín y temes que la cosecha se pierda. El mildiu es una enfermedad fúngica que ataca a la familia de las cucurbitáceas y aparece con más frecuencia en áreas con alta humedad y temperaturas entre 15 °C y 25 °C. Es un problema muy habitual en huertos de Andalucía, Cataluña y la Meseta central, pero la buena noticia es que, con el diagnóstico correcto, el control es totalmente factible.

A continuación te explico las causas más habituales, cómo distinguirlas y, lo más importante, qué medidas aplicar para que tus calabacines vuelvan a crecer sanos y fuertes.

Causas posibles del mildiu en calabacines

1. Condiciones climáticas favorables (causa más frecuente)

El mildiu se desarrolla cuando el aire está húmedo y la temperatura se mantiene entre 15 °C y 25 °C durante varios días consecutivos. En la ribera del Guadalquivir o en los valles de la Segarra, la niebla matutina y la evaporación tardía del rocío crean el microclima perfecto para que Pseudoperonospora cubensis germine y conquiste la hoja.

2. Riego por aspersión o en exceso

Al regar con aspersores, el agua se deposita directamente sobre el follaje y mantiene la superficie húmeda mucho tiempo. En el norte de Castilla y León, donde se usa riego por aspersión para los cultivos de verano, el mildiu suele brotar justo después de la primera lluvia fuerte seguida de riego intensivo.

3. Densidad excesiva de plantas

Cuando los calabacines se plantan a menos de 60 cm de distancia, la circulación del aire se ve limitada y el vapor de agua no se dispersa. En los huertos tradicionales de Extremadura, donde se aprovecha cada metro cuadrado, la falta de ventilación favorece la propagación del hongo.

4. Uso de sustratos pobres en materia orgánica

Los suelos con bajo contenido de materia orgánica retienen menos calor y menos energía para que el microbio del hongo se despliegue. En zonas de interior de Aragón, donde el suelo es frecuentemente calcáreo y escaso en compost, los brotes de mildiu aparecen más temprano.

Otras causas menos frecuentes

  • Variedades susceptibles: algunas cultivares de calabacín, como la “Cortina de Oro”, son más vulnerables.
  • Daños mecánicos: cortes o rasguños en la hoja facilitan la entrada del hongo.
  • Presencia de esporas en el material vegetal: usar semillas o plántulas contaminadas puede introducir el patógeno al huerto.

Diagnóstico: cómo identificar la causa correcta

Observación sistemática

  1. Distribución del daño

    • Manchas grisáceas con halo amarillo en la cara inferior de la hoja → típico de mildiu.
    • Si aparecen primeramente en la zona más sombreada del huerto, la humedad está concentrada allí.
  2. Textura y olor

    • Las hojas infectadas se vuelven lágrimas de agua y al tacto se siente una película grasa.
    • Un leve olor a moho indica que el hongo está activo.
  3. Estado del suelo y riego

    • Introduce el dedo 5‑10 cm en la tierra: si está muy húmeda incluso bajo sombra, el riego probablemente sea excesivo.
    • En suelos compactos y con poca materia orgánica, la ventilación es limitada.

Tabla de diagnóstico rápido

Síntoma observadoProbable causa
Manchas gris‑blancas con halo amarillo, hojas pegajosasCondiciones climáticas favorables y alta humedad
Daño en hojas recién regadas con aspersoresRiego por aspersión o en exceso
Propagación rápida en áreas con plantas muy juntasDensidad excesiva
Manchas aparecen en suelo pobre en materia orgánicaSustrato poco orgánico

Una vez identificada la causa, procede con la solución adecuada; en muchos casos el mildiu requiere combinar varias medidas para lograr un control eficaz.

Soluciones paso a paso

1. Mejora del microclima (para condiciones climáticas favorables)

  • Ventilación artificial: instala mallas sombra de 50 % entre las hileras. La malla reduce la temperatura del follaje en 2‑3 °C y permite que el aire circule.
  • Riego al suelo: cambia la aspersión por goteo o riego por surcos. Riega solo cuando la capa superior del sustrato esté seca al tacto (5 cm).
  • Aplicación de cobre: utiliza cobre quelatado al 300 g/ha (aprox. 15 ml por 100 l de agua) y pulveriza cada 10‑14 días mientras persistan condiciones de humedad. El cobre actúa como fungicida preventivo sin dañar la planta.

2. Corrección del riego excesivo

  • Suspende el riego tras detectar hojas pegajosas; deja que la capa superior del suelo se seque durante 48‑72 h antes de volver a regar.
  • Mejora el drenaje añadiendo 30 % de perlita o arena gruesa al sustrato de macetas y a los surcos del huerto.
  • Instala medidores de humedad: un higrómetro de sonda indica cuando el contenido de agua está por debajo del 40 %, punto ideal para volver a regar.

3. Reducción de la densidad y aireación

  • Poda ligera: elimina las ramas y hojas más bajas que toquen el suelo; esto facilita que el aire circule y que el sol llegue a la base de la planta.
  • Replanteo: si la densidad supera los 60 cm, separa las plantas con una cuerda guía y trasplanta a una distancia mínima de 70 cm. Este proceso se hace mejor al final de la temporada de cosecha (septiembre‑octubre) para evitar estrés.

4. Enriquecimiento del sustrato

  • Incorpora compost maduro: 5 kg por 10 m² de huerto, distribuido en forma de capa fina y mezclado con la tierra. El compost eleva la materia orgánica y mejora la estructura, reduciendo la humedad retenida.
  • Aplicación de calcio: una solución de cal agria (1 kg de cal por 100 l de agua) aplicada cada mes fortalece las paredes celulares y hace al hongo menos agresivo.

5. Tratamiento curativo con productos ecológicos

  • Extracto de Pseudomonas fluorescens: disuelve 10 ml en 10 l de agua y rocía cada 7‑10 días. Este microorganismo antagonista reduce la proliferación del hongo.
  • Bicarbonato de potasio: disuelve 1 kg en 100 l de agua y aplica como spray preventivo; la solución eleva el pH superficial de la hoja y dificulta la germinación del mildiu.
  • Rebrote de leche: una mezcla 1:10 (leche:agua) aplicada al atardecer crea una capa de ácido láctico que protege la hoja durante la noche. Usa 100 l por cada 500 m² de huerto.

Con estas acciones, la mayoría de los casos de mildiu en calabacines presentan mejoría visible en 7‑10 días; las hojas nuevas aparecen verdes y sin manchas. Si la infección está muy avanzada (más del 40 % del follaje afectado), complementa con fungicida ecológico de cobre y considera eliminar las plantas gravemente dañadas para evitar la propagación.

Prevención futura

  • Planifica la rotación de cultivos: no plantes calabacín ni otras cucurbitáceas en el mismo sitio durante al menos 3 años; alterna con leguminosas o cereales que no son hospedantes del mildiu.
  • Mantén la higiene del huerto: retira restos de hojas enfermas y destrúyelos (incineración o compostaje a alta temperatura).
  • Controla la humedad: utiliza mulching de paja o agri‑plast para reducir la evaporación del suelo y evitar el rocío prolongado en las hojas.
  • Fertiliza equilibradamente: una dosis de NPK 10‑10‑10 a razón de 20 g/m² cada mes durante la fase vegetativa mantiene la planta vigorosa y menos susceptible a enfermedades.
  • Monitorea: revisa semanalmente el estado de las hojas, sobre todo después de lluvias o riegos intensos; una detección temprana permite actuar antes de que la enfermedad se disemine.

Cuándo preocuparse (y cuándo no)

Es normal que las hojas más viejas del calabacín se tornen amarillas y caigan al final de la temporada; la planta renueva su follaje de forma natural. En cambio, preocúpate si observas manchas grisáceas con halos amarillos que aparecen en más del 20 % de la masa foliar, si las hojas se sienten pegajosas al tacto o si la humedad del suelo permanece alta durante varios días seguidos. También es señal de alarma cuando la enfermedad llega a las flores o a los frutos, reduciendo dramáticamente el rendimiento. En esos casos, actúa con los tratamientos curativos descritos y revisa tus prácticas de riego y ventilación.

Conclusión

El mildiu en calabacines surge principalmente por humedad excesiva, riego inapropiado y densidad alta de plantas. Identificar dónde aparecen las manchas, evaluar la humedad del suelo y observar la disposición del huerto te permite pinpoint la causa exacta. Con medidas correctivas —cambio a riego por goteo, mejora del drenaje, ventilación adecuada y tratamientos ecológicos como cobre, bicarbonato o bio‑microbianos— la enfermedad desaparece en una o dos semanas y la cosecha se salva. Mantén una buena higiene y rotación de cultivos, y volverás a disfrutar de calabacines sanos año tras año.