Cuándo fertilizar acelga: guía completa

Cuándo fertilizar acelga: guía completa

Si te preguntas cuándo fertilizar acelga, la respuesta depende del clima de tu zona, de la fase de crecimiento y del tipo de abono que uses. En España la acelga se planta en primavera o a finales del verano y necesita nutrientes en momentos clave para producir hojas verdes y crujientes. En este artículo te explico paso a paso el calendario ideal, los dosis exactas, los signos de deficiencia y los errores más habituales, todo con ejemplos de Andalucía, Castilla‑La Mancha y la zona atlántica.

1. Necesidades nutricionales de la acelga

La acelga es una hortaliza de hoja que requiere nitrógeno para crecer rápidamente, fosfato para desarrollar raíces fuertes y potasio para resistir el estrés hídrico. En la fase de plántula el nitrógeno es el protagonista; a medida que la planta madura, el equilibrio entre nitrógeno y potasio se vuelve crucial para evitar hojas amarillentas y mantener la firmeza. Un abono 10‑10‑10 o uno organico con 4‑6‑8 cubre bien estas demandas, siempre que se aplique con la dosificación correcta.

2. Calendario de fertilización

a) Época de siembra y primera fertilización

  • Febrero‑marzo (Mediterráneo) o marzo‑abril (continente) es el momento típico para sembrar la acelga.
  • Aplica la primera dosis una semana después de la siembra, cuando las plántulas tengan 2‑3 pares de hojas verdaderas.
  • Usa ½ cucharada de fertilizante granular por metro cuadrado (aprox. 2 g), mezclado con la capa superficial del sustrato.
  • Si trabajas con abono líquido, diluye 5 ml en 10 l de agua y riega al pie de la planta.

b) Crecimiento vegetativo (primeras 4‑5 semanas)

  • Desde la aparición de la cuarta hoja, la acelga necesita un impulso de nitrógeno.
  • Fertiliza cada 15‑20 días con un sobre de fertilizante soluble (10‑10‑10) de 20 g disuelto en 4 l de agua.
  • Riega justo después de aplicar la solución; no lo hagas cuando el sustrato esté seco al tacto, porque el exceso de sales puede quemar las raíces.

c) Producción intensiva (semanas 5‑10)

  • Cuando la planta empieza a ofrecer hojas para la cosecha, reduce el nitrógeno y aumenta el potasio.
  • Cambia a un fertilizante 5‑10‑10 o orgánico con mayor contenido de potasio.
  • Aplica un sobre de 15 g por 10 l de agua cada 20‑25 días. En caso de suelos muy arcillosos, acompaña con ½ taza de arena gruesa para mejorar el drenaje.

d) Último ciclo antes del invierno

  • En climas continentales (Madrid, Zaragoza) la acelga puede producir hasta noviembre.
  • La última fertilización se hace a mediados de octubre, con la misma dosificación de potasio que el punto c).
  • A partir de noviembre, suspende cualquier aporte de nitrógeno; la planta entra en una fase de latencia parcial y el exceso de nutrientes favorece la aparición de puntos negros en las hojas.

e) Cultivo de otoño‑invierno (sur de España)

  • En la zona subtropical de Málaga y Granada se siembran acelgas en octubre para cosechar en invierno.
  • Aquí la primera fertilización se hace a la siembra con ½ cucharada por metro cuadrado, y luego se repite una sola vez a los 30 días, usando fertilizante 8‑8‑8 diluido a ¼ de la dosis habitual, pues el crecimiento es más lento y la absorción de nitrógeno se reduce.

Tip práctico: Si utilizas abonos caseros (cáscara de huevo molida o compost de restos de cocina), la regla es una cucharada por cada 5 l de tierra cada mes. No sustituyas totalmente el fertilizante mineral, porque la acelga necesita nitrógeno disponible rápidamente.

3. Variaciones climáticas y estacionales

En Galicia y el País Vasco, las precipitaciones son abundantes y la temperatura media en primavera ronda los 12‑15 °C. Allí la fertilización puede espaciarse a cada 30 días porque el suelo retiene humedad y los nutrientes se disuelven con mayor facilidad. En cambio, en la Meseta Central (Madrid, Valladolid) las temperaturas en mayo llegan a 22‑25 °C y el suelo se seca rápidamente; por tanto, cada 15‑20 días es lo ideal para evitar deficiencias.

En climas extremos de verano (Murcia, Almería) la acelga sufre estrés hídrico. En estos casos, la combinación de riego frecuente + fertilizante con potasio (5‑10‑10) ayuda a mantener la turgencia de la hoja. Si aparecen holguras en la planta, añade una capa de mantillo de paja de 5 cm para conservar la humedad y disminuir la evaporación de sales.

4. Señales de problemas nutricionales

Deficiencia de nitrógeno

  • Hojas pálidas o amarillentas, sobre todo las más viejas.
  • Crecimiento lento; la planta parece “estancada”.
  • Solución: aplica fertilizante 10‑10‑10 a la dosis del punto b) o una cucharada de harina de sangre por metro cuadrado.

Exceso de nitrógeno

  • Hojas muy grandes, pero crujientes y con tendencia a rajaduras.
  • Desarrollo de puntos verdes oscuros y, a veces, aparición de pulgones que se sienten atraídos por el exceso de savia.
  • Solución: suspende la fertilización durante 2‑3 semanas y riega abundante para lavar el exceso de sales.

Deficiencia de potasio

  • Márgenes de hoja amarillentos y zona central verde oscura.
  • Hojas que se vuelven flácidas y caen al tacto.
  • Solución: incorpora fertilizante 5‑10‑10 o cáscara de plátano triturada (½ taza por planta) en la zona de la raíz.

Toxicidad de sales (exceso de fertilizante)

  • Manchas blanquecinas en la superficie del sustrato.
  • Raíces que se ven blanquecinas al desenterrar la planta.
  • Solución: enmienda el suelo con arena gruesa y lleva a cabo un lavado profundo del sustrato con 20 l de agua por metro cuadrado.

5. Consejos prácticos y errores comunes

  • Riega siempre antes de fertilizar; una planta húmeda absorbe mejor los nutrientes y evita quemaduras.
  • No apliques fertilizante sobre hojas secas o marchitas; el contacto directo puede quemar el tejido foliar.
  • Evita fertilizar en pleno verano bajo sol intenso; hazlo en la mañana temprana o al atardecer para que la solución no se evapore rápidamente.
  • Controla la dosificación: una regla fácil es no más de 30 g de fertilizante por m² al mes; cualquier exceso no se traduce en mejor crecimiento y solo genera sales.
  • Utiliza compost bien curado como base del sustrato; aporta nitrógeno de liberación lenta y mejora la estructura del suelo, reduciendo la necesidad de aplicaciones frecuentes.
  • No fertilices cuando la acelga está en reposo invernal (diciembre‑febrero en la mayor parte de la península); el aporte de nutrientes en esa fase puede provocar un crecimiento desordenado y mayor vulnerabilidad a plagas.

6. Conclusión

Saber cuándo fertilizar acelga es tan sencillo como seguir el calendario de 4‑5 pasos: primera dosis a la semana de la siembra, refuerzos cada 15‑20 días durante el crecimiento, cambio a potasio en la fase de cosecha y pausa total en invierno. Ajusta las frecuencias según la zona –más frecuente en la meseta, más espaciada en la costa atlántica – y atiende siempre a las señales de la planta. Con estos hábitos, tus acelgas producirán hojas verdes, crujientes y deliciosas temporada tras temporada.