Cómo podar lavanda del huerto
- 20 Oct, 2025
Si tienes lavanda en tu huerto o balcón, seguro que alguna vez te has preguntado cómo podar lavanda para que siga produciendo flores aromáticas y mantenga una forma ordenada. La poda no solo define la estética del arbusto, también evita que la planta se vuelva leñosa y favorece una mejor exposición al sol, clave para que los aceites esenciales se concentren en las flores. En este artículo te explico paso a paso cuándo y cómo podar lavanda, qué errores evitar y qué señales indican que la poda no ha sido la adecuada.
La lavanda es una planta mediterránea que tolera bien la sequía y el calor, pero su ritmo de crecimiento varía mucho entre la costa de Cataluña, la meseta central y los valles del Andaluz. Por eso, los momentos óptimos para recortar la planta y la intensidad de la poda dependerán tanto de la zona como de la fase de desarrollo (plántula, adulto, floración). A lo largo del texto encontrarás recomendaciones concretas para cada caso, con cantidades de corte y técnicas fáciles de replicar con unas simples tijeras de podar.
Cuándo podar lavanda
Época principal de poda
La poda de la lavanda se realiza, en principio, al final del invierno o a comienzos de la primavera, cuando la planta está todavía inactiva pero el riesgo de heladas ha disminuido. En la zona mediterránea (Murcia, Valencia, Baleares) ese momento suele ser a finales de febrero; en la meseta central (Madrid, Castilla‑La Mancha) lo ideal es a principios de marzo, mientras que en el norte de España (Asturias, Cantabria) conviene esperar hasta abril, cuando la temperatura media diurna supera los 12 °C. En todas estas regiones, el objetivo es eliminar la madera vieja antes de que la planta entre en pleno brote.
Poda de mantenimiento en verano
Durante la temporada de floración (de junio a agosto) es útil realizar una poda ligera cada 2‑3 semanas para retirar los tallos ya floridos y estimular la aparición de nuevos brotes. No se trata de un recorte drástico, sino de una poda de renovación que mantiene la planta compacta y favorece la producción continuada de flores. En climas muy calurosos, como la Costa del Sol, es recomendable podar al final de la tarde para evitar el estrés por el sol intenso.
Poda de formación en plantas jóvenes
Si acabas de plantar una lavanda de 1‑2 años, la primera poda de formación se hace a los 90‑120 días después del trasplante, eliminando los tallos más largos y dejando entre 4 y 5 ramas principales bien distribuidas alrededor del tallo central. Esta primera “corte de entrenamiento” establece la arquitectura que la planta mantendrá durante años.
Cómo podar lavanda – Técnica paso a paso
- Prepara las herramientas. Usa unas tijeras de podar bypass bien afiladas; el corte limpio evita que la planta desarrolle heridas sanitarias. Desinfecta las cuchillas con alcohol 70 % entre cada planta para impedir la transmisión de hongos.
- Identifica la madera. Busca los tallos leñosos, de color marrón grisáceo, y los brotes verdes y flexibles. Los tallos viejos son los que deben eliminarse.
- Realiza el corte. Cada rama que vayas a recortar debe quedar 5‑7 mm por encima de una yema exterior que apunte hacia fuera. Eso garantiza que el nuevo brote crezca alejándose del tronco y no dentro del centro del arbusto. El ángulo del corte debe ser de 45 °, lo que favorece la evacuación del agua y reduce el riesgo de podredumbre.
- Reduce la altura. En la poda invernal, corta la mayor parte de la madera a unos 30‑40 cm del suelo, dejando solo los tallos jóvenes. Si la planta está muy densa, recorta también los brotes que se crucen entre sí, manteniendo siempre una buena ventilación interna.
- Limpia el resto. Recoge los recortes y deséchalos lejos del huerto; los restos pueden alojar aphid o pulgones que luego atacarán plantas sanas.
Con estos pasos, el arbusto de lavanda quedará más abierto, con mejor circulación de aire y una exposición solar óptima, lo que se traduce en flores más abundantes y aceites más intensos.
Poda según tipo de lavanda
Existen varias variedades de lavanda en España que responden de forma distinta a la poda. La Lavandula angustifolia (lavanda inglesa) crece más lentamente y necesita podas más suaves; basta con recortar un tercio de la masa leñosa cada primavera. La Lavandula x intermedia (lavanda francesa) es más vigorosa y tolera podas más drásticas, hasta el 50 % de su altura sin sufrir. En el sur de la Península, donde el clima es cálido, la variedad lavanda vera (lavanda española) suele tener un crecimiento más compacto y se beneficia de podas ligeras post‑floración para evitar que la planta se vuelva demasiado arbustiva.
Si tu huerto cuenta con macetas de terracota, ten presente que el suelo se seca más rápido y la raíz se ve más restringida; en ese caso, la poda de mantenimiento será menos frecuente (una vez al mes) y el recorte no debe superar el 30 % de la masa total para no desestabilizar la planta en la maceta.
Señales de problemas tras la poda
Una poda mal ejecutada se refleja rápidamente en la apariencia de la lavanda. Si notas que los tallos se vuelven rubicundos o que aparecen manchas negras en la zona del corte, probablemente el ángulo del corte fue demasiado plano y la humedad quedó atrapada, favoreciendo la aparición de hongos. Otro síntoma frecuente es el crecimiento desordenado de brotes que emergen del interior del arbusto, indicativo de que la planta no recibió suficiente aireación tras la poda.
Por otro lado, una poda insuficiente deja la planta densa y sombreada, lo que reduce la cantidad y calidad de las flores. Observa si las inflorescencias son pequeñas, de color pálido y aparecen demasiado tarde; esto suele deberse a una falta de luz provocada por una ramificación excesiva que cubre el interior del arbusto.
Consejos prácticos y errores comunes
- Podar en día seco: nunca realices la poda justo después de una lluvia, porque la humedad facilita la entrada de bacterias por el corte.
- No recortar más del 50 % en una sola sesión, sobre todo en lavandas jóvenes; un recorte brusco debilita el sistema radicular y puede provocar la muerte de la planta.
- Usar una capa de mulch de grava fina alrededor de la base ayuda a mantener la humedad del suelo sin asfixiar la raíz y permite una recuperación más rápida después de la poda.
- Sellar los cortes grandes con una pasta cicatrizante a base de madera triturada y agua ayuda a evitar la entrada de patógenos, aunque en la mayoría de los casos el corte limpio y seco ya es suficiente.
Conclusión
Para mantener la lavanda sana y productiva, podar en finales de invierno (febrero‑marzo en el sur, abril en el norte), recortando 30‑40 cm de madera vieja y dejando los brotes jóvenes por encima de una yema exterior es la regla de oro. Complementa con podas ligeras cada 2‑3 semanas durante la floración y adapta la intensidad según la variedad (angustifolia, intermedia o vera). Con estas prácticas evitarás ramas leñosas, mejorarás la ventilación y conseguirás flores perfumadas que alegren tu jardín durante todo el año. ¡Manos a la obra y disfruta del aroma de tu lavanda recién podada!