Hojas marrones en laurel
- 22 Nov, 2025
Ver tu laurel con hojas marrones puede resultar desconcertante, sobre todo si lo cuidas desde hace años y de repente aparecen manchas quemadas. No estás solo: este síntoma es una de las que más preocupa a los jardineros de la Península. Lo bueno es que, con una inspección cuidadosa, suele quedar claro cuál es la causa y, por supuesto, hay remedios caseros y ecológicos que pueden devolverle el vigor. En este artículo repasaremos las causas más habituales, cómo diagnosticarlas y qué pasos seguir para solucionarlo de forma práctica.
Causas posibles del problema
1. Exceso de riego o mal drenaje (causa más frecuente)
El riego abundante crea un entorno anóxico en las raíces, lo que provoca la muerte de tejidos y el aparcamiento de clorofila. Cuando el suelo está constantemente húmedo, las hojas del laurel se vuelven marrón oscuro y se marchitan lentamente. Este problema se da a menudo en zonas con suelo arcilloso de la meseta central, como en Madrid o Ávila, donde el agua se estanca y el drenaje es pobre. Además, los laurales suelen plantarse en macetas; si el recipiente no tiene suficientes agujeros, la humedad se acumula y las raíces se pudren.
2. Deficiencia de potasio (segunda causa más común)
El potasio es esencial para la regulación del movimiento de agua dentro de la planta y para la síntesis de azúcares. Cuando el sustrato es pobre en este nutriente, las puntas de las hojas se vuelven marrones y crujientes, empezando por los bordes y extendiéndose hacia el interior. Esta carencia es típica en suelos arenosos de la Costa de Valencia y de la Comunidad Valenciana, donde la pérdida de sales por lluvias intensas es frecuente. A diferencia del exceso de riego, el suelo puede estar seco al tacto, pero la planta sigue mostrando manchas marrones en los márgenes.
3. Quemaduras por sol intenso o viento seco (tercera causa)
En zonas de clima mediterráneo, como Murcia o el Levante, el laurel puede sufrir quemaduras solares si está expuesto a radiación directa durante más de 6‑8 horas sin sombra. Los rayos UV degradan los pigmentos y la hoja se vuelve marrón pálido, a veces con un halo blanquecino en el borde. Lo mismo ocurre con vientos secos y calientes, comunes en la Sierra de Granada, que provocan una pérdida rápida de humedad y un aspecto carbonizado en la zona expuesta.
Otras causas menos frecuentes
- Plaga de cochinilla: secreción de melaza que favorece el crecimiento de fumagina negra y hojas marrones.
- Enfermedad de la podredumbre de la raíz (Phytophthora): zonas de suelo muy húmedo y mal ventilado.
- Deficiencia de magnesio: manchas amarillentas que con el tiempo se tornan marrones, principalmente en suelos calcáreos de la Cataluña interior.
Diagnóstico: cómo identificar la causa correcta
Observación sistemática
Primero, pregunta al laurel: ¿Dónde aparecen las manchas?
- Bordes o puntas de la hoja → suele ser deficiencia de potasio o quemadura solar.
- Centro de la hoja y de forma difusa → apunta a exceso de riego o a una enfermedad radicular.
- Manchas negras con melaza pegajosa → sospecha de cochinilla.
Observa también la textura: si la hoja está blanda y húmeda, el problema probablemente sea el riego. Si está crujiente y reseca, piensa en potasio o sol. Además, revisa el suelo o sustrato: introduce el dedo a 5‑8 cm de profundidad. Si sale húmedo y con olor a humedad, el drenaje está fallando; si está seco y compacto, la planta podría estar sufriendo falta de agua o nutrientes.
Tabla de diagnóstico rápida
| Síntoma | Probable causa | Acción de comprobación |
|---|---|---|
| Hojas con bordes marrones, secas | Deficiencia de potasio / quemadura solar | Analiza exposición al sol y fertilización. |
| Hojas enteras marrones, tejido blando | Exceso de riego / podredumbre radicular | Toca el suelo, revisa drenaje. |
| Manchas negras con melaza, pequeñas hormigas | Cochinilla | Observa en el envés de la hoja. |
| Hojas con zona amarilla que pasa a marrón (nervios verdes) | Deficiencia de magnesio | Prueba fertilizante con magnesio (sulfato). |
Una vez que hayas cruzado la observación con la tabla, tendrás clara la causa y pasarás a la solución adecuada.
Soluciones paso a paso
Si es exceso de riego o mal drenaje
- Detén el riego durante al menos 48 h y verifica la humedad del sustrato.
- Mejora el drenaje: en macetas, añade una capa de grava (2‑3 cm) en el fondo y utiliza una mezcla de tierra de jardín + arena gruesa + perlita (70 % tierra, 15 % arena, 15 % perlita).
- Riega “a escorrentía”: introduce agua hasta que salga por los agujeros, luego espera a que el sustrato se seque los primeros 5 cm antes del siguiente riego. En climas como el de la Meseta central, riega cada 7‑10 días en verano y cada 14‑15 días en otoño.
- Ventila el suelo: con una horquilla, remueve ligeramente la capa superficial para evitar compactación. Verás mejoría en 2‑3 semanas si las raíces no estaban demasiado dañadas.
- Si la podredumbre ya está presente, recorta las raíces negras con tijeras esterilizadas y trasplanta a sustrato fresco. Usa un fungicida ecológico de cobre (1 g/L) una vez al mes durante 2 meses para prevenir recaídas.
Si es deficiencia de potasio
- Aplica un fertilizante rico en potasio: el fertilizante tipo NPK 10‑5‑20 o K‑sulphate. Disuelve 15 ml en 1 litro de agua y riega la base de la planta cada 15‑20 días durante la primavera y el verano.
- Incorpora materia orgánica: esparce 2 kg de compost bien curado alrededor de la corona y mézclalo ligeramente con la capa superficial del suelo. El compost aporta potasio de forma sostenida.
- Utiliza ceniza de madera: una capa de 100‑150 g/m² en otoño aporta potasio y mejora la estructura del suelo, especialmente útil en suelos arenosos de la Comunidad Valenciana.
- La respuesta suele aparecer en 7‑10 días: nuevas hojas jóvenes se mantendrán verdes y los bordes dejarán de ennegrecerse.
Si es quemadura por sol o viento seco
- Reubica la planta a un sitio con 4‑6 h de sol directo y sombra parcial por la tarde, evitando la exposición máxima de verano. En la zona costera de Málaga, una posición orientada al este suele ser ideal.
- Protege con pantalla: instala una tela anti‑helada (también sirve contra sol) o coloca una malla de sombreado del 30 % de densidad durante los meses más calurosos.
- Aumenta la humedad ambiental: rocía ligeramente las hojas cada mañana con agua a temperatura ambiente. En climas secos de la Sierra de Segovia, la nebulización ayuda a reducir el estrés hídrico.
- Fertiliza ligeramente con fosfato monoamónico (N‑P‑K 12‑5‑10) para favorecer la recuperación del tejido. Aplica 10 ml/L una sola vez al final del verano. Las hojas quemadas no recuperan el color, pero los nuevos brotes crecerán sanos en 10‑14 días.
Si la causa es cochinilla u otra plaga
- Retira manualmente los insectos usando un pincel o un bastoncillo con alcohol.
- Aplica jabón potásico (2 % en agua) sobre todo el follaje cada 7 días durante 3‑4 aplicaciones.
- Introduce depredadores: coloca coccinélidos (mariquitas) o lacewings (parasitoides) que se alimentan de cochinillas. En huertos de la Galicia, una pequeña caja de madera con papel húmedo atrae a estos insectos útiles.
- Si la infestación persiste, rocía una solución de neem (1 % en agua) una vez por semana.
Prevención futura
Para evitar que las hojas marrones vuelvan a aparecer, adopta estas buenas prácticas:
- Fertiliza de forma equilibrada: incorpora compost cada primavera y otoño; en suelos arenosos, añade una capa de ceniza de madera en otoño.
- Riego inteligente: controla la humedad con un medidor o la prueba del dedo; riega solo cuando los primeros 5 cm del sustrato estén secos.
- Mejora del drenaje: si trabajas en suelos arcillosos, mezcla siempre arena gruesa y perlita al preparar el lecho.
- Protección contra el sol: coloca mallas de sombra o ubica la planta en zonas con exposición parcial, especialmente en áreas de clima caliente como Murcia y Almería.
- Vigila plagas: revisa el envés de las hojas cada 10‑15 días y actúa en cuanto veas los primeros signos de cochinilla o ácaros.
Cuándo preocuparse (y cuándo no)
Es normal que las hojas más viejas del laurel, situadas en la base, se tornen de un tono marrón claro y caigan con el tiempo; la planta sacrifica esas hojas para favorecer el crecimiento de nuevas ramas. Sin embargo, deberías alarmarte si el amarillamiento o ennegrecimiento se extiende a más del 30 % de la copa, si el tejido se vuelve blando al tacto, o si aparecen manchas húmedas, olor a podredumbre o plagas visibles. En esos casos, la pérdida de vigor es rápida y necesita intervención inmediata para salvar la planta.
Conclusión
Las hojas marrones en laurel pueden deberse al exceso de riego, a una deficiencia de potasio o a quemaduras por sol y viento, entre otras causas menos frecuentes. Con una observación cuidadosa —localizando el tipo de daño, la humedad del suelo y la exposición a la luz— podrás diagnosticar la causa y aplicar la solución adecuada: mejorar el drenaje, fertilizar con potasio o proteger del sol intenso. La mayoría de los problemas se resuelven en una o dos semanas si actúas con los pasos descritos. Así que ponte manos a la obra, observa, corrige y vuelve a disfrutar de un laurel vigoroso y aromático en tu huerto.