Cuándo trasplantar lechuga: Timing y Técnica perfecta
- 24 Nov, 2025
Si te preguntas cuándo trasplantar lechuga, estás en el lugar correcto. La lechuga es una hortaliza de ciclo corto, pero su éxito depende mucho de que el trasplante se haga en el momento justo. Un transplante demasiado pronto deja raíces poco desarrolladas y la planta se debilita; hacerlo demasiado tarde provoca que el cepellón se enrede y la producción se retrase. Aquí verás qué señales observar y cómo planificar el traslado según la zona de España, para que tus cosechas sean siempre crujientes y abundantes.
Cuándo trasplantar – Timing óptimo
Señales en la plántula
Una lechuga está lista para el mudón cuando muestra de 4 a 6 hojas verdaderas (sin contar los cotiledones) y alcanza 10‑12 cm de altura. En esa fase el tallo ya es lo suficientemente robusto y el cepellón ocupa casi todo el sustrato del semillero. Otro indicio clave es ver raíces blancas que asoman por los agujeros de drenaje del bandejón; eso significa que el árbol de raíces está buscando más espacio.
Además, la planta debe lucir vigorosa, con hojas de un verde intenso y sin signos de amarilleo. Si notas manchas o un crecimiento muy lento, probablemente sea mejor esperar a que mejore antes de moverla al huerto.
Época del año según la zona
En la Mediterráneo (Levante, Cataluña y Baleares) el suelo suele superar los 15 °C a mediados de abril, por lo que esa es la ventana más temprana para trasplantar lechugas de ciclo corto. En la meseta central (Madrid, Castilla‑La Mancha) las noches todavía pueden bajar a 8‑10 °C hasta finales de mayo, así que es más seguro esperar a que las temperaturas nocturnas se mantengan por encima de 12 °C de forma constante.
En el norte de España (Galicia, Asturias, Cantabria) el clima es más húmedo y fresco; aquí el momento idóneo suele ser entre finales de mayo y principios de junio, cuando el riesgo de heladas ya se ha disipado y el suelo está cálido pero no excesivamente seco.
En cualquier zona, nunca trasplantes antes de que hayan pasado las últimas heladas. Una sola helada tardía puede dañar las raíces expuestas y arruinar la cosecha. Un buen truco es consultar el pronóstico local y asegurarse de que las mínimas nocturnas se mantengan por encima de 10 °C durante al menos una semana antes del trasplante.
Edad de la plántula
En términos de tiempo, las lechugas tardan 3‑4 semanas desde la germinación hasta alcanzar las 4‑6 hojas verdaderas. Si sembraste en bandejas bajo cubierta en febrero, lo más probable es que el momento de trasladarlas sea a principios de abril en el sur, o a mayo en la zona interior. Sin embargo, en climas más templados puedes adelantarte una semana siempre que el suelo ya esté tibio.
Preparación previa al trasplante
Endurecimiento o aclimatación
Antes de meter la lechuga al jardín, es esencial endurecerla durante 7‑10 días. Saca las bandejas al exterior en la mañana, colócalas a la sombra y deja que la planta se acostumbre al aire libre durante 2‑3 horas. Cada día aumenta la exposición, pasando al sol directo al mediodía en la última semana. Este proceso reduce el choque térmico y previene que las hojas se quemen cuando las pongas al pleno sol del huerto.
Suelo y maceta de destino
El lechuguero necesita un sustrato rico en materia orgánica y con buen drenaje. Mezcla la capa superficial con 3‑5 kg de compost por m² y agrega una capa de arena fina si el terreno es muy arcilloso. La textura ideal permite que el agua se infiltre sin encharcar, evitando que las raíces se pudran.
Si vas a usar macetas, elige recipientes de al menos 10‑12 litros de capacidad para una planta individual. Rellena con una mezcla de 50 % tierra de jardín, 30 % compost y 20 % perlita o vermiculita, lo que garantiza una aireación suficiente.
Riego previo
Riega las plántulas unas 2‑3 horas antes de sacarlas del semillero. El sustrato húmedo facilita la extracción del cepellón sin romper las raíces finas y minimiza el estrés al trasplantar. No dejes que el sustrato se seque totalmente, pero evita el encharcamiento.
Técnica de trasplante paso a paso
Materiales: pala pequeña o transplantador, regadera con pico fino, una horquilla de mano, y, si lo deseas, una malla ligera para proteger las plántulas del viento.
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Riega la plántula: Un par de horas antes de moverla, riega generosamente la bandeja para que el sustrato quede húmedo pero sin charcos.
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Haz el hoyo: En el huerto, cava un hoyo 12‑15 cm de profundidad y 15 cm de ancho. Para lechugas de hoja suelta, el hoyo no necesita ser muy profundo; basta con que la raíz principal quede a 2‑3 cm bajo la superficie.
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Extrae la plántula: Inclina suavemente la bandeja y presiona la base del contenedor con los dedos o con una cuchara plana. El cepellón debería deslizarse entero; no tires del tallo, porque romperías las raíces de absorción.
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Coloca en el hoyo: Sitúa el cepellón de modo que la corteza del cepellón quede al mismo nivel que la superficie del suelo. Si la lechuga es de tipo “cosecha temprana”, incluso puedes enterrar ligeramente la base del tallo (unos 2 cm) para favorecer el desarrollo radicular.
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Rellena y compacta: Añade tierra alrededor del cepellón, pulsando ligeramente con la mano para eliminar bolsas de aire. No compactes en exceso; basta con que la tierra quede firme pero suelta.
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Riega abundantemente: Usa una regadera y entrega 2‑3 litros de agua por planta. El riego inicial asienta la tierra y reduce el shock. Después, mantén la zona uniformemente húmeda durante los primeros tres o cuatro días.
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Protege del sol y viento: Si el día es soleado y caliente (más de 30 °C), coloca una malla ligera o una lámina de polietileno para crear sombra parcial durante las primeras 24‑48 horas. Un viento fuerte puede deshidratar rápidamente la plántula recién trasplantada, así que un protectorado de bambú o una cerca baja ayuda mucho.
Cuidados post‑trasplante
Durante la primera semana, riega a diario al amanecer, entregando suficiente agua para humedecer 5 cm de profundidad, pero sin encharcar. Pasado este periodo, puedes ir reduciendo la frecuencia a cada 2‑3 días, siempre que el clima no sea excesivamente seco. Evita fertilizar en las primeras 2‑3 semanas, pues las raíces todavía se están fijando y los nutrientes pueden quemar la planta.
En climas cálidos (Andalucía, Levante), una cubierta ligera de tela anti‑heladas también sirve como sombra y protege del viento. Sabrás que el trasplante ha sido exitoso cuando, a los 7‑10 días, veas nuevas hojas brotando y el color de la planta será un verde brillante, sin manchas amarillas ni marchitamiento.
Errores comunes al trasplantar lechugas
Trasplantar demasiado pronto: Si la plántula tiene menos de 4 hojas verdaderas o la temperatura del suelo está bajo 12 °C, el cepellón no está suficientemente desarrollado y la planta sufrirá estrés, dando como resultado hojas pequeñas y de mala calidad.
Esperar demasiado: Cuando las raíces empiezan a sobresalir por los agujeros del semillero, se enroscan y forman un “nudo” que dificulta la absorción de agua. Trasplantar en ese momento obliga a la planta a romper sus propias raíces, lo que ralentiza el crecimiento.
Olvidar el endurecimiento: Sacar una lechuga directamente de la cubierta al sol pleno provoca quemaduras en las hojas y choque térmico. El proceso de aclimatación de 7‑10 días es imprescindible, sobre todo en zonas de interior con gran diferencia de temperatura entre interior y exterior.
Daño por manipulación brusca: Tirar del tallo para extraer la planta rompe la delicada red de raíces finas. Lo correcto es presionar la base del contenedor o usar una cuchara para aflojar el sustrato antes de levantar el cepellón.
Plantado a profundidad incorrecta: Enterrar la corona demasiado profundo puede ahogar la planta; dejarla demasiado superficial favorece la desecación. Lo ideal es que la corteza del cepellón quede a nivel del suelo o, como máximo, 2 cm bajo él.
No regar después del trasplante: La falta de riego inmediato deja aire atrapado en el sustrato y provoca que la raíz se seque antes de establecerse. El riego abundante justo después de colocar la planta es el paso que asegura que el cepellón se “asiente”.
Conclusión
Trasladar la lechuga en el momento indicado—cuando tenga 4‑6 hojas verdaderas, la temperatura del suelo supere los 12‑15 °C y el riesgo de heladas haya desaparecido—es la clave para una cosecha abundante y de calidad. Endurece la planta, prepara un suelo bien drenado y rico en compost, y sigue el método paso a paso para evitar dañar las raíces. Con estos cuidados, tus lechugas crecerán vigorosas, aportarán hojas crujientes y harán que el huerto sea el orgullo del vecindario. ¡Manos a la tierra y a disfrutar de una lechuga fresca directamente de tu huerto!