Por qué mi lavanda tiene hojas amarillas y cómo solucionarlo
- 24 Nov, 2025
Ver tu lavanda con hojas amarillas es desconcertante, sobre todo cuando todo el resto de la planta sigue aromático y floreciendo. Ese amarillamiento es un síntoma que puede deberse a varios factores, desde el exceso de agua hasta una sombra excesiva. La buena noticia es que, con un diagnóstico sencillo, puedes revertir el problema en pocas semanas.
En las próximas líneas repasaremos las causas más habituales en climas mediterráneos como el de la zona de Valencia o Andalucía, y te daremos los pasos concretos para devolverle a tu lavanda el verde intenso y el perfume que la caracteriza.
Causas posibles del problema
1. Exceso de riego y drenaje insuficiente
El riego excesivo es la causa número uno en la mayoría de los huertos de lavanda del interior peninsular. Cuando el suelo mantiene humedad más de 30 % a una profundidad de 10 cm, las raíces se ahogan y aparecen manchas amarillas en las hojas más viejas. En la meseta central, donde los suelos arcillosos retienen agua, este error es frecuente.
2. Deficiencia de nitrógeno o hierro
Una falta de nitrógeno se manifiesta primero en las hojas inferiores que se tornan amarillo pálido y caen rápidamente. Si, además, el envero de las hojas jóvenes muestra vasos verdes y márgenes amarillos, es probable que la carencia sea de hierro (clorosis férrica). Los suelos graníticos de la sierra de Gredos suelen ser pobres en hierro disponible.
3. Falta de luz solar directa
La lavanda necesita al menos 6‑8 horas de sol pleno al día. En zonas con sombra persistente, como bajo viñedos en la ribera del Duero, las hojas adoptan un tono amarillento y la planta «se estira» en busca de luz (efecto espigado). La falta de radiación también ralentiza la producción de aceites esenciales, lo que afecta el aroma.
4. Plagas y enfermedades secundarias (mención breve)
- Pulgones: succionan savia y provocan amarillamiento local.
- Ácaros: dejan manchas diminutas y polvo blanco.
- Fusarium: hongo que produce amarillado en la base y marchitez.
Causas menos frecuentes
- Compactación del suelo por trabajo con maquinaria pesada.
- Quebradura de fertilizante: exceso de fósforo que bloquea la absorción de hierro.
- Salinidad en suelos costeros de la provincia de Cádiz.
Diagnóstico: cómo identificar la causa correcta
El primer paso es observar meticulosamente dónde aparecen las manchas amarillas:
- Hojas inferiores amarillas, superiores verdes → indica deficiencia de nitrógeno (nutriente móvil que la planta traslada a brotes jóvenes).
- Hojas jóvenes amarillas con nervios verdes → apunta a deficiencia de hierro.
- Amarillamiento general + hojas blandas → sugiere exceso de riego o mal drenaje.
- Plantas estiradas, pocas flores y hojas muy pálidas → falta de luz.
- Manchas con telaraña o insectos visibles → plaga (pulgón o ácaro).
A continuación, prueba la humedad del sustrato: inserta el dedo a 5 cm de profundidad. Si el suelo está húmedo al tacto, reduce el riego; si está seco y compacto, mejora la aireación añadiendo perlita o arena gruesa (30 % del sustrato).
Por último, revisa el pH con un kit casero. La lavanda prefiere un pH entre 6.5 y 7.5; valores por debajo de 5.5 favorecen la clorosis férrica.
Soluciones paso a paso
Si la causa es exceso de riego o drenaje deficiente
- Suspende el riego hasta que los primeros 10 cm del sustrato estén secos (aprox. 4‑5 días en climas cálidos).
- Mejora el drenaje añadiendo una capa de grava de 3 cm al fondo de la maceta o incorporando arena gruesa y perlita al suelo del huerto (30 % del volumen).
- Riega de forma profunda pero esporádica, aproximadamente 2 L por m² cada 10‑12 días, siempre controlando la humedad con el método del dedo.
- Observa mejora en 2‑3 semanas; las hojas nuevas deberían mantenerse verdes.
Si la causa es deficiencia de nitrógeno
- Aplica un fertilizante rico en nitrógeno (NPK 10‑5‑5 o 15‑5‑10). Disuelve 15 ml en 1 L de agua y riega la zona de la raíz.
- Repite la aplicación cada 15 días durante el periodo de crecimiento (abril‑julio).
- Alternativamente, incorpora compost maduro: esparce 2‑3 kg alrededor de la base y cubre ligeramente con tierra.
- Verás nuevas hojas verdes en 7‑10 días y una recuperación completa en 3‑4 semanas.
Si la causa es falta de hierro (clorosis férrica)
- Prepara una solución de sulfato ferroso: disuelve 5 g en 1 L de agua y riega la planta una vez por semana.
- Añade humus de lombriz (1 kg por 10 m²) para mejorar la retención de hierro en el suelo.
- Corrige el pH si está bajo 5.5, aplicando cal agrícola (50 g por m²) y vuelve a medir tras 30 días.
- Las hojas jóvenes recuperarán el verde en 10‑14 días; el amarillamiento de hojas viejas desaparecerá con la caída natural.
Si la causa es falta de luz
- Reposiciona la planta en un lugar con al menos 6‑8 horas de sol directo. En la zona costera de Almería, una exposición al sur es ideal.
- Si moverla no es posible, poda las plantas vecinas que le hacen sombra y elimina ramas bajas de árboles.
- En caso de cultivo bajo cubierta, instala una lámpara LED de cultivo (3000 K, 30 W por 1 m²) durante 12‑14 horas diarias.
- Las hojas viejas no volverán a verde, pero los nuevos brotes aparecerán sanos en 10‑14 días.
Si la causa son plagas (pulgones o ácaros)
- Rocía la planta con una mezcla de agua y jabón neutro (5 ml de jabón por 1 L de agua) cada 3‑4 días, cubriendo bien el envés de las hojas.
- Introduce coccinélidos (mariquitas) o ácaros depredadores como Amblyseius cucumeris, que se pueden comprar en viveros y son efectivos contra ácaros.
- En caso de infestación grave, aplica un insecticida ecológico de neem siguiendo la dosis del fabricante (generalmente 2 ml por litro).
- La población de plagas debería disminuir en una semana y la hoja recobrará su color en 10‑12 días.
Prevención futura
Para evitar que la lavanda vuelva a amarillear, adopta estas buenas prácticas:
- Riega con moderación: controla la humedad del sustrato antes de cada riego y evita el encharcamiento.
- Fertiliza de forma equilibrada: cada primavera incorpora compost y, si el suelo es pobre, un fertilizante NPK bajo en fósforo (10‑5‑5).
- Mantén una buena exposición solar: sitúa la planta en lugares soleados y revisa anualmente que no haya sombras nuevas por crecimiento de árboles.
- Mejora el drenaje añadiendo perlita o gravilla cada 3‑4 años, sobre todo en macetas.
- Vigila plagas cada 2 semanas, especialmente después de lluvias intensas, y actúa con tratamientos orgánicos antes de que se generalicen.
Cuándo preocuparse (y cuándo no)
Es normal que las hojas más viejas (las de la base) se tornen amarillas y caigan: la lavanda las sustituye por hojas nuevas. Sin embargo, preocupa si el amarillamiento se extiende a más del 30 % de la planta, si las hojas se ponen blandas, aparecen manchas marrones o la planta deja de florecer. En esos casos, actúa de inmediato siguiendo el diagnóstico y la solución correspondiente.
Conclusión
En la mayoría de los casos, las hojas amarillas en la lavanda se deben a exceso de riego, deficiencia de nitrógeno o hierro, o falta de luz. Identifica dónde aparecen los síntomas, verifica la humedad y el pH, y aplica la medida exacta que corresponda: ajustar el riego, fertilizar o reubicar la planta. Con estos ajustes, tu lavanda volverá a lucir verde y a perfumar el jardín en una o dos semanas. ¡A por ese aromático toque mediterráneo en tu huerto!