Olivo con pérdida de hojas: causas y soluciones efectivas
- 15 Nov, 2025
Ver que tu olivo vaya dejando caer hojas es desconcertante, sobre todo cuando el árbol sigue verde y con frutos. La pérdida de hojas es un síntoma que puede deberse a varios problemas, desde un riego inadecuado hasta carencias nutricionales o la presencia de plagas. Lo bueno es que, con un poco de observación y los ajustes correctos, puedes devolverle la vitalidad que necesita.
En este artículo vamos a desglosar las causas más habituales, enseñarte a diagnosticar la que afecta a tu olivo y ofrecerte soluciones paso a paso para que el árbol recupere su follaje en unas semanas.
Causas posibles del problema
1. Riego inadecuado (la causa más frecuente)
En la mayoría de los olivares españoles—desde Andalucía hasta Castilla-La Mancha—el riego excesivo o escaso provoca una pérdida de hojas visible en pocos meses. Cuando el suelo está demasiado húmedo, las raíces se ahogan, el oxígeno escasea y la planta comienza a abandonar sus hojas más viejas para ahorrar energía. Por otro lado, la falta de agua provoca estrés hídrico, que también lleva a la caída prematura del follaje, sobre todo en los meses más cálidos de julio‑agosto.
2. Deficiencia de nutrientes, sobre todo de nitrógeno y potasio
Los olivares que no reciben abonos orgánicos o fertilizantes equilibrados presentan hojas pálidas y una caída progresiva. El nitrógeno es esencial para la síntesis de clorofila; su carencia se traduce en hojas inferiores amarillentas que se caen. El potasio ayuda a regular la apertura estomática y la resistencia a sequías; su falta se manifiesta en bordes marrones y caída de hojas en la zona media del árbol.
3. Plagas y enfermedades del tronco o de la madera
En la Península, los pulgones, la cochinilla del olivo y el caracol del olivo son enemigos habituales. Alimentándose de la savia, provocan debilitamiento y, con el tiempo, la pérdida de hojas. Asimismo, la pudrición de la raíz causada por el hongo Phytophthora o la Escama del olivo pueden generar un amarillamiento generalizado y caída de hojas.
4. Estrés por temperaturas extremas o viento fuerte
Los olivares situados en zonas de alta montaña (Sierra de Gredos, Pirineos) pueden sufrir daño por heladas tempranas en noviembre o diciembre, lo que hace que las yemas y hojas jóvenes se marchiten y caigan. Asimismo, los vientos del noroeste en la costa atlántica pueden deshidratar las hojas rápidamente.
Otras causas menos frecuentes
- Mala aireación del suelo por compactación excesiva.
- Exceso de fertilizante rico en fósforo que bloquea la absorción de otros nutrientes.
- Daño mecánico al cortar ramas sin desinfectar herramientas.
Diagnóstico: cómo identificar la causa correcta
El diagnóstico comienza con una observación sistemática. Pregúntate:
- ¿Dónde aparecen las hojas caídas? Si son las más viejas en la base del árbol, probablemente sea una deficiencia de nitrógeno o una poda natural.
- ¿Cómo está el color de las hojas restantes? Hojas amarillentas con nervios verdes indican falta de nitrógeno; hojas con bordes marrones apuntan a escasez de potasio.
- ¿Cuál es la textura del suelo? Inserta el dedo a 10 cm: si está húmedo, baboso y con olor a tierra mojada, piensa en exceso de riego o pudrición de raíces. Si está duro y seco, la falta de agua o compactación son sospechas.
A continuación, usa la siguiente tabla “Si… entonces…” para afinar el diagnóstico:
| Síntoma | Probable causa | Acción de comprobación |
|---|---|---|
| Hojas inferiores amarillas, superiores verdes | Deficiencia de nitrógeno | Analiza la materia orgánica del suelo o aplica una prueba rápida de nitrógeno. |
| Hojas en todo el árbol amarillas y blandas | Exceso de riego o pudrición de raíces | Pincha la raíz principal; si está negra y blanda, confirma la pudrición. |
| Bordes de hoja marrones, caída rápida | Falta de potasio o daño por viento | Revisa la exposición al viento; si es bajo, añade fertilizante potásico. |
| Pequeños puntos blancos o melicortas en la corteza | Plagas (cochinilla, pulgón) | Examina la corteza con lupa; si ves insectos, procede a control biológico. |
| Descamación de la corteza y hojas caídas después de helada | Estrés por bajas temperaturas | Verifica la fecha de la última helada; protege el tronco con mantas térmicas. |
Una vez que hayas cruzado los datos, estarás listo para aplicar la solución adecuada.
Soluciones paso a paso
Si la causa es riego inadecuado
- Reduce la frecuencia: riega solo cuando los primeros 15 cm del suelo estén secos al tacto. En climas mediterráneos, esto suele equivaler a una vez cada 7‑10 días en verano y cada 15‑20 días en invierno.
- Mejora el drenaje: en macetas o parcelas con suelo arcilloso, incorpora 30 % de arena gruesa o perlita. En olivares establecidos, abre surcos de 30 cm de profundidad alrededor del tronco para que el agua fluya.
- Controla la humedad: usa un higrómetro de suelo o una varilla de madera; si el punto de humedad está por encima del 70 %, suspende el riego.
Los resultados se perciben en 2‑3 semanas: el follaje deja de caer y aparecen brotes nuevos.
Si la causa es deficiencia de nitrógeno o potasio
- Fertilizante rico en nitrógeno: disuelve 15 ml de fertilizante líquido NPK 10‑5‑5 en 1 litro de agua y ramifica alrededor de la base del árbol. Repite cada 30 días durante la primavera y el otoño.
- Aporte de potasio: emplea sulfato de potasio (K₂SO₄). Disuelve 10 g en 5 litros de agua y riega el árbol una vez al mes.
- Enmienda orgánica: incorpora 2‑3 kg de compost bien maduro por árbol en la primavera. El compost aporta nitrógeno de liberación lenta y mejora la estructura del suelo.
Tras 7‑10 días, observarás que las hojas jóvenes vuelven a un verde intenso y la caída se detiene.
Si la causa son plagas o enfermedades
- Control biológico de pulgones y cochinilla: rocía una solución de jabón potásico al 2 % (5 ml en 250 ml de agua) cada 7 días hasta que desaparezcan los insectos.
- Trampas de feromonas: colócalas a 2‑3 m del tronco para capturar adultas de la cochinilla del olivo. Cambia las trampas cada 30 días.
- Fungicida ecológico: si detectas manchas negras en la corteza, aplica extracto de ajo (30 ml en 1 litro de agua) cada 15 días. Alternativamente, usa cobre verde al 0,5 % en las zonas afectadas.
En caso de pudrición de raíz proveniente de Phytophthora, excava el árbol, poda raíces dañadas y riega con una solución de bicarbonato de potasio (1 kg en 100 l de agua) para mejorar la resistencia. La recuperación puede tardar 4‑6 semanas.
Si la causa es estrés por temperaturas o viento
- Protección contra heladas: cubre el tronco con fibras naturales o mantas térmicas durante la noche. Retira la cubierta al amanecer para evitar sobrecalentamiento.
- Barreras contra viento: planta setos de tomillo o lavanda a 2‑3 m del olivo; además de reducir el viento, aportan aromas que repelen algunos insectos.
- Riego de emergencia: después de una helada intensa, riega ligeramente (½ litro) para evitar que el árbol se deshidrate por la rama quebrada del hielo.
Con estas medidas, la caída de hojas suele detenerse en 10‑14 días.
Prevención futura
Para evitar que tu olivo vuelva a perder hojas, adopta buenas prácticas de cultivo:
- Fertiliza de forma equilibrada: una aplicación de abono orgánico en primavera y otra en otoño, complementada con fertilizante mineral cada 2‑3 meses si el suelo es pobre.
- Riego inteligente: controla la humedad y riega en profundidad, pero con menos frecuencia; un sistema de goteo con regulador de caudal es ideal.
- Mejora el suelo cada temporada añadiendo materia orgánica y arena gruesa si el terreno es arcilloso.
- Vigila plagas: revisa el tronco y la copa cada dos semanas, especialmente después de lluvias o ventiscas.
- Protege contra extremos climáticos: mantas térmicas para heladas y setos cortavientos para zonas expuestas al noroeste.
Cuándo preocuparse (y cuándo no)
Es normal que las hojas más viejas del olivo, situadas en la base del árbol, se vuelvan amarillas y caigan: el árbol las reemplaza por nuevas. Sin embargo, si el amarilleo se extiende a más del 30 % del follaje, se acompaña de marchitamiento, manchas marrones o presencia de insectos, significa que el problema es serio y necesita intervención inmediata.
Conclusión
La pérdida de hojas en el olivo suele deberse a riego inadecuado, deficiencias nutricionales o plagas. Diagnosticar con observación cuidadosa—localizando dónde aparecen las hojas caídas, analizando el color y revisando la humedad del suelo—te permite aplicar la solución correcta: ajustar el riego, fertilizar con nitrógeno y potasio, o controlar las plagas con métodos ecológicos. Con estos pasos, tu olivo recuperará su follaje en pocas semanas y seguirá produciendo aceitunas durante muchos años.