Tomate con frutos deformados: causas y soluciones efectivas
- 19 Oct, 2025
Ver que los tomates llegan a la mesa con forma irregular, agujeros o una piel engrosada genera frustración, sobre todo cuando el resto del cultivo parece estar bien. Si te preguntas por qué mis tomates salen deformados, lo primero es saber que ese síntoma puede deberse a varios factores: exceso o falta de agua, problemas nutricionales, temperaturas inadecuadas o alguna plaga silenciosa. La buena noticia es que, con un diagnóstico acertado, la solución suele ser rápida y sin recurrir a productos químicos agresivos.
En las distintas regiones de España el comportamiento del tomate varía: en la zona mediterránea (Valencia, Murcia) el calor extremo es frecuente, mientras que en la meseta central (Madrid, Castilla‑La Mancha) los cristales nocturnos pueden dañar los frutos. Por eso, identificar la causa que está detrás de la deformación es esencial antes de aplicar cualquier medida.
Causas posibles del problema
1. Fluctuaciones bruscas de temperatura (causa más frecuente)
En los tomates, la formación del fruto es muy sensible a los cambios térmicos entre el día y la noche. Cuando la temperatura diurna supera los 30 °C y en la noche baja por debajo de 12 °C, el tejido del fruto se contrae y se forman cicatrices, abultamientos o forma de “cucharilla”. Este fenómeno es típico en la Región de Murcia a finales de verano y en la Sierra de Gredos durante la primavera temprana, donde se registran variaciones de 15 °C entre ambas fases del día.
2. Riego irregular o exceso de humedad
El riego profundo pero poco frecuente favorece el desarrollo uniforme del tomate, mientras que riegos ligeros y constantes pueden provocar una absorción desigual de nutrientes y generar fracturas y manchas de agua en la piel. En la zona atlántica (Galicia, Asturias) la lluvia abundante combinada con riegos artificiales excesivos genera un ambiente húmedo que favorece la descomposición de la pared celular y, como consecuencia, los frutos aparecen arrugados o con huecos internos.
3. Deficiencia o exceso de calcio
El calcio es clave para la integridad de la pared celular. Cuando el suelo está bajo en calcio o el árbol absorbe demasiado nitrógeno, el calcio no llega a los frutos y aparecen puntos necróticos y deformaciones en forma de “pudín”. Esta condición, conocida como pudrición apical, es frecuente en terrenos arenosos de la Costa de Almería, donde el pH suele ser bajo y el calcio se escapa con el riego frecuente.
4. Plagas ocultas: Helicoverpa armigera y nematodos
Algunas plagas no dejan rastros visibles en la hoja pero sí alteran el desarrollo del fruto. La polilla del tomate (Helicoverpa armigera) perfora los ovarios y provoca cicatrices internas que aparecen como deformaciones externas. Los nematodos de la raíz (Meloidogyne spp.) reducen la absorción de agua y nutrientes, generando frutos distorsionados y de color pálido. Estas plagas son habituales en la meseta y en cultivos intensivos de la Cataluña.
Otras causas menos frecuentes
- Enfermedades fúngicas como la mancha de la antracnosis que deforman el fruto.
- Exceso de fertilizante nitrogenado que estimula un crecimiento vegetativo desproporcionado.
- Daño mecánico por viento fuerte durante la fase de engrosamiento del fruto.
Diagnóstico: cómo identificar la causa correcta
Para averiguar por qué mis tomates salen deformados, sigue una observación sistemática:
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Ubicación del síntoma
- Si los frutos presentan huecos o abultamientos en la zona del pedúnculo y el resto del cultivo está vigoroso, piensa primero en fluctuaciones térmicas.
- Si la deformación se acompaña de puntos oscuros y una superficie húmeda, revisa la humedad del suelo; un simple dedo a 5 cm de profundidad debe sentirse seco al tacto antes del riego.
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Aspecto de la piel y el interior
- Manchas necróticas amarillentas con bordes definidos indican deficiencia de calcio.
- Cicatrices finas en forma de “X” suelen ser la huella de la polilla del tomate.
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Condiciones del entorno
- Registra la temperatura máxima y mínima durante los últimos 7 días. En la Andalucía, una caída nocturna bajo 12 °C después de días de más de 33 °C es un indicio fuerte de daño térmico.
- En la meseta, comprueba si has usado fertilizante NPK 20‑10‑10 en exceso; el exceso de nitrógeno favorece la deformación por absorción desigual de calcio.
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Inspección de raíces y sustrato
- Desentierra ligeramente una planta y observa signos de nematodos: pequeñas protuberancias en las raíces o una textura pastosa.
- En suelos arcillosos, la falta de drenaje favorece la aparición de hongos y, por ende, de frutos deformados.
Tabla rápida de diagnóstico
Síntoma principal Señal distintiva Causa probable Huecos y abultamientos Sólo en la zona del pedúnculo Fluctuación térmica Piel arrugada, húmeda Suelo siempre mojado Riego excesivo Puntos amarillos con bordes nítidos Hoja joven sana, frutos afectados Deficiencia de calcio Pequeñas cicatrices en forma de “X” Presencia de larvas en fruto Polilla del tomate Deformación irregular + raíces blandas Raíces con nódulos Nematodos
Siguiendo estos pasos podrás acotar la causa en menos de 15 minutos, lo que te permitirá actuar rápidamente.
Soluciones paso a paso
Si la causa es fluctuación de temperatura
- Protege los frutos con mallas anti‑helio o cubiertas de fibra de poliéster durante las noches más frescas.
- Instala un temporizador de riego para que el suelo alcance una temperatura más estable; evita el riego nocturno cuando la temperatura baja de 12 °C.
- En zonas como Murcia, usa túneles de plástico con ventilación automática que mantenga la temperatura diurna entre 22‑28 °C.
- Resultado esperado: las deformaciones desaparecen en 10‑14 días y los frutos vuelven a crecer con forma uniforme.
Si la causa es riego irregular o exceso de humedad
- Reduce la frecuencia y riega solo cuando los 5 cm superiores del sustrato estén secos. En macetas, utiliza una mezcla 70 % tierra vegetal + 30 % perlita para mejorar el drenaje.
- Instala un medidor de humedad (sensor capacitivo) que indique el nivel óptimo (30‑45 % de humedad volumétrica).
- Mejora el drenaje añadiendo una capa de grava de 3 cm al fondo de los surcos y elimina el exceso de agua con guías de drenaje.
- Resultado esperado: los frutos que ya están deformados no mejorarán, pero los nuevos se desarrollarán normales en 2‑3 semanas.
Si la causa es deficiencia de calcio
- Aplica cal agrícola al suelo: 2 kg por cada 10 m², incorporándola al arado antes de la siembra.
- Riega con solución de sulfato de calcio: 5 g por litro de agua, una vez por semana durante la fase de cuajado.
- Utiliza fertilizante foliar rico en calcio (NPK 10‑5‑5 + Ca). Pulveriza 15 ml por m² cada 15 días.
- Resultado esperado: nuevas flores y frutos aparecen sin manchas en 7‑10 días, y la deformación se detiene.
Si la causa son plagas (polilla del tomate o nematodos)
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Polilla del tomate:
- Coloca trampas de feromonas en el interior del invernadero o del huerto.
- Aplica insecticida ecológico de neem a 5 ml/L cada 10 días durante la floración.
- Retira manualmente los frutos dañados y destrúyelos.
- Mejora la ventilación para que la temperatura nocturna no baje de 15 °C, ya que ello reduce la oviposición.
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Nematodos:
- Solariza el suelo en verano: cubre con manta negra durante 4‑6 semanas, elevando la temperatura a > 45 °C.
- Alterna cultivos con papa amarga o crotón que reducen la población nematódica.
- Aplica extracto de ajo (30 ml en 10 L de agua) como medida preventiva cada mes.
En ambos casos, los frutos que ya muestran deformación no se recuperarán, pero evitarás futuros daños y volverás a cosechar frutos de forma regular en 2‑3 semanas.
Prevención futura
Mantener los tomates en buen estado pasa por una gestión equilibrada del agua, nutrientes y clima. Algunas prácticas que te ayudarán a evitar los frutos deformados:
- Planifica el riego con sensores de humedad y ajusta según la evapotranspiración: en verano en la Costa del Sol riega cada 3‑4 días, mientras que en la meseta puedes espaciar a 7‑8 días.
- Enmienda el suelo cada otoño con 30 t / ha de compost y 2 t / ha de cal agrícola para estabilizar el pH y aportar calcio.
- Cubrir los cultivos con mallas anti‑helio o túneles de plástico durante picos de calor (> 35 °C) y noches frías (< 12 °C).
- Rotación de cultivos: alterna tomates con leguminosas (garbanzos, alubias) que fijan nitrógeno y reducen la presión de plagas.
- Control biológico: introducción de coccinélidos y nematodos benéficos para mantener bajo control a ácaros y nematodos patógenos.
Cuándo preocuparse (y cuándo no)
Es normal que algunos frutos presenten ligeras irregularidades al inicio del cuajado; esos pequeños “bultos” desaparecen a medida que el tomate madura. Sin embargo, preocúpate si observas:
- Más del 30 % de los frutos con deformaciones severas.
- Manchas negras que se extienden rápidamente.
- Reducción drástica del rendimiento (menos de 5 kg / m²).
- Presencia visible de larvas o nódulos en las raíces.
En esos casos, actúa de inmediato siguiendo las soluciones descritas; de lo contrario, el problema suele resolverse por sí mismo con buenas prácticas.
Conclusión
Los frutos deformados en tomate suelen deberse a fluctuaciones térmicas, riego inadecuado, falta de calcio o plagas. Identificar si el problema aparece en la piel, en la forma o bajo la superficie te guiará hacia la causa correcta. Con ajustes simples – proteger del frío/nocturno, regular el riego, aportar calcio y controlar plagas – tus tomates volverán a crecer redondos y jugosos en poco tiempo. No te desanimes: con observación y una buena rutina de cuidados, el huerto siempre da frutos de calidad.