Tomate con pudrición de frutos: causas y soluciones efectivas
- 07 Nov, 2025
Ver que los frutos de tomate se vuelven blandos, oscuros y con olor a humedad es frustrante, sobre todo cuando has dedicado tiempo y agua a su cultivo. ¿Por qué se pudren los tomates? La respuesta no siempre es una sola; suele haber varias causas que se combinan y que, si no se detectan a tiempo, terminan arruinando la cosecha. En este artículo te ayudo a identificar los motivos más habituales y a aplicar la solución adecuada, sin recurrir a químicos agresivos.
Causas posibles del problema
1. Infección por Phytophthora (pudrición del fruto)
Esta hongo es la causa más frecuente en zonas húmedas como Galicia, Cantabria o la zona atlántica de la Meseta. Aparece cuando la lluvia o el riego excesivo dejan la fruta en contacto prolongado con agua. Las manchas aparecen primero en la base del fruto y luego se expanden, volviéndose carrascosas y dando un olor a podredumbre.
Por qué ocurre: suelos con mal drenaje y temperaturas entre 15‑22 °C favorecen la germinación de zoosporas. Además, la falta de ventilación en racimos densos facilita la propagación.
2. Pudrición bacteriana (pseudomonas, xanthomonas)
Más típica en Andalucía y Murcia, donde el calor supera los 28 °C en verano. La bacteria entra por pequeñas heridas provocadas por la manipulación o por insectos como la mosca blanca. Los frutos infectados presentan manchas acuosas que rápidamente se vuelven negras y hunden la piel.
Por qué ocurre: riegos por aspersión en las horas más calurosas favorecen la dispersión de las bacterias, y la ausencia de cobertura vegetal protege menos el suelo de la evaporación rápida.
3. Exceso de riego y mal drenaje
En la meseta central (Madrid, Castilla‑La Mancha) muchos cultivos se riegan con mangueras de forma continua. Cuando el sustrato permanece húmedo 24 h, las raíces se asfixian y la planta dedica menos energía a la defensa, dejándo los frutos vulnerables a hongos y bacterias.
Señal típica: el sustrato está pegajoso al tacto y al pincharlo sale agua. Los frutos no presentan manchas visibles al principio, pero se ablandan en pocos días.
4. Deficiencia de calcio
Aunque menos frecuente, la clorosis del fruto aparece en suelos arenosos de la Comunidad Valenciana donde el calcio se lixivia con facilidad. Los tomates presentan manchas necróticas en el extremo del fruto, que luego se pudren.
Causas menos frecuentes
- Daño por insectos (pulgones que transmiten virus)
- Contaminación por fertilizantes nitrogenados en exceso que favorece el crecimiento de tejidos débiles
- Temperaturas muy bajas (< 10 °C) que ralentizan la maduración y permiten la invasión de patógenos
Diagnóstico: cómo identificar la causa correcta
El primer paso es observar dónde aparecen los síntomas y en qué condiciones del cultivo se desarrollan. Sigue este esquema:
- Manchas negras y hundidas en la base del fruto, con humedad evidente → Probable Phytophthora. Busca suelos con drenaje deficiente y verifica que la temperatura haya estado entre 15‑22 °C durante varios días de lluvia.
- Manchas acuosas que se vuelven negras rápidamente y aparecen después de manipular la planta → Pudrición bacteriana. Revisa si has regado con aspersores a plena luz del día.
- Frutos blandos sin manchas visibles, suelo constantemente húmedo → Exceso de riego o mal drenaje. Pincha 5 cm de profundidad; si el sustrato está mojado, la causa es el riego.
- Manchas amarillentas en el extremo del fruto y crecimiento débil → Deficiencia de calcio. Analiza el pH del suelo; valores por debajo de 6,0 favorecen la falta de calcio.
Una vez que hayas descartado una causa, pasa a la siguiente. Esta observación sistemática evita tratamientos innecesarios y ahorra tiempo y recursos.
Soluciones paso a paso
Si es Phytophthora (hongo)
- Mejora el drenaje: incorpora arena gruesa o perlita al sustrato (30 % del volumen). En huertos de suelo arcilloso, crea camellones elevados de 20‑30 cm de altura.
- Reduce el riego por aspersión y pasa a riego por goteo. Riega sólo cuando los primeros 5 cm de tierra estén secos, normalmente cada 3‑4 días en primavera.
- Aplica un fungicida ecológico a base de cobre (cobre fungicida 2 % protegido por la UE). Disuelve 5 g en 10 L de agua y rocía la planta a primera hora de la mañana. Repite cada 10‑12 días hasta que desaparezcan los síntomas.
- Elimina los frutos afectados inmediatamente, enterrándolos a 30 cm de profundidad para evitar que el hongo sobreviva.
Tiempo de mejora: verás reducción de nuevas manchas en 7‑10 días y la sanación completa del cultivo en 2‑3 semanas.
Si es pudrición bacteriana
- Interrumpe el riego por aspersión y riega temprano en la mañana con goteo o riego por surcos.
- Desinfecta las herramientas con una solución de vinagre blanco (10 %) o alcohol 70 % después de cada uso.
- Aplica un bactericida natural de azufre (1 kg en 100 L de agua) sobre el follaje y los frutos. Repite cada 7 días mientras persista la humedad.
- Podar los frutos infectados y los brotes cercanos, dejando espacio de al menos 15 cm entre plantas para mejorar la circulación del aire.
Recuperación: los frutos sanos dejan de deteriorarse en 5‑7 días; sin embargo, la producción total puede bajar un 20 % esa temporada.
Si es exceso de riego o mal drenaje
- Detén el riego durante 2‑3 días y verifica la humedad con un higrómetro de suelo; la lectura ideal es 40‑60 % de humedad.
- Airear la tierra: inserta un rastrillo de jardín de 30 cm de profundidad y suelta el sustrato. En macetas, cambia a sustrato mixto de 50 % tierra de jardín, 30 % perlita, 20 % compost.
- Instala drenajes: en huertos, cava zanjas de 15 cm de profundidad alrededor de cada fila, rellenándolas con grava y cubriéndolas con malla geotextil.
- Riega por goteo, ajustando el caudal a 2‑3 L por m² al día en verano, reduciendo a la mitad en otoño.
Efecto esperado: el suelo recupera su estructura y las raíces vuelven a oxigenarse en 10‑14 días, evitando futuros brotes de pudrición.
Si es deficiencia de calcio
- Aplica cal agrícola (cal dolomítica) 2 kg por m² al final del otoño, incorporándola al suelo.
- Riega con una solución de calcio: disuelve 15 g de carbonato de calcio en 20 L de agua y rocía la base de la planta cada 15 días durante la fase de crecimiento.
- Añade harina de hueso (10 g / l) al fertilizante regular, garantizando al menos 150 mg de Ca por kg de sustrato.
- Mantén el pH entre 6,5‑7,0 para una mejor absorción del calcio, corrigiendo con cal si es necesario.
Resultado: los frutos nuevos presentan piel más firme y menos manchas en 2‑3 semanas.
Prevención futura
Para que los tomates no vuelvan a presentar pudrición de frutos, sigue estos hábitos sencillos:
- Fertiliza de forma equilibrada cada primavera y otoño con compost o fertilizante 4‑3‑3. Evita los fertilizantes ricos sólo en nitrógeno, que debilitan la pared celular del fruto.
- Controla el riego con sensores de humedad o la técnica del “dedo”: si los primeros 5 cm están secos, es momento de regar.
- Planta en suelos bien drenados y eleva los surcos en terrenos pesados. En climas atlánticos, utiliza láminas de polietileno bajo la cama de cultivo para evitar el encharcamiento.
- Ventila los racimos: poda hojas inferiores y elimina los frutos que estén muy tapados para que el aire circule libremente.
- Rotación de cultivos: evita sembrar tomate en el mismo sitio durante más de 2 años consecutivos; alterna con leguminosas o hortalizas de raíz.
Cuándo preocuparse (y cuándo no)
Es normal que los tomates más viejos en los bordes del racimo se pongan blandos y caigan al final de la cosecha; se trata de la senescencia natural. En cambio, si observas que más del 30 % de los frutos presentan manchas negras, un olor a humedad y la planta muestra hojas marchitas o amarillentas, el problema es serio y requiere acción inmediata. Igualmente, si la pudrición avanza rápido después de una lluvia intensa, no esperes a que el daño se extienda: actúa con los tratamientos descritos antes de que llegue la siguiente ola de calor.
Conclusión
Los tomates se pudren cuando el ambiente favorece hongos o bacterias, cuando el riego es inadecuado o cuando el suelo carece de calcio. Detectar la causa implica observar la ubicación de las manchas, el estado del suelo y la climatología de tu zona, ya sea la meseta central, la costa atlántica o la Mediterráneo. Con los pasos correctos —mejorar el drenaje, ajustar el riego, aplicar fungicidas o bactericidas ecológicos y corregir el calcio— tu huerto volverá a producir tomates firmes y sabrosos en pocas semanas. ¡Ánimo, que con un poco de atención tu cosecha será todo un éxito!