Tomate con pudrición de raíces: causas y soluciones efectivas

Tomate con pudrición de raíces: causas y soluciones efectivas

Ver tus tomates con hojas amarillas y tallos marchitos a causa de una pudrición de raíces es una de esas frustraciones que aparecen después de haber invertido tiempo y agua. Lo peor es que, a menudo, el síntoma se percibe demasiado tarde y el daño ya está avanzado. La buena noticia es que la pudrición de raíces en tomates tiene causas identificables y soluciones prácticas que puedes aplicar de inmediato. En este artículo descubrirás las razones más habituales, cómo diferenciarlas y qué medidas tomar para salvar tu cultivo, sin recurrir a químicos fuertes.


Causas posibles del problema

1. Exceso de riego o mal drenaje (causa más frecuente)

El riegos excesivo mantiene el sustrato constantemente húmedo, privando a las raíces de oxígeno. Cuando el agua se acumula, las paredes de la raíz se ablandan y los hongos oportunistas, como Phytophthora o Pythium, colonizan el tejido. En zonas como Andalucía o la Meseta central, donde el verano es seco pero los riegos se hacen a diario, esta causa es la número uno. Identifícala si las hojas se vuelven amarillas por toda la planta, el sustrato huele a humedad y al extraer una raíz ves que está blanda y de color marrón.

2. Patógenos fúngicos (Phytophthora, Pythium, Fusarium)

Los hongos del género Phytophthora son los responsables clásicos de la pudrición de raíces. Aparecen cuando el suelo está húmedo y cálido, típicamente entre 15 °C y 25 °C. En la costa mediterránea, con lluvias de primavera y veranos calurosos, la combinación propicia su desarrollo. La señal distintiva es una pérdida rápida de vigor, tallos que se vuelven acuosos y manchas oscuras justo en la base del tallo. Si el sustrato está bien drenado pero la planta sigue decayendo, sospecha una infección fúngica.

3. Suelo compactado o falta de aireación

Un suelo pesado y arcilloso sin suficiente materia orgánica retiene agua y dificulta la circulación de oxígeno. En la zona de Castilla‑La Mancha, donde el suelo suele ser calizo y denso, la compactación es frecuente. Las raíces se ahogan y aparecen síntomas similares al exceso de riego, pero el sustrato no está empapado; al tocarlo está seco en la superficie y duro al fondo. Si los tomates crecen en macetas pequeñas sin añadiendo perlita, el problema suele ser la falta de aireación.

4. Temperaturas extremas y cambios bruscos

Los tomates son sensibles a fluctuaciones térmicas. Cuando la temperatura del suelo supera los 30 °C durante varios días, la raíz sufre estrés y se vuelve más vulnerable a los hongos. En la zona de Málaga y el Algarrobo las noches pueden ser frescas pero los días muy calurosos, creando el escenario perfecto para la pudrición. Observa si la planta se debilita justo después de una ola de calor.

Otras causas menos frecuentes

  • Daño por herbicidas (exceso de glifosato) que irrita la raíz.
  • Nematodos que perforan las raíces y facilitan la entrada de patógenos.
  • Contaminación del sustrato con restos de plantas enfermas al trasplantar.

Diagnóstico: cómo identificar la causa correcta

El diagnóstico empieza por una observación sistemática. Pregúntate dónde aparecen los síntomas y cuál es el estado del sustrato. A continuación, sigue esta tabla práctica:

Síntoma observadoProbable causaQué comprobar
Hojas amarillas en toda la planta, tallos acuososExceso de riego / mal drenajeSumerge el dedo 5 cm en el suelo; si está mojado al tacto, reduce el riego.
Manchas negras en la base del tallo, rapidez en la caída del vigorPatógenos fúngicos (Phytophthora)Temperaturas del suelo entre 15‑25 °C y humedad alta. Usa una lupa para ver hifas blancas.
Suelo duro, superficie seca, raíces blandas al excavarSuelo compactado / falta de aireaciónPalpa el sustrato: si está rígido y con poca caída, añade materia orgánica y perlita.
Decaimiento después de ola de calor (>30 °C)Temperaturas extremasRegistra la temperatura del suelo con termómetro de jardín.

Una vez que hayas localizado la coincidencia, pasa a revisar el estado de las raíces. Desentierra con delicadeza una planta y observa si aparecen manchas marrones y consistencia esponjosa (indicador de pudrición). Si las raíces están blancas y firmes, probablemente el problema sea riegos inadecuados más que un patógeno.


Soluciones paso a paso

Si la causa es exceso de riego o drenaje deficiente

  1. Detén el riego inmediatamente. Deja que la capa superior (5 cm) se seque antes de volver a regar.
  2. Mejora el drenaje: en macetas, haz agujeros extra y rellena el sustrato con 30 % de perlita o arena gruesa. En el huerto, crea surcos de 15 cm y cubre con una capa ligera de grava.
  3. Aplica un fertilizante de bajo nitrógeno (NPK 5‑10‑10) a razón de 10 ml por litro de agua, cada 20 días, para estimular el rebrote sin sobrecargar la raíz.
  4. Observa la recuperación: en 7‑10 días deberías ver hojas nuevas de color verde brillante y un ritmo de crecimiento más estable. Si la pudrición persiste, pasa a la siguiente causa.

Si la causa son patógenos fúngicos

  1. Retira las plantas más afectadas y deséchalas (no las tires al compost).
  2. Desinfecta el sustrato: hornea el suelo en bandejas a 90 °C durante 30 min o, si es al aire libre, solarízalo bajo plástico negro durante 2 semanas bajo sol intenso (más de 30 °C).
  3. Aplica un agente de control biológico: Trichoderma harzianum en forma de polvo, 5 g por m², mezclado al riego. Es eficaz contra Phytophthora y Pythium.
  4. Introduce un fungicida ecológico de neem: diluye 15 ml de extracto de neem por litro de agua y rocía la zona de la base cada 10 días durante 3 aplicaciones.
  5. Mejora la ventilación: si cultivas bajo cubierta, abre ventanales para reducir la humedad relativa al <70 %.
  6. Tiempo de mejora: los síntomas comienzan a disminuir en 12‑15 días, y la planta recobraría vigor en 3‑4 semanas si las raíces no están gravemente dañadas.

Si la causa es suelo compactado o falta de aireación

  1. Airea el sustrato: con una horquilla de jardín, abre surcos de 10 cm cada 30 cm y mezcla 2 kg de compost bien descompuesto por .
  2. Incorpora perlita o fibra de coco: añade 25 % al sustrato original, lo que aumentará la porosidad y permitirá la circulación del aire.
  3. Evita la compactación futura: cubre el suelo con paja o acolchado de hojas secas para proteger la superficie y reducir el impacto de la lluvia.
  4. Revisa el riego: tras el enmiendo, vuelve a regar solo cuando los 5 cm superiores estén secos.
  5. Resultado esperado: el proceso de recuperación se manifiesta en 10‑14 días, con aparición de nuevas raíces blancas y hojas más firmes.

Prevención futura

  • Riego inteligente: usa un medidor de humedad o una regla de dedo; riega solo cuando los primeros 5 cm del sustrato estén secos. En clima mediterráneo, la regla general es una vez por semana en primavera y otoño, y cada 3‑4 días en verano si la temperatura supera los 28 °C.
  • Drenaje permanente: en macetas, siempre coloca una capa de grava de 2 cm en el fondo y emplea sustratos que incluyan perlita o vermiculita.
  • Rotación de cultivos y buen sustrato: alterna la ubicación del tomate con leguminosas (garbanzos, lentejas) que aportan nitrógeno y mejora la estructura del suelo.
  • Control biológico continuo: aplica Trichoderma cada temporada al inicio del cultivo y mantén el extracto de neem como medida preventiva cada 15 días.
  • Ventilación y cobertura: si trabajas bajo invernadero, instala ventilación cruzada y mantén la cubierta del suelo con acolchado para evitar la condensación.

Cuándo preocuparse (y cuándo no)

Es normal que las raíces jóvenes de los tomates se vuelvan ligeramente más claras al crecer; sin embargo, si observas manchas negras en la base del tallo, raíces blandas al excavar y una caída de vigor que afecta a más del 30 % de la planta, el problema ya es serio y necesita intervención inmediata. Por otro lado, una o dos hojas amarillas en la parte inferior pueden ser parte del ciclo natural de renovación y no requieren acción. Si la pudrición avanza rápidamente, con hojas que se marchitan en 48 h, actúa sin demora para evitar la pérdida total del cultivo.


Conclusión

La pudrición de raíces en tomates suele deberse a exceso de riego, infecciones fúngicas o suelo compactado, y cada una tiene señales distintivas que puedes observar fácilmente. Con el diagnóstico adecuado –mirando dónde aparecen los síntomas, comprobando la humedad del sustrato y la temperatura del suelo– podrás aplicar la solución correcta: ajustar el riego, emplear controles biológicos o mejorar la aireación del suelo. La mayoría de los problemas se resuelven en 1‑3 semanas si actúas a tiempo, y con buenas prácticas de prevención, tus tomates volverán a crecer vigorosos y productivos. ¡Manos a la obra y que la cosecha sea abundante!