Vid con hojas marrones: causas y soluciones efectivas

Vid con hojas marrones: causas y soluciones efectivas

Ver tus vides con hojas marrones puede dar la sensación de que todo el esfuerzo de la vendimia está en juego. Es un síntoma que aparece en muchas denominaciones de origen españolas, desde la Ribera del Duero hasta Cataluña, y suele deberse a problemas que, aunque parezcan complejos, tienen solución con un diagnóstico adecuado. En este artículo te explico las causas más habituales, cómo identificarlas y qué hacer paso a paso para que tus cepas vuelvan a lucir hojas verdes y vigorosas.


Causas posibles del problema

1. Falta de agua (sequía) – la causa más frecuente

Cuando el riego es insuficiente, la vid reacciona cerrando los estomas y reduciendo la fotosíntesis. Las hojas jóvenes aparecen con margen marrón y, a medida que avanza la sequía, el daño se extiende al látex interior. En regiones como Andalucía o la Extremadura, donde los veranos superan los 30 °C y las precipitaciones son escasas, la falta de agua es la principal culpable.

2. Exceso de nitrógeno – fertilización desbalanceada

Muchos viticultores aplican fertilizantes nitrogenados para estimular el crecimiento vegetativo, pero un exceso provoca un follaje denso y débil. Las hojas se vuelven pálidas y, al final, presentan manchas marrones en los bordes, porque el exceso de nitrógeno reduce la capacidad de la planta para absorber otros minerales esenciales, como el potasio. Esta situación es típica en viñas jóvenes de la Rioja que se manejan con técnicas intensivas.

3. Enfermedades fúngicas – oídio y mildiu

Los hongos como Erysiphe necator (oídio) y Plasmopara viticola (mildiu) atacan la superficie foliar cuando la humedad relativa supera el 80 % y la temperatura ronda entre 18 y 24 °C. En la zona atlántica de Galicia y el norte de Castilla y León, las lluvias de primavera favorecen la aparición de manchas marrones cubiertas por una fina capa pulverulenta (oídio) o por una mucosidad amarillenta (mildiu).

4. Deficiencia de potasio (K) – síntoma de “senescencia prematura”

El potasio regula la apertura de estomas y la distribución de azúcares. Cuando el suelo es argiloso y poco permeable, como ocurre en algunas parcelas de la Denominación de Origen Calificada (DOC) Rioja, la absorción de K disminuye. Las hojas más viejas se vuelven marrones y se caen antes de tiempo, mientras que el resto del cultivo parece vigoroso.

Otras causas menos frecuentes

  • Daño por herbicidas arrastrados por el viento.
  • Quemaduras solares en viñas sin sombra parcial en laderas orientadas al sur.
  • Plagas como la cochinilla de la vid que succiona savia y genera clorosis y necrosis marrón.

Diagnóstico: cómo identificar la causa correcta

El primer paso es observar detenidamente la distribución del daño.

  • ¿Dónde aparecen las manchas? Si solo afectan a las hojas más viejas del tronco, sospecha deficiencia de potasio o senescencia natural.
  • ¿El margen de la hoja está quemado y seco? Probable sequía; comprueba la humedad del sustrato introduciendo el dedo a 5 cm de profundidad.
  • ¿Ves una capa pulverulenta blanca o una sustancia aceitosa? Indicios claros de oídio o mildiu, respectivamente.
  • ¿Las hojas jóvenes son de color verde‑claro con bordes marrones? Es señal de exceso de nitrógeno.

A continuación, revisa el estado del suelo. En los viñedos de la Ribera del Duero, la tierra suele ser calcárea y bien drenada; si notas que retiene agua, el problema podría ser exceso de riego o mal drenaje que favorece hongos.

Por último, examina el envés de la hoja con una lupa. Los esporangios del mildiu aparecen como manchas amarillentas bajo la hoja, mientras que el oídio forma una pelusa blanquecina. Esta observación te permitirá distinguir entre una causa fisiológica (nutrientes, agua) y una causa patógena (hongos, plagas).


Soluciones paso a paso

Si la causa es falta de agua

  1. Riega profundamente cuando la capa superior (los primeros 10 cm) esté seca al tacto.
  2. Aplica riegos de 30 L por planta en viñas a 1,5 m de separación, preferiblemente en la madrugada para minimizar la evaporación.
  3. En suelos arcillosos, incorpora 20 % de arena gruesa o perlita para mejorar la retención y al mismo tiempo evitar encharcamiento.
  4. Verás mejoría en 5‑7 días; las hojas nuevas volverán a verde intenso.

Si la causa es exceso de nitrógeno

  1. Suspende la aplicación de fertilizantes nitrogenados durante 4‑6 semanas.
  2. Aplica fertilizante completo con una proporción N‑P‑K = 4‑6‑8 (más potasio que nitrógeno) a razón de 150 g por cada 100 L de agua.
  3. Distribuye la solución una vez al mes en la zona radicular (aprox. 30 cm de radio).
  4. Complementa con corte de brotes débiles para equilibrar la carga vegetal.
  5. En 10‑14 días las hojas dejarán de presentar bordes marrones y recuperarán vigor.

Si la causa es una enfermedad fúngica

  1. Elimina y destruye las hojas gravemente afectadas para reducir la fuente de esporas.
  2. Aplica un fungicida ecológico a base de cobre (sulfato cuproso) disuelto a 2 g/L; rocía cada 7‑10 días mientras dure la fase húmeda (primavera‑verano).
  3. Mejora la circulación del aire podando vigorosamente los racimos y manteniendo una distancia mínima de 30 cm entre filas.
  4. En caso de oídio, combina el cobre con sulphur (azufre) en polvo, aplicando 3 g/m² al momento del primer brote.
  5. Las hojas nuevas deberían crecer sin manchas después de 2‑3 semanas de tratamiento continuo.

Si la causa es deficiencia de potasio

  1. Distribuye cálcico‑potásico (p.ej., cloruro de potasio) a 200 g/m² en la zona radicular antes del inicio de la primavera.
  2. Alternativamente, incorpora abonos orgánicos ricos en potasio como harina de hueso o cáscara de plátano (50 kg/ha).
  3. Riega moderadamente para disolver el fertilizante y evitar la salinidad.
  4. La recuperación de la coloración verde ocurre en 10‑14 días, aunque la caída de hojas viejas puede tardar un poco más.

Prevención futura

  • Riego inteligente: usa sensores de humedad o el método del “dedo” para regar solo cuando la capa superior esté seca.
  • Fertilización equilibrada: aplica un fertilizante con una proporción N‑P‑K ≈ 4‑6‑8 y complementa con compost maduro (2‑3 kg por planta) cada otoño.
  • Control de humedad: en zonas lluviosas como Galicia, instala coberturas contra el exceso de agua (telas anti‑húmedo) y mejora el drenaje con grava o arena.
  • Poda preventiva: mantén una buena ventilación podando ramas interiores cada invierno.
  • Monitorización periódica: revisa las hojas cada 2‑3 semanas y anota cualquier cambio de color o textura; la detección temprana ahorra tratamientos intensivos.

Cuándo preocuparse (y cuándo no)

Es normal que las hojas más viejas de la vid se tornen ligeramente marrones y caigan al cabo de la temporada, ya que la planta las reemplaza por ramas nuevas. Sin embargo, si observas que el amarilleo o enrojecimiento se extiende a más del 30 % de la copa, se acompaña de marchitez, manchas negras o pérdida de vigor general, es señal de un problema serio que requiere intervención inmediata. En esos casos, actúa siguiendo los pasos descritos arriba sin demora.


Conclusión

Las hojas marrones en la vid suelen deberse a sequía, exceso de nitrógeno, enfermedades fúngicas o deficiencia de potasio. Identificar el patrón de daño y el estado del suelo te permite escoger la solución adecuada: ajustar el riego, equilibrar la fertilización, aplicar un fungicida ecológico o aportar potasio. Con un diagnóstico acertado y las medidas correctivas, tu viña volverá a lucir hojas verdes y vigorosas en pocas semanas, lista para una cosecha saludable. ¡Ánimo, que con observación y buen manejo la vid se recupera rápido!