Cultivo de nabos: Guía Completa Paso a Paso
- 22 Oct, 2025
1. Introducción
Cultivar nabos en casa es una de esas pequeñas victorias que hacen que el huerto cobre sentido. En la tradición gastronómica española el nabo aparece en platos como el cocido madrileño o la sopa de ajo, y su sabor ligeramente dulce‑terroso lo convierte en un aliado perfecto tanto en guisos como en ensaladas de primavera.
Aunque el cultivo de nabos se considera fácil‑media, requiere algunos cuidados específicos de tiempo y suelo para que los tubérculos alcancen buen tamaño y buena textura. En esta guía completa descubrirás, paso a paso, cómo preparar el terreno, cuándo sembrar, qué variedad elegir, cómo controlar plagas y, por supuesto, cuándo y cómo cosechar para disfrutar de nabos crujientes y sabrosos directamente de tu huerto.
2. Requisitos de cultivo
Clima y temperatura
Los nabos son una hortaliza de clima templado, toleran bien heladas ligeras pero no soportan temperaturas extremas. El rango térmico óptimo para su desarrollo está entre 10 °C y 18 °C. En la zona mediterránea (Andalucía, Levante) se pueden sembrar en otoño para cosechar en primavera, mientras que en la meseta central (Madrid, Castilla) es mejor iniciar en primavera. En áreas atlánticas (Galicia, Asturias) el nabos prospera durante todo el otoño e invierno, siempre que el suelo no se inunde.
Luz solar
Requiere 6‑8 horas de sol directo al día. En zonas con lluvias abundantes, como el norte, procura ubicar la parcela en el lado sur de la finca para maximizar la exposición solar.
Suelo
Prefiere suelos francos, bien drenados y ricos en materia orgánica. El pH ideal está entre 6.0 y 6.8; si el suelo es más ácido, añade cal agrícola (unos 2 kg por 10 m²) y, si es alcalino, incorpora azufre elemental. Un buen drenaje evita que los tubérculos se pudran; si el terreno es arcilloso, mejora la estructura con arena gruesa y 3‑5 kg de compost por metro cuadrado.
Espacio y profundidad
Los nabos forman una roseta de hojas y un tubérculo que se desarrolla a 10‑15 cm de profundidad. Plántalos a una distancia de 20‑25 cm entre plantas y 30 cm entre filas para favorecer la circulación del aire y evitar la competencia por nutrientes. Son aptos para macetas de 20‑30 l siempre que el sustrato sea ligero y bien drenado.
3. Siembra o plantación
Cuándo sembrar/plantar
En la zona mediterránea la siembra se hace entre octubre y noviembre (para cosecha primavera) o entre febrero y marzo (cosecha verano). En la meseta es recomendable sembrar de marzo a abril y en la zona atlántica el periodo óptimo es noviembre‑diciembre o febrero‑marzo. La temperatura del suelo debe haber superado los 8 °C antes de sembrar; con un termómetro de sonda puedes comprobarlo con facilidad.
Siembra de semillas (semillero)
El nabo se siembra directamente en el campo porque la semilla es grande y germina rápido. Haz surcos poco profundos de 2‑3 cm, separa las hileras 30 cm y esparce las semillas a 5‑7 cm de distancia. Cubre ligeramente con tierra fina y riega con un chorro fino para no desplazar las semillas. La germinación ocurre en 5‑10 días a 12‑15 °C.
Trasplante (si se usa semillero)
Rara vez se trasplanta el nabo, pero si decides producir plántulas en bandejas, deberás transplantar cuando las plántulas tengan 2‑3 pares de hojas verdaderas y el riesgo de helada haya pasado (mínimo 10 °C nocturnos). Desentierra con cuidado y coloca la planta a la misma profundidad que la semilla original, rellenando con tierra suelta.
Plantón directo (alternativa)
Comprar plantones en viveros es práctica para evitar la germinación en suelo frío. Busca plantones con raíces bien desarrolladas y hojas sin manchas. Plántalos siguiendo la misma distancia de 20‑25 cm y riega abundante la primera semana para favorecer el arraigo.
4. Cuidados durante el cultivo
Riego
Los nabos necesitan un riego regular pero sin encharcar. En la fase germinativa, aplica 2‑3 l por m² cada 2 días. Una vez que los tubérculos aparecen, aumenta a 4‑5 l por planta cada 3‑4 días en clima cálido; si el suelo está cubierto con acolchado de paja o hierba, la frecuencia puede reducirse a cada 5‑6 días. Evita regar en la hora de más calor (entre 12 h y 16 h) para minimizar la evaporación y el riesgo de quemaduras en las hojas. Señales de exceso de riego son hojas amarillas y tubérculos blandos; la falta se manifiesta con hojas marchitas y raíces poco desarrolladas.
Fertilización
Aporta un fertilizante equilibrado 10‑10‑10 al momento de la siembra: 30 g por m² disuelto en el riego de cobertura. Cuando los nabos empiezan a engrosarse (aprox. 30 días después), complementa con un fertilizante rico en potasio 5‑10‑15: 20 g por m² cada 3‑4 semanas. Si utilizas compost, incorpora 2‑3 kg por m² al arar el suelo antes de sembrar; esto aporta nitrógeno gradual y mejora la estructura.
Entutorado/Soporte
En la mayoría de los casos el nabo no necesita tutores, pero en suelos muy fértiles o en variedades de hoja grande (por ejemplo, ‘Blanco Ribagorzano’) las hojas pueden alargarse y doblarse. Si es necesario, instala palillos de bambú a 30 cm de altura y sujétalos suavemente con una cinta de rafia para evitar dañar el tallo.
Poda y mantenimiento
Mantén la roseta despejada de hojas dañadas o enfermas; corta esas hojas con unas tijeras esterilizadas para reducir la humedad en la base y prevenir enfermedades fúngicas. Si notas que las hojas están muy densas, adelgaza ligeramente, dejando 15 cm entre las ramas principales para mejorar la circulación del aire.
Control de malas hierbas
El acolchado es la mejor arma contra las hierbas competidoras. Extiende una capa de paja o corteza de pino de 5‑8 cm sobre el suelo alrededor de cada planta. Además, realiza escarda manual cada dos semanas, arrancando las malezas con la mano o con una paleta de jardinería. Evita el uso de herbicidas químicos que alteren la microbiota del suelo y puedan afectar el sabor del nabo.
Manejo de temperatura y protección contra heladas
En zonas de la meseta donde la madrugada puede bajar a 2‑3 °C, cubre la parcela con una manta anti‑helada o una lona ligera después de la cosecha de otoño. Esta medida protege las raíces y evita que los tubérculos se vuelvan necróticos antes del tiempo de cosecha.
5. Calendario de cultivo regional
Zona mediterránea / sur (Andalucía, Murcia, Valencia)
- Siembra: octubre‑noviembre (para cosecha primavera) o febrero‑marzo (cosecha verano).
- Trasplante: no necesario, siembra directa.
- Cosecha: marzo‑junio (cosecha de otoño‑invierno) o julio‑octubre (cosecha de primavera‑verano).
- Ciclo total: 90‑120 días desde la siembra hasta la cosecha.
Zona interior / meseta (Madrid, Castilla y León, Aragón)
- Siembra: marzo‑abril (cuando la tierra supera 8 °C).
- Trasplante: opcional, si se emplean plántulas de vivero en mayo.
- Cosecha: julio‑septiembre, con posible extensión hasta octubre si el riego se mantiene estable.
- Ciclo total: 110‑130 días.
Zona atlántica / norte (Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco)
- Siembra: noviembre‑diciembre (cosecha en primavera) o febrero‑marzo (cosecha de verano).
- Trasplante: rara vez necesario.
- Cosecha: abril‑junio (para la siembra de otoño) o agosto‑octubre (para la siembra de primavera).
- Ciclo total: 120‑140 días, con la ventaja de que el clima húmedo favorece una raíz más uniforme.
6. Problemas comunes y soluciones
Plagas
- Pulgón del nabo: Pequeños insectos verdes que se agrupan en los brotes jóvenes. Solución rápida: rocía con jabón potásico al 2 % cada 5‑7 días o introduce coccinélidos (mariquitas) que se alimentan de ellos.
- Caracoles: Activos en noches húmedas, crean agujeros en las hojas. Usa barreras de cáscara de huevo triturada alrededor de la planta o coloca trampas de cerveza enterradas a medio nivel.
Enfermedades
- Mildiu (Plasmopara parasitica): Manchas amarillentas que se expanden y se vuelven necróticas bajo la hoja. Prevención: riega al pie y evita mojar el follaje; mejora la ventilación con un espaciamiento mayor. Tratamiento: cobre oxidado en polvo a razón de 3 g por m², aplicado cada 10‑15 días.
- Podredumbre del cuello: Aparece cuando el suelo está demasiado húmedo y el tubérculo se vuelve blando. Solución: mejora el drenaje añadiendo arena gruesa y reduce el riego en la fase de maduración; si el daño ya está presente, retira los nabos afectados para evitar la propagación.
Problemas fisiológicos
- Carencia de nitrógeno: Hojas amarillentas y crecimiento retardado. Aplica fertilizante nitrogenado 20‑10‑10 a razón de 25 g por m² y complementa con compost.
- Agrietado del tubérculo: Causado por riegos irregulares o cambios bruscos de temperatura. Mantén riego constante y protege la zona con acolchado para evitar la evaporación rápida del suelo.
7. Cosecha
Los nabos están listos para ser cosechados cuando el tubérculo alcanza 10‑12 cm de largo y 5‑7 cm de diámetro, y la piel está tersa al tacto. Puedes probar la madurez insertando ligeramente el dedo pulgar en la zona del cuello; si la carne cede sin romperse, el nabo está en su punto. Corta la planta a nivel del suelo con una azadilla o cuchillo de hoja larga, dejando unos 5 cm de tallo para facilitar el manejo.
La cosecha es escalonada: primero recoge los tubérculos más pequeños a los 90 días y sigue cada semana hasta que los más grandes alcancen tamaño comercial. En climas templados, la temporada puede durar 2‑3 meses, lo que permite una disponibilidad continua en la cocina.
8. Consejos finales y trucos
- Asociaciones beneficiosas: Plantar espinaca o lechuga al borde del cultivo atrae insectos beneficiosos que comen pulgones y mejora la cobertura del suelo, reduciendo la erosión. Evita sembrar coliflor cerca, ya que compite por los mismos nutrientes y favorece la aparición de Plasmodiophora (enfermedad de la raíz).
- Variedades recomendadas para España:
- ‘Blanco Ribagorzano’ – tubérculo grande, piel blanca, ideal para guisos.
- ‘Cirujano’ – resistente al frío, cosecha temprana, buen sabor para ensaladas.
- ‘Mavi’ – variedad de hoja verde que tolera suelos ligeramente ácidos y es apreciada en la cocina gallega.
- Truco del hortelano: Cuando la lluvia es escasa, riega con una manguera de botella depositando agua en la base de cada planta en lugar de arrojarla sobre las hojas; este método reduce la propagación de milde y mejora la absorción directa por las raíces.
- Errores comunes a evitar:
- Sembrar demasiado profundo (más de 5 cm) que retrasa la germinación.
- No acreditar acolchado, lo que provoca evaporación rápida y mayor competencia de malezas.
- Regar en exceso en la fase de maduración, provocando tubérculos aguados y propensos a podredumbre.
9. Conclusión
El cultivo de nabos combina una exigencia moderada con una gran capacidad de adaptación a las distintas zonas de España. Si sigues los pasos – preparar el suelo, sembrar en el momento adecuado, mantener un riego equilibrado, fertilizar con inteligencia y vigilar las plagas – tendrás una cosecha abundante y sabrosa que enriquecerá tus platos tradicionales.
Aunque pueda haber pequeñas decepciones, como un par de tubérculos agrietados, la experiencia te enseñará a ajustar riegos y a elegir la variedad perfecta para tu clima. Así que ponte el guante de jardinería, sigue esta guía y descubre el placer de saborear nabos frescos, cultivados por ti mismo, directamente del huerto a la mesa. ¡Manos a la tierra!