Cultivo de espinaca: guía completa paso a paso
- 01 Nov, 2025
Cultivar espinaca en casa es una de esas pequeñas victorias que hacen que cualquier apasionado del huerto se sienta más cercano a la tierra. En España, la espinaca se ha convertido en una verdura esencial tanto en la cocina de familia como en la oferta de los mercados locales, gracias a su rápido crecimiento y alto valor nutricional. Además, su versatilidad permite que la encuentres en todo, desde una terraza de Málaga hasta el huerto de una casa en la meseta de Madrid.
Aunque la espinaca es una planta de dificultad fácil, requiere ciertos cuidados específicos para que las hojas permanezcan tiernas y libres de amargor. En esta guía paso a paso descubrirás todo lo necesario: desde la preparación del suelo, pasando por la siembra y el riego, hasta la cosecha y los trucos para evitar los problemas más frecuentes. Todo está pensado para adaptarse a las distintas zonas climáticas de España, con referencias a los mejores momentos del año y a las variedades locales que mejor se comportan en cada región.
Requisitos de Cultivo
La espinaca prospera en climas templados, con un rango térmico óptimo de 10‑20 °C. En la Costa Mediterránea (Valencia, Murcia) la planta tolera bien las temperaturas de primavera, mientras que en la meseta central (Madrid, Castile) se recomienda esperar a que el riesgo de heladas haya pasado, pues bajo 5 °C las semillas pueden no germinar. En zonas atlánticas como Gijón o Santander, el enfriamiento nocturno es más suave, pero la mayor humedad favorece la aparición de enfermedades foliares, por lo que la ventilación será clave.
En cuanto a la luz solar, la espinaca necesita entre 4 y 6 horas de sol directo al día. Un exceso de luz, sobre todo en verano, puede causar que las hojas se vuelvan ásperas y amarillentas, por lo que en el sur es aconsejable proporcionar sombra parcial a partir de junio. Un buen sitio es aquel que reciba sol matutino y sombra a media tarde, algo típico en los huertos de Extremadura o Andalucía durante los meses más calurosos.
El suelo ideal es franco‑arenoso, bien drenado y con un pH entre 6.0 y 7.0. La capacidad de retención de agua debe ser suficiente para evitar sequías, pero sin encharcar; por ello, si el terreno es muy arcilloso, incorpora arena gruesa y materia orgánica (aprox. 3 kg de compost por m²) para mejorar la estructura. Un sustrato con 30 % de materia orgánica permite que la raíz se desarrolle sin obstáculos y que la planta absorba los nutrientes necesarios para producir hojas verdes y crujientes.
En cuanto al espacio, la espinaca forma rosetas densas y requiere una distancia de 20‑25 cm entre plantas para permitir una buena circulación del aire. La profundidad de la raíz rara vez supera los 15 cm, por lo que es perfecta para macetas de 10‑15 litros o para cultivos bajo cubierta (invernaderos o túneles de polietileno). Si optas por la siembra directa en el suelo, mantén la fila a 30 cm de separación para facilitar el deshierbe y la cosecha escalonada.
Siembra o Plantación
En la España mediterránea (Andalucía, Valencia, Murcia) la mejor ventana para sembrar espinaca es entre febrero y marzo, cuando la temperatura del suelo ya ha superado los 8 °C y el riesgo de heladas es bajo. En la meseta (Madrid, Castilla‑La Mancha) es más seguro iniciar la siembra en marzo‑abril, mientras que en la costa atlántica (A Coruña, Bilbao) puedes hacerlo desde febrero hasta abril, aprovechando la humedad constante. La espinaca tolera la siembra a temperaturas de 12 °C, aunque la germinación será más rápida entre 15‑18 °C, con un tiempo medio de 7‑14 días.
Si decides iniciar el cultivo en semillero, usa bandejas de 10 × 20 cm con sustrato liviano (mezcla de turba, perlita y vermiculita). Esparce las semillas a una densidad de 10‑12 semillas / cm² y cúbrelas con 0.5 cm de sustrato, pues la luz también ayuda a la germinación. Mantén la humedad constante mediante rociado fino y cubre la bandeja con una lámina de plástico perforada para crear efecto de invernadero; una vez que las plántulas tengan 2‑3 pares de hojas verdaderas (aprox. 3‑4 semanas), trasplántalas al sustrato definitivo.
El trasplante al huerto o a macetas grandes se hace cuando las plantas tienen entre 4‑6 hojas verdaderas y la temperatura nocturna se mantiene por encima de 10 °C. Haz un hueco de 10 cm de profundidad, coloca la plántula y rellena con una mezcla de tierra de jardín y compost bien descompuesto (1:1). Riega ligeramente para asentar el sustrato y, si la planta está en exterior, realiza una aclimatación de 2‑3 días exponiéndola al aire libre unas pocas horas al día, aumentando progresivamente el tiempo. Esta práctica reduce el choque de trasplante y favorece el desarrollo de un sistema radicular más fuerte.
Una alternativa muy práctica es la siembra directa en el terreno preparado. Marca filas a 30 cm de distancia y realiza surcos de 2‑3 cm de profundidad. Esparce las semillas a 3‑5 cm de intervalo y cúbrelas ligeramente con tierra fina. Riega suavemente para que el sustrato se asiente sin desplazar las semillas. La ventaja de la siembra directa es que evita el trasplante y permite una cosecha más temprana, aunque el riesgo de pérdida por lluvias intensas o avezy está algo mayor. En cualquier caso, el éxito depende de un buen preparado del suelo y de una régula hidratación inicial.
Cuidados Durante el Cultivo
Riego: La espinaca necesita un nivel de humedad constante, pero sin encharcar. En la fase vegetativa, aplica entre 2‑3 litros de agua por m² cada 2‑3 días. Durante los periodos más calurosos (julio‑agosto en la zona mediterránea) incrementa la frecuencia a diario, manteniendo el sustrato ligeramente húmedo al tacto. Es preferible regar al mediodía o al amanecer, evitando que el agua se quede en la hoja durante la noche, lo que favorecería enfermedades fúngicas. El riego por goteo o manguera de micro‑aspersión es ideal, ya que dirige el agua al suelo y no moja el follaje.
Fertilización: La espinaca es una planta de rápido crecimiento y responde bien a fertilizantes N‑rico en la fase inicial. Aplica un fertilizante 20‑10‑10 (20 % N, 10 % P, 10 % K) a razón de 30 g por m² cada 15‑20 días hasta que aparezcan los primeros brotes. Cuando la planta entra en fase de desarrollo de hojas y comienza a engrosarse, cambia a una fórmula 10‑20‑20 (más potasio) para evitar el amarilleo y favorecer la calidad del follaje. Dilúyelo en 5 l de agua y riega al pie de la planta para evitar quemaduras. Si utilizas abonos orgánicos, incorpora estiercol bien compostado (aprox. 2 kg / m²) al final de la siembra; su liberación lenta suministra nitrógeno durante todo el ciclo.
Control de malezas: Las espinacas compiten fuertemente con las malezas por nutrientes y agua. La técnica más sencilla es acolchar con paja o corteza de pino a una profundidad de 5‑8 cm. El acolchado mantiene la humedad, reduce la evaporación y suprime el crecimiento de hierbas indeseadas. En huertos de superficie, realiza una escarda manual semanal, arrancando las malezas con la mano o una herramienta de mano, evitando dañar las raíces de la espinaca. En macetas, asegúrate de que el sustrato no se compacte; una capa ligera de perlita en la base permite un buen drenaje y desalienta la aparición de brotes no deseados.
Entutorado y soporte: Normalmente, la espinaca no necesita soporte, pero en zonas con vientos fuertes (por ejemplo, la costa cantábrica) puede beneficiarse de una ligera barrera contra el viento o un túnel bajo plástico que reduzca el estrés mecánico. Si decides cultivar la variedad de hoja grande ‘Gigante de Noruega’, que produce tallos algo más robustos, puedes colocar una malla fina a unos 30 cm del suelo para evitar que el viento doble las hojas y provoque roturas.
Manejo de la temperatura: En verano, cuando las temperaturas superan los 25 °C, la calidad de la espinaca disminuye y las hojas pueden volverse amargas. En este caso, sombra parcial con telas antihelio o mallas de sombrado del 30 % ayuda a mantener la temperatura del aire bajo los 22 °C. También puedes optar por cultivar variedades de verano, como la ‘Winter Bloomsdale’, que toleran mejor el calor. En invierno, protege las plantas con una capa de paja y, si esperas heladas nocturnas, usa una cobertura flotante (tela antihelada) que mantenga la temperatura del suelo por encima de 2 °C.
Poda ligera: No es usual, pero si notas que la espinaca está creciendo demasiado alta y las hojas inferiores se vuelven amarillas, corta la parte superior con unas 2‑3 cm. Esta poda estimula la producción de hojas nuevas más tiernas y evita que la planta invierta energía en tallos demasiado largos. Realiza la poda al final de la mañana para que la herida se seque rápidamente bajo la luz solar.
Calendario de Cultivo Regional
En la zona mediterránea (Andalucía, Levante, Baleares), la siembra temprana comienza en febrero‑marzo. Tras el primer trasplante en abril, la cosecha de hojas jóvenes arranca a finales de abril y puede prolongarse hasta octubre, siempre que se mantenga la sombra parcial en los meses más calientes. El ciclo total, desde la siembra al campo hasta la última cosecha, es de unos 6‑8 meses en climas cálidos.
En la meseta central (Madrid, Castilla‑León), la siembra se retrasa a marzo‑abril, con el trasplante en mayo una vez que las noches superan los 10 °C. La cosecha se sitúa entre julio y septiembre, con un ciclo de aproximadamente 5‑6 meses. En esta zona es crucial vigilar la humedad del suelo, ya que los veranos son secos y pueden provocar estrés hídrico si no se riega con regularidad.
En la costa atlántica (Galicia, Asturias, Cantabria), la siembra se puede iniciar en febrero gracias a la temperatura más estable. El trasplante suele hacerse en abril‑mayo, y la cosecha se extiende de junio a octubre, beneficiándose de la mayor humedad del entorno. En esta región, el mayor reto es evitar el mildiu, por lo que la ventilación y el riego dirigido al suelo son esenciales.
Problemas Comunes y Soluciones
Pulgón: Pequeños insectos verdes o algodonados que se congregan en la parte inferior de los tallos, debilitando la planta y transmitiendo virus. Solución rápida: rocía una mezcla de agua y jabón potásico (1 % v/v) cada 3‑4 días. También puedes colocar mariquitas en el huerto; estos depredadores se alimentan de pulgones y reducen la población de forma natural.
Mildiu: Causado por Peronospora, se manifiesta como manchas amarillas pálidas en la cara inferior de las hojas y un polvo grisáceo en la superficie superior, especialmente en climas húmedos de la costa atlántica. Prevención: evita el riego por aspersión y mantén las hojas secas. Tratamiento: aplica caldo bordelés (extracto de tubérculos de cobre al 0,5 % diluido) o un fungicida ecológico a base de cobre según las indicaciones del envase, repitiendo la aplicación cada 7 días mientras persista la humedad.
Carencia de nitrógeno: Las hojas se vuelven pálidas, pequeñas y con un crecimiento lento. Solución: incorpora estiercol bien compostado o fertilizante orgánico rico en nitrógeno (ej. harina de sangre) a razón de 30 g / m². En caso de cultivo en maceta, añade cáscaras de huevo trituradas al sustrato; liberan nitrógeno lentamente y mejoran la textura del medio.
Aglomeración de hojas (espinaca amargada): Suele aparecer cuando la planta sufre estrés hídrico o calor excesivo (> 25 °C). Solución: riega de forma constante, proporcionando 2‑3 l / m² cada 2 días, y coloca una tela de sombra del 30 % durante las horas más calientes del día. También puedes plantar la variedad ‘Winter Bloomsdale’, más tolerante al calor y menos propensa al amargor.
Plaga de chinches: Insectos marrones que se ocultan bajo la tierra y succionan la savia. Señal: hojas con manchas amarillas y presencia de excrementos oscuros. Solución: coloca trampas de cerveza enterradas a medio nivel y apply aceite de neem (2 ml / l de agua) sobre la base de la planta cada 10 días. En cultivos extensos, una barrera de arena gruesa alrededor del lecho ayuda a limitar su movimiento.
Cosecha
La espinaca está lista para cosechar cuando las hojas alcanzan entre 10‑15 cm de longitud y presentan un color verde intenso. Lo ideal es cortar la hoja más externa con tijeras afiladas, dejando la parte interna del tallo intacta para que siga produciendo nuevas hojas. Esta técnica, conocida como cosecha escalonada, permite una producción continua durante varios meses. En variedades de hoja grande, como la ‘Gigante de Noruega’, la cosecha se hace una vez al mes, arrancando la planta entera antes de que la semilla se vuelva rancia.
En climas cálidos, la vida útil de la espinaca es más corta, por lo que es recomendable iniciar la cosecha a los 30‑35 días después del trasplante y seguir cada 7‑10 días. En la zona atlántica, donde el crecimiento es más lento, la primera cosecha llega a los 45‑50 días. Mantén siempre las hojas limpias y guárdalas en el frigorífico envueltas en papel de cocina para conservar su frescura hasta 5‑7 días.
Consejos Finales y Trucos
Asociaciones beneficiosas: Plantar espinaca junto a zanahorias o rábanos favorece la repulsión de la mosca de la raíz, ya que estos cultivos liberan sustancias que desalientan a la plaga. La albahaca o la menta también actúan como repelentes naturales de pulgones y atraen insectos benéficos como las mariquitas. Evita cultivar la espinaca cerca de remolacha o puerro, pues comparten plagas y pueden aumentar la presión de enfermedades.
Variedades recomendadas: En España se cultivan con éxito la variedad ‘Blanca de Andorra’, ideal para climas frescos de la meseta; la ‘Winter Bloomsdale’, perfecta para veranos calurosos de Andalucía; y la ‘Rival’, de hoja rizada, muy apreciada en los huertos de la zona norte por su resistencia al frío. Cada una se adapta a diferentes rangos de temperatura y brinda sabores ligeramente distintos, así que elige la que mejor se acomode a tu región y a tus preferencias gastronómicas.
Truco del hortelano: Si buscas hojas ultra tiernas, riega la espinaca con agua de lluvia o con agua de cocción de verduras (enfriada), ya que aporta micro‑minerales que favorecen el crecimiento. Otro consejo práctico es intercalar la siembra cada 15‑20 días; de este modo tendrás una cosecha continua durante todo el periodo de cultivo y evitarás la sobrecarga de trabajo en el huerto.
Errores comunes a evitar: No dejes que la espinaca se seque demasiado entre riegos; la deshidratación produce hojas amargas y reduce el rendimiento. No uses fertilizantes con alto contenido de potasio en la fase inicial, pues retrasan el desarrollo de las hojas. Por último, evita la sobre‑población: si plantas demasiado juntas, la competencia por luz y nutrientes provocará crecimiento débil y mayor vulnerabilidad a plagas.
Conclusión
Cultivar espinaca es una de esas actividades que combina rapidez, bajo coste y gran recompensa culinaria. Desde la siembra en febrero o marzo, pasando por los cuidados de riego, fertilización y control de plagas, hasta la cosecha regular de hojas verdes, el proceso es sencillo siempre que sigas el calendario adecuado para tu zona. La dificultad es fácil, pero la satisfacción de degustar una hoja recién cortada, tierna y llena de vitaminas, vale cada paso.
Con esta guía completa tienes todas las pistas necesarias para montar tu propio huerto de espinaca en cualquier rincón de España, sea en maceta, en parcela o bajo un túnel. No te desanimes si los primeros intentos no son perfectos; la horticultura es un aprendizaje continuo. ¡Manos a la tierra y a disfrutar de la frescura de tu propia espinaca!