Cultivo de judía: guía completa paso a paso

Cultivo de judía: guía completa paso a paso

1. Introducción

Cultivar judías en casa es una de esas satisfacciones que recuerdan la tradición agrícola de nuestras tierras. En casi cualquier rincón del país, desde los huertos de la Costa Brava hasta los campos de la Meseta, la judía ofrece un sabor fresco y una gran aportación de proteína vegetal. Además, sus vides trepadoras decoran el huerto y aportan sombra a cultivos vecinos.

Aunque el cultivo de judía se considera fácil y apto para principiantes, requiere atención a la época de siembra, al riego y a la gestión de plagas. En esta guía paso a paso descubrirás cómo preparar el suelo, cuándo sembrar, qué cuidados diarios aplicar y cómo cosechar unas vainas perfectas, todo con referencias a clima y variedades propias de España.

2. Requisitos de cultivo

Clima y temperatura

La judía se desenvuelve mejor en un rango térmico de 18‑25 °C durante el día y no menos de 12 °C por la noche. En la zona mediterránea (Andalucía, Valencia, Murcia) esas temperaturas aparecen ya en marzo, mientras que en la meseta central (Madrid, Castilla‑León) suelen llegar a principios de abril. En la costa atlántica (Galicia, Asturias) el frescor del verano permite la siembra hasta finales de abril, pero hay que vigilar las heladas tardías que pueden dañar las plántulas jóvenes.

Luz solar y suelo

Las judías necesitan entre 6‑8 horas de sol directo al día para desarrollar vides fuertes y vains llenas. Un suelo franco, con buen drenaje y rico en materia orgánica, es esencial. Lo ideal es un pH entre 6.0‑6.5; si el suelo es más ácido, una capa de cal agrícola (aprox. 2 kg/m²) corrige la acidez. Añade 3‑5 kg de compost bien descompuesto por metro cuadrado antes de sembrar para favorecer la retención de humedad y la actividad microbiana.

Espacio y recipientes

Cada planta debe disponerse a 50‑60 cm de distancia para evitar competencia por luz y nutrientes. Las raíces se extienden hasta 30‑40 cm de profundidad, por lo que un hoyo de 40 cm de diámetro y 30 cm de profundidad es suficiente. Si prefieres cultivar en maceta, elige recipientes de al menos 30‑40 litros, con buen drenaje y una capa de grava al fondo. Las vides trepadoras pueden entrenarse en estacas, enrejados o en estructuras de bambú, siempre dejando espacio suficiente para la circulación de aire.

3. Siembra o plantación

Cuándo sembrar según zona

En la Costa del Sol y el Levante, la siembra en semillero se inicia entre febrero y marzo, cuando la temperatura del suelo alcanza 10‑12 °C. En la meseta el periodo ideal es de marzo‑abril, mientras que en el norte húmedo (Galicia, Cantabria) la mejor ventana es abril‑mayo, evitando los frecuentes aguaceros de primavera que pueden provocar pudrición de las semillas.

Semilla vs siembra directa

Si decides crear un semillero, utiliza bandejas de 10 cm de profundidad llenas de sustrato universal y planta las semillas a 1‑2 cm de profundidad. Mantén la humedad constante y una temperatura ambiente de 20‑22 °C; la germinación ocurre en 7‑14 días. Cuando las plántulas tengan 2‑3 pares de hojas verdaderas (aprox. 4‑5 cm de alto), trasplántalas a macetas individuales de 10 cm para que desarrollen un sistema radicular fuerte.

Si prefieres la siembra directa, haz surcos de 30 cm de profundidad y coloca las semillas a 5‑8 cm de distancia dentro del surco. Cubre ligeramente con tierra y riega con cuidado para no desplazar las semillas. La ventaja es menos manipulación, pero en climas lluviosos es más arriesgado por la posibilidad de que la humedad excesiva provoque la pudrición temprana.

Trasplante y plantón comercial

El trasplante definitivo al huerto se lleva a cabo cuando la temperatura nocturna sea establemente superior a 12‑15 °C; en la mayoría de España esto ocurre en mayo. Antes de la plantación final, endurece las plántulas sacándolas al exterior 2‑3 horas cada día durante una semana, aumentando progresivamente el tiempo. Cuando trasplantes, entierra el tallo principal hasta la primera hoja verdadera: el tallo formará nuevas raíces y la planta será más resistente. Si optas por comprar plantones en vivero, elige ejemplares con raíces visibles, sin manchas y con al menos 5‑6 hojas; así reducirás el periodo de adaptación.

4. Cuidados durante el cultivo

Riego

En la fase de crecimiento vegetativo, cada planta requiere 3‑5 L de agua cada 2‑3 días; en pleno verano, el consumo puede subir a 7‑8 L diarios. Lo más eficaz es el riego por goteo, que entrega el agua directamente al sustrato y evita humedecer las hojas, reduciendo la incidencia de enfermedades foliares. Señales de exceso son hojas amarillentas y suelo encharcado; mientras que la sequía se manifiesta en hojas marchitas y tallos flexibles.

Fertilización

Aplica un fertilizante 10‑10‑10 (N‑P‑K) a razón de 0,5 kg/m² al iniciar la fase vegetativa, y repite cada 15 días hasta la aparición de las primeras flores. Cuando la planta empiece a formar vainas, cambia a un abono rico en potasio (5‑10‑15) para favorecer la calidad del fruto; una dosis de 200 g por cada 100 m² cada 20 días es suficiente. Evita el exceso de nitrógeno después de la floración, ya que promueve un crecimiento vegetativo desproporcionado y reduce la producción de vains.

Entutorado y soporte

A los 30‑40 cm de altura, instala una caña de 1,5‑2 m o una jaula metálica del mismo tamaño. Ata la vid suavemente con cuerda de rafia o cinta de algodón, dejando espacio para que el tallo se expanda sin aplastarse. Añade amarres cada 20‑30 cm de crecimiento para mantener la planta vertical y evitar que el peso de las vains rompa el soporte.

Poda y mantenimiento

En variedades indeterminadas, elimina los chupones (brotos que aparecen entre el tallo principal y las ramas) cada semana; esto concentra los recursos en las vains principales. También es útil retirar las hojas inferiores que toquen el suelo, ya que pueden ser porta­dores de hongos y retener humedad excesiva. En la fase final, un despunte ligero de la punta del tallo ayuda a concentrar la energía en los frutos ya formados.

Control de malas hierbas

El acolchado con paja o corteza de pino a una profundidad de 5‑10 cm reduce la evaporación, suprime las hierbas competidoras y mejora la estructura del suelo. Si aparecen hierbas persistentes, realiza una escarda manual antes de que desarrollen semillas; el trabajo a mano evita dañar las raíces de la judía. El uso de mantillo orgánico también aporta materia orgánica al descomponerse, beneficiando la fertilidad a largo plazo.

5. Calendario de cultivo regional

Zona mediterránea / sur

  • Siembra en semillero: febrero‑marzo (temperaturas 15‑18 °C).
  • Trasplante al campo: abril‑mayo, cuando las noches superen los 12 °C.
  • Cosecha: de junio a principios de octubre, con picos de producción en julio‑agosto.
  • Ciclo total: aproximadamente 5‑6 meses desde la siembra en semillero hasta la última cosecha.

Zona interior / meseta

  • Siembra: marzo‑abril, esperando que la temperatura del suelo alcance los 10 °C.
  • Trasplante: mayo‑junio, tras la última helada (mínimo 5 °C nocturno).
  • Cosecha: julio‑septiembre, con frutos de mayor tamaño en agosto.
  • Ciclo total: 4‑5 meses desde el trasplante, con una ventana de cosecha más corta que en el sur.

Zona atlántica / norte

  • Siembra: abril‑mayo, cuando la lluvia deja de ser constante y el suelo está tibio.
  • Trasplante: junio, con noches estables encima de 12 °C.
  • Cosecha: julio‑octubre; el clima más fresco prolonga la maduración y permite una segunda oleada de recolección en octubre.
  • Ciclo total: 4‑5 meses, pero la humedad del norte favorece una mejor calidad de la vaina, siempre que el riego sea controlado.

6. Problemas comunes y soluciones

Plagas

  • Pulgón: aparecen en brotes jóvenes, cubriendo tallos con una capa blanquecina. Solución: pulveriza jabón potásico al 1 % (1 ml por litro de agua) cada 5‑7 días, o introduce mariquitas que se alimentan de ellos.
  • Mosca blanca: pequeñas moscas que se posan sobre la parte inferior de las hojas. Usa trampas adhesivas amarillas y, en caso de infestación, aplica un insecticida de neem en dos aplicaciones, con 15 días de intervalo.

Enfermedades

  • Mildiu: manchas amarillentas que evolucionan a manchas marrones con un halo grisáceo, típicas en climas húmedos. Prevención: riega siempre al pie de la planta, evita mojar el follaje, y mejora la ventilación entre filas. Tratamiento: caldo bordelés (cobre 0,5 % en agua) aplicado cada 10 días mientras la enfermedad persista.
  • Antracnosis: pequeñas lesiones negras en tallos y vainas, muy frecuente en la zona atlántica. Elimina las partes afectadas y aplica un fungicida ecológico a base de aceite de neem o cobre, respetando la dosificación del fabricante.

Problemas fisiológicos

  • Deficiencia de nitrógeno: hojas amarillentas de tono verde pálido, crecimiento lento. Remedio: incorpora fertilizante rico en nitrógeno (10‑5‑5) a razón de 200 g/m² y riega bien para que el nutriente se distribuya.
  • Podredumbre de raíz: raíces blandas y óxido negro tras riegos excesivos. Solución: mejora el drenaje añadiendo una capa de grava en el fondo de los surcos o macetas, y reduce la frecuencia de riego a cada 3‑4 días durante periodos lluviosos.

7. Cosecha

La judía está lista para cortar cuando la vaina alcanza entre 15‑20 cm de longitud, está llena y la semilla interior aún es tierna. Las vainas deben presentar un color verde intenso y una textura firme al tacto; si se vuelven amarillentas o con manchas negras, la calidad está decayendo. Corta las vains con tijeras de podar o un cuchillo afilado, dejando un pequeño trozo de tallo adherido para evitar dañar la planta.

La recolección se hace cada 2‑3 días en el pico de producción, lo que estimula la planta a seguir formando nuevas vains. En un huerto promedio, una planta puede producir entre 7 y 12 cosechas a lo largo de la temporada, siempre que se mantenga un buen riego y fertilización.

8. Consejos finales y trucos

Asociaciones beneficiosas

Plantar maíz al norte del surco de judías funciona como tutora natural y facilita la captura de nitrógeno por la simbiosis con Rhizobium en las raíces de la judía. Además, caléndula y albahaca a los lados alejan a los pulgones y atraen a los polinizadores. Evita sembrar cerca de patatas o pimientos, ya que comparten algunos nematodos y ácaros que pueden pasar de una a otra.

Variedades recomendadas para España

  • ‘Barcelonesa’: variedad de vaina corta, muy apreciada en Cataluña; se adapta bien a climas templados y produce cosechas tempranas.
  • ‘Gigante de Almería’: vaina larga y gruesa, resistente a la sequía del sur, ideal para huertos de gran escala.
  • ‘Bayo de la Rioja’: de vaina verde clara con semillas amarillentas, buena tolerancia a la humedad del norte y excelente sabor para guisos.

Trucos del hortelano y errores comunes

  • Un riego regular, pero no excesivo, favorece la formación de vains más sabrosas; un leve estrés hídrico antes de la madurez intensifica el sabor.
  • Evita la compactación del suelo añadiendo arena gruesa al preparar el lecho; la estructura suelta permite que las raíces penetren sin resistencia.
  • Practica la rotación de cultivos: no plantes judías en el mismo sitio más de dos años consecutivos; alterna con cereales o leguminosas diferentes (guisantes, lentejas) para romper el ciclo de plagas del suelo.

9. Conclusión

El cultivo de judía combina una baja complejidad con una gran recompensa: unas vains crujientes y nutritivas que pueden acompañar cualquier comida. Siguiendo el calendario de siembra, manteniendo una fertilización equilibrada, controlando plagas con métodos ecológicos y cosechando en el momento preciso, conseguirás una producción abundante sin necesidad de productos químicos costosos.

Recuerda que la horticultura es un proceso de aprendizaje continuo. Con la dedicación adecuada y los trucos que te he compartido, pronto verás cómo tus vides trepan y tus manos a la tierra se llenan de orgullo. ¡A cultivar judías y a disfrutar de la cosecha!