Por qué mi lavanda tiene hojas amarillas y cómo salvarla

Por qué mi lavanda tiene hojas amarillas y cómo salvarla

Si tu lavanda tiene hojas amarillas, lo más probable es que reciba demasiada agua o que el suelo no drene: las raíces se asfixian y las primeras en amarillear son las hojas bajas e interiores de la mata. Es una planta de garriga mediterránea, hecha a suelos pobres, secos y sueltos, y sufre mucho más por exceso de cuidados que por abandono. Antes de cambiar nada, comprueba también si el amarilleo afecta solo a las hojas viejas del interior, que es normal, y si la planta recibe sol directo suficiente.

Diagnóstico rápido

SíntomaCausa probable
Hojas bajas amarillas que pasan a grises o marrones; tierra húmeda; base de los tallos blandaExceso de riego o encharcamiento
Ramas que amarillean y se secan por sectores aunque riegues; raíces marronesPudrición de raíz y cuello
Hojas nuevas amarillas con los nervios verdes, en suelo muy calizoClorosis férrica (sobre todo en cantueso)
Mata alargada, abierta, de color verde pálidoFalta de sol
Hojas amarillas solo en el centro de la mata; las puntas, sanasRenovación natural de hojas viejas
Punteado blanquecino o amarillento en el hazCicadélidos o araña roja
Manchas amarillas en mosaico, brotes algo deformesVirus
Color pálido general en una maceta de varios añosSustrato agotado

Por qué la lavanda amarillea con tanta facilidad

Las lavandas tienen raíces finas que necesitan mucho oxígeno. En un suelo arcilloso, en un parterre que comparte el riego automático del césped o en una maceta con el plato siempre lleno, los poros de la tierra se llenan de agua, las raíces dejan de absorber y la planta sacrifica primero las hojas más viejas.

Además, no todas las lavandas piden lo mismo. La lavanda fina (Lavandula angustifolia), el lavandín (L. × intermedia) y el espliego (L. latifolia) viven a gusto en suelos calizos. El cantueso (L. stoechas) prefiere suelos ácidos o neutros, y la lavanda dentada (L. dentata) aguanta mal las heladas fuertes. Saber cuál tienes ayuda a acertar con el diagnóstico.

Causas y cómo solucionarlas

1. Exceso de riego y mal drenaje

Es la causa de la mayoría de las lavandas amarillas. Las hojas inferiores se ponen amarillas, después grisáceas, y los tallos de la base pierden firmeza. Si metes un dedo en la tierra a 5–10 cm y está húmeda varios días después de regar, ya tienes la respuesta.

Qué hacer:

  • Deja de regar hasta que la tierra se seque en profundidad.
  • En el suelo, si el agua se estanca, trasplántala en otoño o primavera a un montículo o bancal elevado de 20–30 cm, mezclando la tierra con grava o arena gruesa.
  • Sácala del alcance de los aspersores del césped y cambia el acolchado de corteza por uno de grava, que no retiene humedad junto al cuello.
  • En maceta, quita el plato o vacíalo siempre, comprueba que hay agujeros y usa un sustrato con un tercio o la mitad de arena gruesa, grava fina o perlita.

Una lavanda en tierra, pasado su primer verano, solo necesita agua en sequías largas. Tienes las pautas por estación en cada cuánto regar la lavanda.

2. Pudrición de raíz y del cuello

Cuando el encharcamiento se prolonga, entran hongos del suelo como Phytophthora. La planta amarillea y se seca por sectores, a veces de forma rápida en primavera o tras un otoño lluvioso. Al arrancarla, las raíces son marrones y blandas, y la corteza del cuello está oscura.

Qué hacer: no hay tratamiento curativo eficaz. Si solo afecta a una parte, corta las ramas secas, deja de regar y, en cuanto puedas, trasládala a un sitio con buen drenaje. Si el cuello está podrido, arráncala y no pongas otra lavanda en el mismo hoyo sin corregir antes el drenaje. Cuando el amarillo pasa a marrón, los pasos siguientes están en lavanda con hojas marrones.

3. Clorosis férrica

Las hojas jóvenes de las puntas salen amarillas, con una red de nervios verdes. Es típica del cantueso plantado en suelos muy calizos o regado con agua dura en maceta, y también aparece en cualquier lavanda cuando la caliza se combina con encharcamiento, que bloquea la absorción de hierro.

Qué hacer: corrige primero el drenaje. En el cantueso, un quelato de hierro tipo EDDHA en primavera, a la dosis de la etiqueta, devuelve el color a los brotes nuevos. A largo plazo es más sencillo cultivar el cantueso en maceta con sustrato neutro o elegir lavanda fina, lavandín o espliego para los suelos calizos.

4. Falta de sol

Con menos de 6 horas de sol directo, la lavanda crece floja, abierta y pálida, florece poco y amarillea por dentro. Dentro de casa no prospera. Cámbiala a un lugar más soleado en otoño o a finales de invierno, siguiendo las indicaciones de cuándo trasplantar la lavanda.

5. Hojas viejas y mata sin podar

Es normal que las hojas más viejas del interior amarilleen y caigan, sobre todo a final de verano. El problema aparece cuando la mata lleva años sin podar: se vuelve leñosa, el centro queda sin luz y se llena de hojas secas.

Qué hacer: poda cada año después de la floración, recortando las varas florales y un par de centímetros de follaje, pero sin llegar a la madera vieja sin hojas, que no rebrota. Una lavanda muy leñosa y vieja (viven unos 8–12 años) se renueva mejor con esquejes.

6. Plagas

  • Cicadélidos: pequeños insectos que saltan al tocar la planta y dejan un punteado blanco-amarillento en el haz. Rara vez la ponen en peligro.
  • Araña roja: punteado fino amarillento y finas telarañas en el envés, sobre todo en macetas al sol contra una pared caliente.

Una ducha de agua a presión en el envés y, si hace falta, jabón potásico al atardecer suelen bastar. Lee la etiqueta y no trates en las horas de calor.

7. Virus

Algunos virus, como el del mosaico de la alfalfa, producen manchas amarillas en mosaico, muy vistosas. No tienen tratamiento. Si la planta crece con normalidad, puedes conservarla, pero no saques esquejes de ella.

8. Sustrato agotado o abono excesivo

En una maceta de varios años, el sustrato se compacta y se agota y la planta palidece. Trasplántala en primavera a una maceta algo mayor con sustrato nuevo y bien drenado. No compenses con abono: la lavanda necesita muy poco, y el exceso de nitrógeno da brotes blandos, más sensibles a hongos y plagas.

Prevención

  • Plántala a pleno sol, en suelo suelto o elevado, y nunca en zonas donde se acumule el agua.
  • Riega solo el primer año para que arraigue; después, de forma ocasional.
  • Usa grava como acolchado y no la agrupes con plantas de mucho riego.
  • Poda cada año tras la floración para mantener la mata compacta y aireada.
  • En maceta, sustrato con mucha parte mineral y nada de plato con agua.

Cuándo la lavanda no tiene arreglo

Merece la pena intentarlo mientras queden ramas con brotes verdes y firmes. No compensa insistir cuando la base de los tallos está negra y blanda, cuando más de la mitad de la mata se ha secado o cuando las raíces están podridas. En esos casos, arráncala, corrige el sitio y empieza con un plantón o un esqueje sano.

Preguntas frecuentes

¿Las hojas amarillas de la lavanda vuelven a ponerse verdes?

No. Una hoja amarilla por exceso de agua o por la edad no recupera el color. Lo que indica que la planta se salva es que los brotes nuevos salgan verdes y firmes en las semanas siguientes.

¿Debo abonar una lavanda que amarillea?

Casi nunca. En la mayoría de los casos el problema es el agua o el drenaje, y el abono no lo arregla. Solo tiene sentido renovar el sustrato de una maceta agotada o corregir una clorosis férrica confirmada.

¿Por qué amarillea mi lavanda en invierno?

El frío húmedo frena las raíces, y algunas lavandas, como la dentada o el cantueso, toman tonos amarillentos o morados. Si los brotes de primavera salen sanos, no hay problema; si la tierra sigue empapada, reduce el riego y mejora el drenaje.