Cuándo abonar calabazas para que engorden y se conserven

Cuándo abonar calabazas para que engorden y se conserven

La calabaza es de las hortalizas más exigentes del huerto, y casi todo su abono debe estar en la tierra antes de plantar: entre 4 y 5 kg/m² de estiércol bien hecho o compost, o una buena cantidad concentrada en cada hoyo. Después bastan dos o tres refuerzos: cuando la planta empieza a echar guías, cuando cuajan los primeros frutos y, si el suelo es pobre, a mediados del verano. A partir de agosto no se abona, para que los frutos maduren, endurezcan la piel y se conserven bien.

Por qué la calabaza pide tanto abono

Una calabaza corredora ocupa varios metros cuadrados y pasa entre 100 y 150 días en el huerto. En ese tiempo forma guías de varios metros, decenas de hojas grandes y unos pocos frutos que pueden pesar desde 1 kg en una ‘Hokkaido’ hasta más de 10 kg en las calabazas grandes de cocina. Todo eso sale del suelo.

A cambio, tiene una ventaja: sus guías echan raíces en los nudos que tocan tierra húmeda, de modo que la planta explora mucho terreno. Por eso conviene abonar no solo el hoyo, sino también la zona por donde van a correr las guías.

Calendario de abonado

MomentoQué hacerCantidad orientativa
Otoño anterior o 1 mes antes de plantarEstiércol maduro o compost incorporado4–5 kg/m², o 5–10 kg por hoyo
Al plantarCompost fino o humus de lombriz en el hoyo1–2 l por planta
Cuando empiezan a correr las guías (3–5 semanas)Primera cobertera, con nitrógeno y potasio2–3 l de compost o purín de ortiga 1:10
Al cuajar los primeros frutosSegunda cobertera, rica en potasioCompost o abono orgánico con potasio según etiqueta
Mediados de verano (solo en suelos pobres)Tercera cobertera ligeraLa mitad de la anterior
Desde agosto hasta la cosechaNada—

En el litoral mediterráneo, donde se planta en abril o mayo, el último aporte cae a finales de julio. En la meseta, con plantación de mediados de mayo a principios de junio, las coberteras se concentran en junio y julio.

Cómo preparar el hoyo de la calabaza

La forma tradicional de cultivar calabazas es en hoyos bien abonados:

  1. Cava un hoyo de unos 40 × 40 cm y 30–40 cm de profundidad en cada punto de plantación, dejando 1,5–2 m entre hoyos.
  2. Llénalo con una mezcla de mitad tierra y mitad estiércol bien descompuesto o compost.
  3. Forma encima un pequeño montículo con tierra del lugar, que se calienta antes y drena mejor.
  4. Riega a fondo y deja que se asiente 2–3 semanas antes de sembrar o trasplantar.

Una variante que funciona muy bien es plantar la calabaza junto al montón de compost o sobre un bancal donde se ha acumulado materia orgánica durante el invierno, siempre que haya una capa de tierra o compost maduro donde arraigue la planta.

Si vas a usar estiércol, tienes las cantidades según su origen en estiércol para calabazas.

Cómo hacer las coberteras

  • Reparte el abono en un círculo amplio, a 30–50 cm de la base, y también junto a los nudos de las guías que hayan enraizado.
  • Cúbrelo ligeramente con tierra o acolchado y riega después.
  • Si usas abonos líquidos, como el purín de ortiga, dilúyelo bien (1 parte por 10 de agua) y aplícalo al pie, no sobre las hojas a pleno sol.
  • Cubre con un poco de tierra algunos nudos de las guías para que enraícen. Cada nuevo punto de raíz es otra entrada de agua y nutrientes.

Lo que pasa cuando te pasas con el nitrógeno

El exceso de nitrógeno es el error más común en la calabaza, sobre todo con gallinaza o abonos químicos nitrogenados:

  • La planta produce guías y hojas sin fin, pero pocas flores femeninas.
  • Los frutos maduran tarde y, en las zonas frías, pueden no llegar a hacerlo antes de las primeras heladas.
  • La piel queda más blanda y la calabaza se conserva peor: aparecen podredumbres a las pocas semanas de almacenarla.
  • Aumentan el pulgón y el oídio sobre los tejidos tiernos.

Si la planta está muy frondosa y florece poco, suspende cualquier aporte nitrogenado y limita la cobertera a compost maduro o un poco de ceniza de madera.

Diferencias según la variedad y el clima

Las calabazas de ciclo largo, como ‘Butternut’, ‘Totanera’ o ‘Musquée de Provence’, agradecen un abonado de fondo generoso y dos coberteras. Las de ciclo más corto, como ‘Hokkaido’, se conforman con el abonado de fondo y una cobertera al cuajar.

En las zonas lluviosas del norte, los suelos sueltos pierden nitrógeno con las lluvias de primavera, y una cobertera de compost en julio suele hacer falta. En la meseta fría y en zonas de montaña, con veranos cortos, conviene ser estricto: nada de nitrógeno después de julio, para que los frutos maduren antes del frío. En el interior cálido del sur, el abono orgánico de fondo cumple otra función: retiene la humedad del suelo durante las olas de calor.

Errores habituales

  • Abonar en agosto o septiembre para «engordar» los frutos: retrasa la maduración y empeora la conservación.
  • Echar estiércol fresco en el hoyo justo antes de plantar.
  • Abonar solo el pie de la planta y olvidarse del terreno por donde corren las guías.
  • Repetir calabazas en el mismo sitio año tras año: el suelo se agota y se acumulan enfermedades. Rota con otras familias al menos 3 años.

Preguntas frecuentes

¿Qué abono usan para las calabazas gigantes?

Las calabazas de exposición, del tipo ‘Atlantic Giant’, se cultivan en suelos muy ricos en materia orgánica, con mucho espacio, riego abundante y un solo fruto por planta. No hay abono milagroso: el tamaño depende sobre todo de la variedad, del agua y de dejar un único fruto.

¿La ceniza de madera ayuda a que engorden?

Aporta potasio, que interviene en el llenado del fruto, pero no hace milagros. Unos 100 g por planta al cuajar los primeros frutos son suficientes; evítala en suelos calizos.

¿Cuándo dejo de abonar si quiero guardar las calabazas todo el invierno?

Unas 6–8 semanas antes de la cosecha prevista. Si recoges en septiembre u octubre, el último aporte debe ser en julio. Para acertar con el momento de la recolección, consulta cuándo cosechar calabazas.

La guía completa, con siembra, riego y poda, está en cómo cultivar calabazas.