Cómo eliminar caracoles en lechugas: plantones y cogollos

Cómo eliminar caracoles en lechugas: plantones y cogollos

Para eliminar caracoles en lechugas tienes que concentrar el esfuerzo en las dos primeras semanas tras el trasplante, cuando un solo caracol puede dejar un plantón reducido al tallo en una noche. Retíralos a mano al anochecer, rodea cada plantón con un collar de plástico, riega solo por la mañana y coloca trampas de refugio entre las filas. Si el daño continúa, unos gránulos de fosfato férrico alrededor de las plantas cortan el problema. Una lechuga ya formada aguanta mordiscos en las hojas exteriores; lo que no perdona es que se coman el corazón.

Señales de caracoles en la lechuga

  • Plantones que amanecen sin hojas o desaparecidos, con restos de baba alrededor.
  • Agujeros grandes e irregulares en las hojas exteriores, de bordes lisos.
  • Rastros plateados en la tierra y sobre las hojas a primera hora.
  • Excrementos oscuros entre las hojas basales.
  • Babosas pequeñas y grisáceas escondidas en el interior de la lechuga al cortarla.

Hay dos daños que se confunden a menudo con los de los caracoles. Los gusanos grises, orugas que viven enterradas, cortan el plantón a ras de suelo sin dejar baba; si escarbas un poco junto al tallo, los encontrarás enrollados en forma de C. Las orugas de hoja dejan agujeros acompañados de excrementos verdes en granitos. Para estos casos, consulta cómo eliminar orugas en lechugas, y si los agujeros no encajan con ninguna plaga, revisa lechugas con hojas agujereadas.

Los momentos de más riesgo

La lechuga se cultiva casi todo el año, pero el peligro no es el mismo en cada estación:

ÉpocaRiesgoPor qué
Septiembre–noviembreAltoEl trasplante de otoño coincide con las primeras lluvias
Diciembre–febreroMedio en la costa, bajo en el interior fríoBajo túnel, la humedad mantiene activas a las babosas
Marzo–mayoAltoSalen del letargo con hambre y hacen sus puestas
Junio–agostoBajo, salvo con riego por aspersiónLa lechuga de verano en semisombra y bien regada es un oasis

Este último caso sorprende a muchos: en pleno verano, una lechuga plantada a la sombra de las tomateras y regada a diario por aspersión crea justo el microclima fresco y húmedo que buscan los caracoles cuando el resto del huerto está seco.

Prevención

Plantones más fuertes

Trasplanta plantones con 4–6 hojas y un cepellón firme. Una planta más grande se recupera de un mordisco; una de dos hojas, no. Antes de plantar, revisa las bandejas del vivero: las babosas pequeñas viajan escondidas en los alvéolos.

Un collar para cada plantón

Corta botellas de plástico en anillos de 8–10 cm de alto y clava uno alrededor de cada lechuga, hundido unos 2 cm en la tierra. Durante las primeras semanas frena a caracoles y gusanos grises, y lo retiras cuando la planta lo llena.

Riego por goteo o al pie

Riega a primera hora y dirige el agua a la base. El riego por aspersión al atardecer deja toda la superficie mojada durante la noche, que es cuando comen. Si usas acolchado de paja para mantener limpias las hojas, aparta un poco la paja del cuello de la planta y levántala de vez en cuando para mirar debajo.

Bancal elevado y cobre

En bancales elevados de madera, una cinta de cobre por todo el borde superior frena a una parte importante de los caracoles que intentan subir. No sirve si hay hojas o hierbas que hacen de puente por encima.

Cómo eliminarlos

Revisión nocturna

Sal con una linterna una o dos horas después de anochecer, sobre todo tras la lluvia. En la lechuga no basta con mirar por encima: levanta las hojas exteriores, porque es ahí donde se esconden. Repite varias noches seguidas y verás cómo baja la población.

Trampas de refugio y de cerveza

Las hojas exteriores que retiras al cosechar sirven como cebo: déjalas boca abajo entre las filas, con una tabla o una teja encima, y por la mañana tendrás debajo una buena parte de los caracoles de la zona. Contra las babosas funcionan mejor las trampas de cerveza: un vaso enterrado con el borde 1–2 cm por encima del suelo, renovado cada dos o tres días.

Fosfato férrico

Si las lechugas tienen historial de daños, reparte gránulos de fosfato férrico alrededor de los plantones el mismo día del trasplante, sueltos y separados, a la dosis de la etiqueta. Está admitido en agricultura ecológica. Evita que caigan dentro de la roseta, que es lo que vas a comer, y respeta el plazo de seguridad. No uses metaldehído: es tóxico para perros, gatos y erizos.

Fauna aliada

Los erizos, los sapos, los escarabajos carábidos y aves como el mirlo comen caracoles y babosas. Un rincón asilvestrado al fondo del huerto, con piedras y hojarasca, les da cobijo; eso sí, lejos de las lechugas, para no ofrecer refugio también a la plaga. Aquí tienes cómo atraer erizos al jardín.

Al cosechar

Las lechugas de cogollo cerrado, como las de tipo iceberg o romana, pueden tener babosas dentro aunque fuera no veas daño. Corta la planta, retira las hojas exteriores en el propio huerto y sumérgela en agua fría unos minutos antes de separar las hojas: las babosas se desprenden y quedan en el fondo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué hay babosas dentro del cogollo si fuera no veo daño?

Entran por la base, donde las hojas tocan el suelo, y se refugian en el interior húmedo y oscuro. Allí comen poco, pero ensucian. Revisar al cortar y lavar bien es suficiente.

¿Sirve rodear las lechugas de serrín o cáscara de huevo?

Solo mientras están secos. Con la primera lluvia o el primer riego pierden casi todo su efecto, así que no son una protección fiable para un cultivo que vive en los meses húmedos.

¿Una lechuga mordida se recupera?

Depende del corazón. Si el punto de crecimiento central está intacto, seguirá formando hojas nuevas y llegará a cosecha. Si se lo han comido, es mejor sustituir el plantón cuanto antes. Para planificar las siguientes plantaciones, consulta cómo cultivar lechugas.